Los amantes de la literatura nos hemos
surmergido hoy en “Mundo afónico” de Bernardino Contreras Rodríguez donde la palabra escrita une,
transmite, libera, nos desarrolla la capacidad de adaptación a las
dificultades… hace un mundo feliz
Ha sido un encuentro con el autor malagueño, con
problemas de comunicación, esta vez por culpa de la tecnología que no nos
dejaba concectarnos adecuadamente a través de vídeoconferencia, sufriendo él
las mayores dificultades. Echamos en falta “ libreta y bolígrafo para
conversar, cartón y rotulador para gritar y papelillos de fumar y lapicero
afilado para susurrar”, usando las palabras del autor quien fue muy amable al
facilitarnos su obra y este primer
encuentro.
Una novela situada en un pueblo y en un tiempo sin
especificar, narrada por muchos personajes, la gran mayoría masculinos (voces
del propio autor), que con un lenguaje coloquial y cada uno con el uso de una
muletilla especifica nos lleva a conocer la vida de la gente, su visión de la
realidad, sus filosofías de andar por casa, frases utilizadas por todos que
transmite una verdad aceptada por la mayoría, sin profundizar en ellas, sólo
pequeñas pinceladas que hace una lectura ágil y dinámica. Pero los
acontecimientos acaecidos en esta pequeña población se hacen universales. Una
historia que nos descubre otros medios de comunicación diferentes a la palabra
oral, resaltando la palabra escrita y su función poética.

La segunda parte es una distopía, un mundo infeliz
donde la incomprensión, la intolerancia, la prohibición, la persecución, la
tortura y la desaparición da lugar a un mundo triste, falto de libertad y de
poesía.
Y ambas partes unidas por un personaje que se
convierte en mito, en leyenda, un personaje real enriquecido por todos los
inconformistas que escriben usando su nombre y por otros que corrigen esos
textos, llegando a estar en la memoria colectiva y del que muchos dudan de su
existencia.
Y al final, para cerrar la novela, el mismo autor,
con su nombre, se hace personaje y narrador, él es el que escribe la novela de
la realidad que ve. Pero para que no
tengamos duda una narradora opina, al final, que no recuerda las cosas tal como
la relató el escritor.

Sólo me ha dejado dos pequeñas y anecdóticas dudas
que le formulo desde aquí. ¿El cura se llama Andrés o Nicolás? ¿La peña de la
libreta estaba formada por seis o por nueve?
Mis felicitaciones por tu obra. Hemos sido muchos
en el club de lectura que hemos disfrutado leyéndola y ya somos fans tuyos.