Mostrando entradas con la etiqueta ASUNCIÓN CABELLO LÓPEZ. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ASUNCIÓN CABELLO LÓPEZ. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de septiembre de 2019

BAJAD LA VOZ, de Asunción Cabello




El viernes 20 de septiembre hemos tenido la” rentrée”, después del parón de agosto, del Club de lectura. Lo hemos hecho con un encuentro con autor. Hemos vuelto, utilizando un lenguaje de cine, “con uno de los nuestros”. Aunque en nuestro caso sea una: Asunción Cabello, compañera de lecturas y comentarios en el ámbito de club de lectura y escritora en todos los ámbitos. Comentamos, mejor dicho, preguntamos y ella comentó, su libro de relatos Bajad la voz.
Fue una sesión totalmente abierta, como corresponde a aquellas sesiones en las que está el autor o autora. Pasamos un rato muy agradable y, al menos para mí, instructivo. Asunción habló en profundidad, y con la pasión que la caracteriza, sobre el proceso creativo de sus textos. Y se detuvo especialmente en el detalle y desarrollo de aquellos relatos concretos por los que fue preguntada, que lógicamente no pudieron ser todos. Estamos ante cuarenta y una criaturas literarias, cada una con vida propia. Aquí voy a hacer una pequeña digresión defensiva sobre los relatos en la literatura actual.
En nuestros lares el relato, como se llama ahora a todo lo que no es novela, está bastante desprestigiado. Esto creo que se debe a que se ha convertido en un cajón de sastre literario donde parece caber todo.
Respeto profundamente la iniciación en la senda creativa de cualquier persona, y está bien que se aliente la vena artística del personal. Lo que digo es que con tanto libro de relatos cuesta mucho distinguir el grano de la paja. A quienes hemos disfrutado, y seguimos haciéndolo, con un buen Cortazar, A. Bierce, O. Henry, Chejov, Quiroga, Moratín, Merino, etcétera, etcétera y etcétera, no nos gusta mucho que tengamos quebraderos de cabeza para buscar, entre lo que se publica actualmente,  una buena obra literaria con  textos de poca extensión.
Esta perorata, si se quiere, en defensa del relato  viene a cuento, nunca mejor traído, porque en el caso de la obra que nos ocupa, Bajad la voz, sí estamos ante una buena obra literaria que, con tanta paja como hay en el horizonte lector, puede pasar desapercibida. Os la detallo un poco.

La obra:
En cuanto al contenido, son cuarenta y un relatos, sin ningún tipo de conexión entre ellos; salvo el nombre de Raquel, alter ego infantil de la autora, en los textos que este personaje protagoniza. La extensión va desde una página, a otros que son casi una novela corta. El tiempo y el espacio narrativo transcurren desde la postguerra, en la que está ambientado alguno, hasta nuestra digital actualidad. Del argumento, os hablaré un poco en general, pero de ninguno en particular. No hay nada que se destripe antes que una historia corta, especialmente las que se centran en un solo hecho.
Lo que sí puedo decir, a futuros posibles lectores, es que  no hay relato sin contenido; recordad, son cuarenta y uno. Respecto a los asuntos tratados, todos transcurren en la cotidianidad. Aunque no es el hecho cotidiano normalito lo que se nos cuenta; supongo que eso no merecería ni ser narrado ni leído. La autora ha optado, sin amedrentarse ante ningún tema, por mostrarnos, en la mayoría de sus narraciones, el otro lado. En algunos casos, simplemente lo opuesto al tópico; en otros,  lo más sórdido escondido en la “normalidad” y, por último,  lo más oscuro al fondo, muy al fondo, del otro lado de lo normal; allí donde no debería estar nunca ninguna persona.  No hay límites: la maternidad como agobio, el amor como equívoco y como desgracia, el estupor y el asco infantil ante sordideces de los adultos; la familia, ah, la familia, como cárcel de competencias, obligaciones angustiosas, vejaciones, abusos, ausencia del cariño que no llega. La familia, lo mejor, pero también, para algunos, como nos muestra con dureza y valentía Asunción, lo peor. No quiero terminar la reseña sin decir que desde ese otro lado también se nos cuentan sorpresas positivas, por ejemplo la paternidad como sentimiento total.  Hecho, normalmente, no atribuido al hombre.
Por todo eso, y más, pasen y lean, Bajad la voz, les puede zarandear un poco, pero no muerde. Gracias Asunción.

martes, 19 de marzo de 2019

ENCUENTRO CON MARÍA FRISA Y SU NOVELA CUÍDATE DE MÍ


Por Asunción Cabello López

     Cinco de marzo, último día de carnaval, ¡fuera las máscaras!
     Manuel Velasco, juzgado y absuelto de violar a Noelia Abad, sin que el No me hagas daño de la adolescente le hiciera entender que es ¡NO!, yace retorcido, calcinado bajo la pira de leña en las Jornadas Medievales de la ciudad. 
     ¿Quién se tomó la justicia por su mano?
     La inspectora Lara Samper y la subinspectora Berta Guallar, ambas al Servicio de Atención a la Mujer de Zaragoza, distintas y complementarias, no cejarán hasta aclarar los hechos.
    Preguntas de lectores y respuestas de la autora. 
  •         ¿Cómo es Lara?    Atractiva, elegante, delgada, inteligente, reflexiva, solitaria, con un pasado angustioso del que no sabe escapar…
  •         ¿Y Berta?    Es el contrapunto de su jefa, baja, rechoncha, sin complicidad con el marido, madre de dos hijos a los que presta poca atención, enganchada a su trabajo, simpatizante con las víctimas de pederastia por sentirlas cercanas a sus hijos, acosada en la red…
  •        ¿Y el comisario Millán?   Es la sombra del pasado tortuoso de Lara que envenena su existencia.
  •          ¿Podrán volver a la normalidad la familia y la víctima de tal agresión?   Nunca.
  •          ¿Qué clase de sufrimiento ahoga a María Jesús, la madre del asesinado?  Para saberlo es necesario leer mi libro e intentar comprender su mundo de horror.

     María Frisa, envuelta en el programa "Encuentros con Autores en las Bibliotecas Municipales de Málaga", llegó desde su preciosa Zaragoza a Cristóbal Cuevas a visitarnos. Dijo encantarle nuestras playas, ¡cómo no! y aprovechó para explicar algunas cosas interesantes que le preocupan. Así, desde una mesa presidencial con varios de sus ejemplares erguidos, sin desequilibrio alguno, luz de barra y un público entregado a su encanto natural, paseó su mirada alegre en derredor emitiendo un halo mágico.

«Cuídate de mí, dijo, habla de todo lo malo que nos zarandea día a día en las noticias, desde una violación en manada hasta asesinatos dentro del hogar». Tras esta sentencia añadió una escena propia «Una mañana en que mi hija de cinco años jugaba con un amigo de igual edad, la madre me preguntó "¿qué es peor, tener una hija violada o un hijo violador?", en ese instante, sin dudar, por mi preparación y experiencia de psicóloga, aseguré con vehemencia «¡Una hija violada, por supuesto. En un hijo violador hay algo que no se hizo bien!». «Después de aquello pensé mucho en mi arrebatada respuesta y ahora tengo mis dudas. Un hijo violador debe ser terrible».

     María, además de comentar su interesante investigación para enfrentar con solidez real casos tan tremendamente actuales de su libro, expresó su descontento sobre el difícil posicionamiento de la mujer en el mundo editorial de Novela Negra, adherido generalmente al varón en premios, reconocimientos, ventas. «A nosotras, las escritoras, se nos concede la galantería de aceptar nuestros escritos. Eso sí, en cuentos para niños, novelas para adolescentes, recetas de cocina…, pero en las llamadas "novelas de peso" ¡no! »
     Frisa preguntó al aire en voz alta con cierta pesadumbre «¿Cuándo llegará el momento de recoger premios y reconocimientos literarios en las mismas categorías y cantidades que los hombres?                Volviendo a la novela.  
     Encontramos una narrativa que se adhiere al iris, capítulos cortos, lenguaje sencillo, giros inesperados, personajes secundarios con carácter…, y un final imposible de digerir. Tal vez el hallazgo mayor haya sido llevar al lector, en capítulos alternos, los pensamientos de ambas protagonistas sobre las mismas pruebas aparentemente incriminatorias.
     En definitiva: María Frisa se ha colado en el sentir ciudadano con una novela necesaria en tiempos de terror dentro y fuera de casa. 
      La Cuaresma se derrama silenciosa sobre el Miércoles de Ceniza y posterior Semana Santa.  Toca recogimiento. 
Biografía de María Frisa
 
    María Frisa nació en Barcelona en 1969. Es licenciada en Psicología Clínica, Diplomada en Trabajo Social con un postgrado en Psiquiatría y, actualmente, está cursando Filología Hispánica. Es autora, entre otras, de las novelas, El resto de la vida (2004), Breve lista de mis peores defectos (2006), 15 maneras de decir amor (2008), El cuarto círculo del infierno (2011), Como entonces (Premio de narrativa Universidad de Zaragoza 2010) y Cómo sobreviví a la madre de Pavlito (con uve) (2015). Es la autora de la exitosa serie juvenil 75 consejos, de la que ya se han publicado 8 títulos: 75 consejos para sobrevivir en el colegio (Alfaguara, 2012), 75 consejos para celebrar tu cumpleaños a lo grande (Alfaguara, 2013), 75 consejos para sobrevivir en el campamento (Alfaguara,  2013), 75 consejos para sobrevivir a las extraescolares (Alfaguara, 2014), 75 consejos para sobrevivir a los exámenes (Alfaguara, 2015), 75 consejos para ser popular (Alfaguara,  2016), 75 consejos para sobrevivir en el instituto (Alfaguara, 2016) y 75 consejos para sobrevivir a los profes (Alfaguara, 2017), además de los libros ¡Abajo el cole! (Alfaguara,  2016) y El deporte es lo peor (¡Abajo el cole! 2) (Alfaguara, 2017). En  febrero de 2018 ha publicado en Plaza y Janés la novela negra Cuídate de mí, y en mayo publicará la novena entrega de 75 consejos en Alfaguara: 75 consejos para sobrevivir a los amigos, enemigos y troles varios. 
     Su obra narrativa ha sido reconocida con numerosos galardones nacionales e internacionales y ha sido traducida a varios idiomas (francés, chino, italiano, turco, etc.).

jueves, 24 de enero de 2019

MEJILLONES PARA CENAR, de Birgit Banderbeke


Por Asunción Cabello López



Mejillones para cenar no es un anuncio de mercado de abastos, tampoco una invitación a  parientes o amigos, mucho menos una imposición. Tal vez una alerta al poder dictatorial dentro y fuera de casa.

     La alemana Birgit Vanderbeke, a sus 34 años, decide escribir un relato terrorífico.      ¿Cómo contarlo, qué recursos narrativos usar? La respuesta llega fácil.
Al cabeza de familia lo colma de poder, le añade una esposa sumisa que detesta todo lo que dice y hace, una hija que lo odia y admira, más un hijo sin carácter. Y ya tiene cuatro personajes con alto grado de credibilidad.
¿Qué falta?
Una trama silenciosamente explosiva cuya mecha enciende valvas de mejillones al vapor en una cena que pretende festejar al opresor tras regresar de un ascenso en su trabajo.
¿Cómo enhebrar hilos de espanto que se adentren en el lector sin apenas percibirlos?
Con detalles.  

     En una casa de la RFA bajo el concepto, varias veces nombrado por el padre, de una familia tradicional, surge una voz engañosamente infantil en boca de la hija, una "niña mayor de edad", que comienza un monólogo interior bien estructurado sobre demonios que pretenden, desde un oscuro aparador cargado de sellos referentes a las dos Alemanias, devorar cuatro kilos de mejillones ajusticiados en una olla gigante traída de la RDA.

     Nadie tiene nombre, solo estrictas normas y deberes.

     ¿Pretende la autora representar, en la figura del padre, la opresión de Alemania Oriental y el consumismo devastador de la Occidental o, tal vez, quiere mostrar al espeluznante maltratador de todos los tiempos?

     En cien páginas de pavor con aspecto de hombre pobre, hijo natural sin ánimos de ganar el pan de los suyos con trabajos humildes, avergonzado de una madre insignificante desconocida para los vecinos, despectivo con su mujer, tirano con sus hijos. Emigrante de Alemania del Este a la del Oeste, adaptado sin sonrojo a una libertad convenida: trajes caros, alto cargo empresarial, desprecio a tacañería y vestimenta de saldo de su mujer…
    
    Más, aún más.
    Incluye la narradora que, siendo bebé, su padre la estrelló contra la pared por berrear, dañando su cadera. Que insiste en pedir a ella y a su hermano que se tiren a la piscina desde un trampolín a cinco metros de altura, a pesar de ver pánico en sus caras, a cambio de su admiración y cinco marcos. Que enaltece las ciencias desprestigiando las humanidades. Que obliga a los suyos, bajo palabras mansas, chivarse unos contra otros en la soledad de una habitación cerrada, sacando insufribles conclusiones lógicas.

     Vanderbeke, con su narrativa casi imperceptiblemente asfixiante, se adentra lentamente en las entrañas del lector obligándole desear que la espera, desde las seis de la tarde a diez menos cuarto de la noche acabe, al descolgar el teléfono, con el pésame por el fallecimiento del homenajeado a una cena sin consumir de mejillones al vapor asquerosamente babosos.

     ¡Auf wiedersehen, Birgit!
   
   


Birgit Vanderbeke
 
Birgit Vanderbeke, nacida en 1956, en Dahme, territorio de la ex República Democrática Alemana. Emigró junto a su familia a la RFA en 1963. Su primera novela Mejillones para cenar consiguió el prestigioso premio Ingeborg Bachmann. Su estilo impactante usa voces infantiles para denunciar el totalitarismo dentro y fuera del hogar.

Novelas traducidas al español:
Mejillones para cenar (1992)
Alberta tiene un amante (1997)
Tiempos de paz (1998)

miércoles, 2 de enero de 2019

EL VALLE DE LAS GIGANTAS, Gustavo Martín Garzo


Por Asunción Cabello López 





Horas antes de oír cantar millones de euros en la lotería más emblemática del año, nos acercamos decididamente resueltos a solventar el enigma que esconde El valle de las gigantas.

¿Cómo desvelar un misterio? Si se pudiera, no lo sería.
Aun así, comenzamos las elucubraciones mientras en nuestras calles sonaban villancicos antiguos.

Decidimos de común acuerdo enumerar nuestras creencias:

Este Lázaro no es el resucitado que todos conocemos.
El pueblo de su abuelo Héctor, con río donde pescar, se encuentra en Tordesillas.
Relatos sobre la guerra civil española y otros temas tintineaban, a medias verdades y ¿algunas, muchas? mentiras en boca del visitado.
Varios pasajes bíblicos cabriolaron hasta el delirio.
Las andanzas de una abuela actriz, extranjera, deseosa de ser robada de la farándula para luego fugarse sin más, es menos creativa pero más racional que la ninfa vampira, Macarrón, con lunar cerca de la boca.
Es posible y tan posible, que una chica de luminoso nombre se embelese de un chavalín de ciudad.
La nota filosófica la canturrea Sócrates, ex presidiario, perdido en preguntas sin respuestas.
Gigantas acuáticas caníbales, pertenecen al ritual onírico de sueños perversos.

Martín Garzo expande (en una novela de aprendizaje donde Lázaro abandona su infancia para entrar en un mundo menos resplandeciente) un espacio colosal donde todo es posible, en el cual sus personajes fantasean, dudan, mienten, sufren, sueñan, mueren; filtrándose lentamente en nuestro sentir.

Porque:
¿Acaso los abuelos que cuentan batallitas a sus nietos no sueltan mentirijillas doradas para embellecer sus historias?
¿No es verdad que un primer amor soporta la distancia con cartas o mensajes?
¿Olvidamos sentir pena de Niña Susana y su terrible destino que no debió darse jamás?
¿Nos incomodó dejar transitar sigilosamente sobre las mesas a Ramón el del bar, Luciano, sabedor de las locas gigantas, Mariela y Amalia, amigas de Alba, favorita de Lázaro…?

Si todas estas preguntas responden a la razón, entonces podéis creer lo que queráis. Saltó una voz vallisoletana de entre las páginas.

Al terminar, sin más temor que perder el importe del décimo elegido, saboreamos con inusitada lentitud algunos manjares navideños (la ocasión lo precisaba).

Pronto, después de comprobar que los números millonarios de los cantores de San Ildefonso no han entrado en nuestros bolsillos, construiremos un arca, sin Noé, y de chicle, que estiraremos hasta meter en él, aunque estén apretadísimos, todos nuestros amores.

¿Así fue la sesión? —preguntó un ausente.
—No sé. Supongo que sí. Aunque los 39º que chillaban el termómetro, me impidieron estar allí. De todos modos, en una novela donde impera el término fantasía puedo meter la mía. 


Felices fiestas y un 2019 colmado de buenas lecturas.
Besos a todos

Asunción Cabello





Gustavo Martín Garzo. Biografía


Gustavo Martín Garzo escritor español nacido en Valladolid en 1948. Licenciado en Filosofía y Letras en la especialidad de Psicología, es fundador de las revistas literarias Un ángel más y El signo del gorrión. Ha colaborado con sus artículos en los medios más importantes del país y ha participado en múltiples congresos de literatura. Está casado con la también escritora Esperanza Ortega. Se confiesa hombre metódico y sin prisas. Nunca ha abandonado su ciudad. "Cualquier lugar contiene el mundo entero, los mismo conflictos, los mismos anhelos. Basta con saber mirarlos", ha escrito.
Desde su primer libro Luz usada (Junta de Castilla y León, 1986), su actividad literaria ha sido incesante. Continúa con Una tienda junto al agua (Los infolios, 1991) y El amigo de las mujeres (Caja España, 1991) que obtuvo el Premio Emilio Hurtado de Relatos. Más tarde aparecen El lenguaje de las fuentes (Lumen, 1993), Premio Nacional de Narrativa, Marea oculta (Lumen, 1993), Premio Miguel Delibes, La princesa manca (Ave del Paraíso, 1995), La vida nueva (Lumen, 1996), Los cuadros del naturalista (Alianza, 1997), Ña y Bel (Ave del Paraíso, 1997), El pequeño heredero (Lumen, 1997) y Las historias de Marta y Fernando (Destino, 1999) con el que obtiene el Premio Nadal.

Prosigue su actividad narrativa con El valle de las gigantas (Destino, 2000),La soñadora (Areté-Lumen, 2001), Pequeño manual de las madres del mundo (R que R, 2003), un libro de relatos breve reeditado posteriormente como Todas las madres del mundo (Lumen, 2010), Los amores imprudentes (Areté-Lumen, 2004), Mi querida Eva (Lumen, 2006), con el que gana el Premio Mandarache (2008), El cuarto de al lado (Lumen, 2007), El jardín dorado (Lumen, 2008), La carta cerrada (Lumen, 2009), Tan cerca del aire (Plaza & Janés, 2010), Premio de Novela Ciudad de Torrevieja y Y que se duerma el mar (Lumen, 2012), obra con la que fue finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León en 2013.
Gustavo Martín Garzo también ha cultivado la narrativa infantil, habiendo publicado Una miga de pan (Siruela, 2000), finalista del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, Tres cuentos de hadas (Siruela, 2003) por el que consigue el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil así como los álbumes ilustrados Dulcinea y los caballeros dormidos (Edelvives, 2005), Un regalo del cielo (SM, 2007) y El pacto del bosque (El jinete azul, 2010).
En su faceta como ensayista, el autor ha publicado los siguientes títulos: El pozo del alma (Anaya, 1995), la recopilación de artículos periodísticos El hilo azul (Aguilar, 2001), El libro de los encargos (Areté-Lumen, 2003), La calle del paraíso (El pasaje de las letras, 2006), también una recopilación de artículos periodísticos y Sesión continua (El pasaje de las letras, 2008)



martes, 27 de noviembre de 2018

ENCUENTRO CON LA AUTORA ISABEL BONO



 Por Asunción Cabello López

    
     Viernes negro deja la lluvia tras de sí. Sabe que Cristóbal Cuevas abre sus puertas a Isabel Bono portadora bajo el brazo de una casa sin suelo, paredes ni techo.
      La sala bulle de compañeros adictos a leer.
      La expectación está en el aire, en las miradas, en los pensamientos, en querer saber, en desear no decir la dificultad de entrar en un libro silencioso, trágico, a golpes, necesitado de ojos que encajen sus escenas.
      Una historia familiar en la que el hijo de seis años, al intentar tragar el planeta más grande de plastilina, muere.
      Madre, padre, hermana del muerto no saben cómo arrancar de sus vidas tanto pesar.       
       Hay más, mucho más…, pero… ¿Qué decir de un libro-novela ganador del CAFÉ GIJÓN 2016, dos años después?
                                  NADA-TODO
     La luz enclaustrada de siempre cede su esplendor a Isabel (nombre de reina) que, en su serena-inquieta persona, cautiva por igual a adeptos y no tanto a la dificultad narrativa de su historia.    
     Dos decenas de bocas, y algunas más, se atreven a opinar sobre Una casa en Bleturge. 

¿Dónde está?, ¿es real?, ¿qué hay allí?, ¿puedo ir?

     Palabras, apenas contenidas, enfrentan opiniones varias: «dura», «difícil», «cuesta armar el relato», «no es mi estilo», «he tenido que volver atrás más de una vez», «a mí me ha gustado», «es muy original», «los personajes parecen reales», «engancha», «¿tiene algo de biográfica de ti o de alguien que conozcas? », «¿por qué los personajes no tienen nombre? », «¿los pequeños detalles que asoman los has visto? », «se nota que eres poeta», «queda bien la brevedad de las escenas»…
     Todas las preguntas encuentran respuestas.
     Aguantamos, de puntillas, frente al tema de una pérdida descomunal.

   Isabel, frágil, sencilla, cercana, habla de todo. Su afán de escribir sus sueños en papel, desde los nueve años, guardarlos en un mueble cajonero de su cuarto y olvidarlos luego.
     Dice ser observadora de pequeñísimas cosas que la gente suele pasar por alto.

     ¿Caminar con las llaves en la mano acompaña?
     No hay nada mejor que correr sin tener prisa. Y corre.
     Masticaba de una forma grotesca para no estropear el maquillaje.
     El gato boqueaba como pez con el cuello torcido y el rabo en ele.
   Cuando ponen el ataúd en vertical y a ese cuerpo aún caliente se le doblan las rodillas…  
  
     Habla de su experiencia ante el prestigioso premio.
     «El premio me llegó de improviso. Salía de tomar unas cañas con amigos cuando vi una luz saliendo del bolso procedente de un móvil antiguo. Abrí la lengüeta, había al menos veinte mensajes. Comencé a leer el último: “Felicidades”. “Enhorabuena”… Seguí leyendo hacia atrás hasta llegar al primero donde se me anunciaba que había ganado el premio Café Gijón 2016, seguido de “Isabel, tiene que estar en Madrid mañana a primera hora”. No lo podía creer, ¿por qué a mí y no a otro? Mis amigos insistieron “otra ronda y esa la pagas tú”. Al llegar a casa, muy tarde, me miré al espejo y pensé que debía teñir unas canas frontales. De madrugada, en Renfe. A las nueve, en Madrid. Poco después de recibir el premio pasé a una rueda de prensa. Más tarde, la insistencia del teléfono, las entrevistas… Pienso que los premios traen mucho ruido. A mí me gusta el silencio».

     A nosotros nos gusta que hable, que diga, que cuente.

     Dice escribir a diario.
     Sostiene en ventas un grupo de libros con nombres extraños: Hielo seco. Pan comido. Hojas secas mojadas… alimentados con su particularísima poesía.
    Tiene dos blogs, isabelbono.blogspot.com y unacasaenbleturge.blogspot.com, dignos de ser visitados. Dice necesitar de la calle, la gente, oír, ver, sentir, anotar…, convirtiendo en prosa o poesía cualquier cosa, porque su visión de todo la vive desde dentro con retazos nimios de fuera.

      De su próximo libro-novela nos avisa que va a ser más intenso que el presente, más terrible. Aunque nos asegura sonriendo en una cara ligeramente encendida: «Soy la pesimista más feliz del mundo».
     Y es que ella es así, cariñosa, tierna, educada, fina por fuera. Oscura en su pensar.

    Le interesa indagar en el dolor, la frustración, el no perdón, la culpa, la soledad…, eso que duele, se oculta, se mata, se olvida…

     Alaba a autores y obras desde una sencillez exquisita: Nada que temer, Julián Barnes. También esto pasará, Milena Busquets. La herida en la lengua, La mujer de pie, Chantal Maillard.

    

La tarde cae en noche.
    Hay que volver a casa.
    Una casa con suelo, paredes y techo.                             



                                   Gracias, Isabel.

lunes, 17 de septiembre de 2018

La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza. Crónica de la sesión de Club de lectura. 14/09/2018



Por Asunción Cabello López

    Un sol tristón a mediados de septiembre empujó nuestras espaldas hacia el mundo de las letras. Habíamos hecho los deberes de un verano flojo, sin valor de fuego. Cristóbal Cuevas nos recibió encantado de sorprendernos. Onofre Bouvila, trajeado del 29, manos en bolsillos de chaqueta doble pechera, jugueteaba quizá con el diamante Regent. Al vernos se detuvo. Sonrió con cierta rojez en las mejillas.
     Buenas tardes, amigos: a sabiendas de parecer pretencioso quiero contaros, de primera mano, las motivaciones que hicieron de mí una persona ¿cruel?
        Los presentes callamos. Nos sentamos sin mirarnos, temerosos de romper el hechizo, en torno a las cuatro mesas encajadas a lo largo y ancho de la amplia habitación repleta sus paredes de historias tan interesantes o más que la del autoinvitado.
     Como iba diciendo, no, mejor remontaré mi relato al principio —permaneció de pie.
     Alguien dijo: Sea breve, por favor, no desmigaje las casi 600 páginas de unas andanzas que ya conocemos.
   ¿Acaso cree que adornaré a mi favor lo que mi creador ha decidido mostrar sobre mí sin reparo?
     No, por supuesto que no, prosiga —dijo el valiente.
      Gracias. En realidad Mendoza me pensó en alguien bueno, luego creyó que con piel infame conseguiría más clarividencia en los acontecimientos que proyectaba contar. Siendo, como es, un entusiasta de Barcelona, se sumergió conmigo entre las dos grandes Exposiciones Universales, 1888 - 1929. No me podía negar, ¡¿quién se enfrenta a su creador?! En fin, el resultado no fue tan terrible. Salí de una zona rural por un demoledor desengaño con mi padre.
     Oiga, no se explaye, el tiempo camina sobre sus palabras, abrevie —instó una voz razonada.
       Está bien, iré al grano: Mi padre marchó a Cuba y volvió diez años después trayendo por toda riqueza un mono enfermo, que una vez muerto mandó disecar, un traje a medida, un sombrero panamá y un montón de deudas. ¿Os imagináis el impacto emocional de un chiquillo anhelante de agarrar fuertemente la fortuna de un país en el bolsillo de su padre?
     Todos callamos. Onofre Bouvila paseo sus ojos sobre el canto de innumerables libros acoplados en estanterías claras.
     Como sabéis —continuó— me instalé en la pensión del señor Braulio, hombre travestido en la clandestinidad de los garitos. Me enamoré salvajemente de su hija Delfina, odié a Belcebú, gato infernal que hacía honor a su nombre. Repartí panfletos anarquistas, sin saber de qué iba aquello. Vendí crece pelos. Conocí a Efrén Castell, gigante por dentro y por fuera; un amigo para toda la vida. Reuní caterva de niños-ladrones-nocturnos sustraedores de objetos diversos en grandes almacenes. Hice mía a Delfina de mala manera ignorando su libre entrega por amor. Me asocié con don Humbert Figa i Morera, abogado corrupto, conocedor de las noches barcelonesa, a las que me aficioné: cabarets, burdeles, proxenetas, prostitutas…, y gracias al cual pude participar, con la hipoteca de las tierras de mis padres, en el mundo de la especulación de viviendas. Mientras, Barcelona se expandía, bullía, evolucionaba social e industrialmente. Medré rápido, me casé con Margarita, hija de mi socio, tuve cuatro hijos que no me dieron ninguna satisfacción. Enfrenté situaciones fuertes contra gánsteres de la banda opuesta a Humbert Figa i Morera saliendo vencedor. ¿Delinquí?, por supuesto que sí, Mendoza me lo exigía, también el momento histórico.
      Mi naturaleza inquieta se movía entre personajes importantes de la época: Mata Hari, Rasputín, Sissi Emperatriz, Alfonso XIII, Primo de Rivera, Picasso… —sacó levemente la lengua intentando mojar los labios—. Por favor, alguien puede darme un vaso de agua.
    Nos miramos. Un compañero le alargó su botellín a la mitad.
  Gracias —bebió—. No os voy a entretener mucho más. ¿Por dónde iba? Ah, ya. Durante la Gran Guerra seguí enriqueciéndome con la venta de armas. Como veis, no trato de justificarme, soy mala persona por deseo de Mendoza, es un hecho al que no puedo sustraerme.
    Después de la guerra invertí parte de mi capital en el cinematógrafo, haciendo de Delfina una actriz efímera que acabó sus días en el psiquiátrico. El tiempo corría delante de mí sin poder alcanzarlo. Mis riquezas no me llevaron al reconocimiento burgués, causándome gran pesar. Pasados los cincuenta me enamoré de María, hija del inventor Santiago Belltall, al que financié una especie de pájaro de vertical subida.
     El tiempo en que no pude trapichear con mis bienes, debido a la dictadura de Primo de Rivera, invertí en diamantes. La suerte me trajo el Regent, limpio, grande, valiosísimo, con él en el bolsillo de la chaqueta subí junto a María al aparato volador. Durante la marcha sobre el mar, antes de hundirse el artefacto en aguas mediterráneas, creí oír voces del pueblo: «¿Será verdad que de joven fue anarquista, ladrón y pistolero?, ¿qué durante la guerra traficaba con armas?, ¿qué tuvo a sueldo a varios políticos de renombre, a varios gabinetes ministeriales enteros?, ¿y que todo esto lo consiguió solo y sin ayuda, partiendo de cero, a base de coraje y voluntad?
    Hubo silencio de ermita. Onofre Bouvila dejó el botellín vacío sobre una silla junto a él, miró por encima de nuestras cabezas, allí, de cara frente a él, vio sobre una de las estanterías la portada de La ciudad de los prodigios.



http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-mitad-invisible/mitad-invisible-ciudad-prodigios-eduardo-mendoza/1358167/


viernes, 15 de junio de 2018

LA AMIGA ESTUPENDA, DE ELENA FERRANTE. Por Juan Tebar y Asunción Cabello



Presentamos en esta entrada una doble aportación sobre esta novela que hemos leído en el Club de lectura  
  



POR JUAN TEBAR VALENCIANO       
Primera de las cuatro novelas basada en la vida y el entorno de dos amigas.

Se desarrolla en un barrio de Nápoles de los años 50 y en la que los personajes aparecen marcados por sus orígenes (en la mayoría, humildes), y donde muchas de sus  ambiciones quedan enterradas por la imposibilidad  de poder desarrollarlas.

La narradora es Elena Greco (Lenú). Y su amiga estupenda es Rafaela Cerrullo (Lila). Dos jóvenes, hijas respectivamente, de un conserje y de un zapatero.

Su relación inicial pasa por diversos estados: desde la indiferencia a la hostilidad, acabando siendo muy buenas amigas. Su vida se basa en continuos actos competitivos. Ambas son magníficas estudiantes, y su forma de sobrevivir en el entorno varía desde la agresividad de Lila a la timidez de Lelú.

Una vez que superan la enseñanza primaria, el entorno familiar obliga a Lila a dejar los estudios. Su amiga los continúa con la protección de su maestra, ya que consigue convencer a los padres para que le permitan hacerlo. Y durante un tiempo, a pesar de trabajar en la zapatería con su padre y su hermano (Lino), sigue tratando de aprender las mismas materias que estudiaba su amiga. Siempre rebelde e inconformista con su vida.

Al llegar la pubertad empiezan sus relaciones con los chicos y al final, Lila termina casándose con Steffano, el hijo de D. Achille. Tal vez aceptó esa boda como una huida hacia delante y ayudar  a su hermano a montar un negocio de zapatos artesanales.

Es pues, un libro sencillo, con unas historias propias de cualquier barrio humilde de esa época, donde el carácter latino de sus personajes hace que sus reacciones sean un continuo contraste, mezcla de lo histérico, lo cruel y sobretodo de lo pasional.

También es de destacar las situaciones pintorescas y la necesidad de relacionarse entre sí los distintos amigos. Y siempre bajo la incomprensión de unos padres anclados en un pasado en el que las tradiciones son una losa para mirar con optimismo el futuro. 



POR ASUNCIÓN CABELLO LÓPEZ

La tarde huele a verano.

 Aire caldeado revolotea sobre ejemplares silenciosos, serenos. Hay que hablar de "La amiga estupenda", primera parte de una tetralogía con ventas de vértigo, sin Elena Ferrante, a solas, fuera de tiempo y espacio lineal de la historia; por extensión cultural, de la nuestra.

Preguntas apremiantes pululan sobre nuestras cabezas, nosotros, lectores ávidos de saber, queremos descifrar qué esconden las negritas de Ferrante.

A mediado del XX dos amigas, ¿amigas o dictadora y subalterna?, muestran sus estados emocionales desde el punto de vista de la débil, apocada, observadora Lenú. ¿Por qué una niña de primaria siente esa intensa atracción hacia Lila: inteligentísima, fuerte, desapegada, con maldad de adulto en cuerpo infantil? La autora lo oculta bajo ideas incompresibles de la edad. Debemos creer que la inmadurez es eso echando mano a recuerdos primitivos.

Desmigajamos la trama: Lila, tirana, desaparece, Lenú, ligeramente contrariada o no tanto, decide volver desde la última etapa de su vida a la primera contando, a partir de una memoria ancestral, detalles no deformados por el tiempo, ¿o sí?

La narradora nos sitúa en una Nápoles enmarcada en los cincuenta: barrios pobres, casas de vecinos que se quieren, odian, ofenden, perdonan; niños en las calles, su espacio de juegos y otras andanzas que, un instante de magia, nos traslada a El Perchel, La Trinidad, El Molinillo… Cuántos recuerdos antiguos saltan al aire cerrado de nuestra biblioteca. Comparamos conocidos de ayer con personajes instalados en una Italia dispuesta a los cambios, no lejos a nuestra España de entonces.

¿Novela coral?

Lenú dice seguir siendo amiga de Lila después de que esta haya estrellado su queridísima muñeca contra el fondo de un sótano, ¿se puede perdonar algo así? Además, Lila sobresale en cada una de las asignaturas de curso, reconocimiento orgulloso incluido de la maestra ante todas a pesar del mal comportamiento de la infanta, haciendo sentir a la cronista, en sus blandas carnes, humillación de segundona.

Negando la evidencia, Lanú, se obliga desesperadamente a superar semejante agravio sin posibilidad de alcanzar similares hazañas. Nos preguntamos, mirándonos de reojo: ¿Quién de los presentes-ausentes no ha sentido celos, envidia, rabia ante un compañero, compañera "superior"?

Lila es para Lenú el embrujo que adopta lo inalcanzable.

Porque, ¿acaso sabemos lo que piensa Lila de Lenú y su lucha por igualarla, o mejor aun, superarla? ¿De su propia familia, especialmente el zapatero remendón que la saca de la escuela. De sus estudios en solitario. Sus logros superlativos sin reconocimientos de docentes altamente cualificados? El silencio mental de la napolitana queda enterrado o desviado hacia la segunda, tercera o cuarta entrega de Ferrante, "Un mal hombre". "Las deudas del cuerpo". "La niña perdida". Solo es cuestión de charle ganas al asunto.

El marco histórico, a veces, parece el principal personaje por sus descripciones, cercanía, entendimiento de sus costumbres; después de todo Italia y España se asemejan bastante.

Durante 392 páginas vemos la evolución de las ¿amigas? desde los seis a los dieciséis, sin nada extraordinario que nos haga llora, reír, soñar, y es que, no nos engañemos,  solo es una pequeña porción de tiempo pastelero antes de acabar la fiesta en el último libro.

En un final abierto vemos una boda por todo lo alto para la listilla sin títulos. El alcance formativo intelectual de la menos agraciada por los dioses del saber. Otros asuntos menores asoman ligeramente. Así, la autora, nos obliga a que ansiemos saber más, mucho más de las dos implicadas en la trama, invitándonos bravamente no dejemos de leer, bajo pecado venial, el segundo tomo de su tetralogía. ¿Quién da más?

Una tarde inolvidable por la gran cantidad de recuerdos personales desparramados por las mesas de lecturas de Cristóbal Cuevas.

Un beso
Asunción

Sobre Elena Ferrante

Se había convertido en uno de los misterios culturales de nuestro tiempo, además de un fenómeno literario internacional. Durante casi un cuarto de siglo, la autora de la saga napolitana «Dos amigas» ha querido mantener su anonimato, escondiéndose bajo el seudónimo de Elena Ferrante. Mientras, arreciaba la presión para descubrir su nombre y hasta la revista «Time» la incluyó entre los 100 personajes más influyentes de 2016. Pero solo se sabía que había nacido en Nápoles, como se informa en la cubierta de sus libros. Entretanto, la autora iba concediendo numerosas entrevistas por e-mail, con la mediación de sus editores italianos. Además, en 2003 publicó una enigmática autobiografía, «La Frantumaglia».

Pero, por fin, se ha descubierto que detrás del seudónimo está Anita Raja, traductora que trabaja como «freelance» para Ediciones E/O, la editorial italiana de Ferrante, y está casada con el escritor Domenico Starmone, del que también llegó a especularse que estaba detrás de la autoría. El rumor circulaba desde hace tiempo, pero ahora una exhaustiva investigación, realizada por el suplemento cultural del prestigioso diario económico «Il Sole 24 Ore», aporta pruebas «documentales» (concretamente «datos financieros») para revelar su identidad. En la investigación, llevada a cabo por el periodista Claudio Gatti, del «Sole 24 Ore», y publicada de forma simultánea por el alemán «Frankfuerter Allgemeine Zeitung», el francés «Mediapart» y la revista americana «The New York Review of Books», analizan el «boom» de los ingresos de Ediciones E/O, fundada en 1979 por Sandra Ozzola y Sandro Ferri.

Anita Raja es hija de una judía de origen polaco que huyó del Holocausto y después se refugió en Nápoles. Según la investigación, los ingresos de Raja han aumentado de forma llamativa en los últimos años. Los pagos realizados por Ediciones E/O a la traductora han aumentado un 150% en pocos años. En 2014, el balance registra ingresos por valor de 3.087.314 euros, con un aumento del 65% en relación a 2013. Al año siguiente, los datos son más significativos aún: el balance se cierra con ingresos de 7.615.203 euros, alrededor de un 150% más que en 2014.

En total, la compensación económica que Anita Raja obtuvo en 2015 supera siete veces a la que logró en 2010, cuando el éxito de sus libros se limitaba a Italia y no se había publicado aún el primer volumen de la tetralogía napolitana. Pero la investigación no se centra solo en los ingresos de Raja. También da cuenta de sus posesiones inmobiliarias. En 2000, poco después de que el primer libro de Elena Ferrante fuera llevado al cine en Italia, Raja compró un apartamento de siete habitaciones cerca de Villa Torlonia, en una de las zonas más exclusivas de Roma. Al año siguiente, la traductora adquirió una villa en Toscana.

Gatti mezcla, además, la pista financiera con datos familiares. Por ejemplo, Lenú, la protagonista de la tetralogía «Dos amigas,» era el nombre de una tía muy amada de Anita Raja, mientras Nino, el nombre dado al gran amor de Lenú, es exactamente como se le llama en familia a Domenico Starmone, marido de la traductora escritora.
Impacto
La revelación ha tenido gran impacto en Italia y entre los admiradores de Ferrante. Un sentimiento predomina: conocer su identidad no cambiará el juicio sobre su obra. «A los lectores no interesa la identidad, sino la obra», manifiesta el escritor Erri De Luca, quien con tono polémico invita al «Sole» «a desenmascarar a los evasores de impuestos en Italia». Descubrir quién estaba detrás de Elena Ferrante se había convertido casi en una historia policial. El «Corriere della Sera» publicó en marzo un estudio de Marco Santagat, escritor, profesor universitario y crítico literario, experto en Dante y Petrarca. ¿Su conclusión? Que Ferrante era Marcella Marmo, profesora de Historia contemporánea en la universidad Federico II de Nápoles. La hipótesis creó revuelo en el mundillo y Marmo pasó varios días desmintiéndolo.
Ahora, los interesados ni confirman ni desmienten. La responsable de prensa de Ediciones E/O se ha limitado a explicar que Raja es una simple traductora del alemán «freelance» y «absolutamente no dependiente» de la editorial. Pero, obviamente, ese papel no puede explicar los pagos realizados en los dos últimos años a Anita Raja.
Las cifras de la saga
En España, Lumen publica los libros de Elena Ferrante, traducidos por Celia Filipetto.
La saga «Dos amigas» (compuesta por «La amiga estupenda», «Un mal nombre», «Las deudas del cuerpo», y «La niña perdida») ha vendido más de 33.000 ejemplares en España. Con todos sus libros, el primero de ellos publicado en 1992, Elena Ferrante ha vendido 2,6 millones de ejemplares en Italia, 1,6 en Estados Unidos y Canadá y 600.000 en Reino Unido.
Hasta ahora, nadie conocía la identidad de la autora, salvo Sandro Ferri y Sandra Ozzola, dueños de Edizione e/o, la editorial italiana que publica las obras de Ferrante.