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viernes, 29 de diciembre de 2017

Nuestra canción de amor. Película de Olivier Dahan (2010)

Por Mariano Calderón Domínguez


                 Película dirigida por el francés Oliver Dahan en el años 2010,  y los actores Renée Zellweger, como Jane, y Forest Witaker como Joey. 
     Es la historia de dos personas con grandes problemas, ella paralítica de medio cuerpo y él con minusvalía psíquica y también una física. Dos personajes muy diferentes y sin embargo se complementan bien, porque mantienen una amistad incondicional. La película en su primera secuencia nos muestra todo el problema de ella, no sólo con su minusvalía, sino también con a relación con los otros.Y también no muestra el trastorno de él, su fijación por mirar y hablar con sus fantasmas.
    Emprenderán un viaje a Menphis,. Él si sabe a lo que va, al encuentro con el experto en ángeles al que admira. Ella no tiene un objetivo salvo acompañar a su amigo. Solo cuando éste le revela que tiene pendiente una invitación de su hijo, la actitud de ella se comienza a transformar. 
     En el trayecto sufrirán peripecias  y conocerán a gentes que les harán cambiar su opinión sobre las personas, unos encuentros que les transmiten otra forma de enfocar la vida.
    De suma importancia las canciones de la película, cuyo autor es Bob Dylan, que con su poesía y musicalidad le dan gran altura a la misma.
    Lo que le director hace, sin caen en la sensiblería, es mantener el equilibrio, y aunque se dan escenas  duras y comprometidas, nos saca de ella con humor que rebaja la  tensión. Los actores están muy convincentes en sus papeles. La película, con una historia en apariencia sencilla, en ningún momento cae en vulgaridad. 
     Por último creo que aunque la temática es dura, la película es esperanzadora. En los personajes se produce una transformación, encuentran algo en la vida que no tenían cuando empezaron la historia, ambos reconocen sus limitaciones y sus neuras, pero ahora tienen mas moral y fuerza para arrostrarlas. Por eso la veo positiva, aunque el final sea abierto, pero manteniendo de principio a fin el valor de la amistad entre dos personas tan diferentes.

     La película ha gustado, ha tenido una valoración positiva aunque la historia fuera dura.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

EL HIJO DE SAÚL.2015. LÁSZLÓ NEMES, Hungría

       Por Mariano Calderón

     El hijo de Saúl es una película que trata el  holocausto, de una manera distinta, pero no menos dura, sincera y dramática . Todo a través de los ojos de Saúl, un judío componente de los equipos que se dedican a llevar a los que se condenan a las cámaras de gas y después limpiarlas.
     En una ocasión queda conmovido por un joven moribundo de la cámara, que le impele a  enterrarlo, una vez muerto, con dignidad, buscando para ello a un rabino.
     La película, aunque se mueve con rapidez por los movimientos de cámara y del personaje, sí tiene un ritmo lento, la acción avanza con el personaje que expone lo sórdido e inhumano de su trabajo, a veces mostrando escenas dantescas, aunque tratadas con gran respeto y dignidad, como si fueran reales (detalle que me ha llamado la atención y me gusta).
     Pienso que, según lo visto, la trama es acertada. aunque hay opiniones que no comprenden la tozudez del personaje en realizar su proyecto, que pone en peligro a sus compañeros a los que él ya da por muertos. Cuando vemos que los muertos son tratados como piezas de ganado, él piensa que al menos "su hijo" sea tratado con el respeto y dignidad que merece todo ser humano, ya que esto también lo humaniza a él.
   La película solo tiene un protagonista, vemos lo que él ve, oímos lo que él oye, y la acción puede a veces resultar agobiante. La película mantiene esa tensión, da la sensación de que el que la ve quiere acabar rápido con todo, que logre su afán. El final es el esperado aunque esboza una  cierta ilusión de esperanza por la visión del niño.
     Aunque algún espectador extrae una visión religiosa y trascendental, en el interés por el rabino, personalmente no lo veo en el personaje, ni en su visión final.
     No ha sido una película muy  sosegada y animosa, pero sí reflexiva y seria que ha conmovido y horrorizado, por ver hasta dónde puede llegar en su degradación el ser humano, unos como víctimas y otros como verdugos.
                                      calderondm49@gmail.com



martes, 20 de junio de 2017

Crítica de cine: "LOLA" de R.W. Fassbinder

Por Mariano Calderón 

La película no ha entusiasmado, alguien dijo que era mala, pienso sinceramente que no. Trata del comportamiento de un pueblo en Alemania en plena recuperación en los años cincuenta.
Lola es la prostituta  más cara y con mas caché en el burdel de la ciudad por ser la puta del jefe. Éste tiene el mayor negocio inmobiliario en el que está metida toda la sociedad influyente. Lola, acepta su papel pero aspira a ser admitida en el circulo influyente.
El recién llegado funcionario de urbanismo es von Bohm, con unos principios morales de antes de la guerra que han quedado sepultados después de ésta. Ahora  se reconstruye el país devastado con otros fines menos idealistas, pero que pusieron a Alemania en cabeza. Recién llegado, quiere empezar todo de nuevo con orden, justicia y haciendo su trabajo con la mayor disciplina y honradez. Pero en un momento determinado, por despecho amoroso, trata de imponerse  a esa  sociedad poderosa, pero fracasa y acabará sometido y humillado, no por dinero, sino por amor.
Schuker el dueño del burdel, proxeneta y capitalista inmobiliario, se muestra en todo momento como es,  alguien que busca el beneficio sin importarle la moral, solo el beneficio y así lo plantea. Sólo pide  saber el precio.
Así todo seguirá igual, cambia un detalle personal, el funcionario se pliega, su mujer prostituta sigue siéndolo aunque ahora más cara y casada.
La película es profundamente pesimista. Todo está a favor del dinero y el negocio en el que unos sacarán más que otros, y todos tendrán algo; así se avanza hoy.
No ha cambiado nada desde aquellos años, nosotros lo hemos copiado, vivimos lo mismo que ellos, y lo peor es que hay poca esperanza, las ideas diferentes también  han fracasado. Por eso ha dejado mal recuerdo y sin embargo la hace interesante y creo que es una buena película. 
Tiene guiños de aquellos años que nos hacen sonreír, pero en lo fundamental, en el retrato social lo describe con precisión  y sigue actualizado, utilizando el color de  una manera muy intencionada para comunicar  mejor el papel de lo personajes centrándose en los rojos pasión, pecado e hipocresía y azul, valores y honradez y humanidad.


Gracias  a todos por la  participación y sigamos amando al cine.


            MARIANO.                                calderóndm49@gemail.com

miércoles, 24 de mayo de 2017

Critíca de cine: LAS UVAS DE LA IRA, de John Ford

Estoy muy contento porque la de hoy ha sido la reunión más completa  que hemos tenido, por la participación de todos en el coloquio de manera tan espontánea e enriquecedora.
Lo primero que nos ha salido a todos de manera espontánea es la comparación entre la novela y la película. Hemos visto las grandes diferencias no solo entre los relatos contados sino también en los personajes. La mayoría de ellos,  aunque aparecen, no tiene papel relevante salvo algún secundario. Entre los principales, el galardonado con un Óscar  Henry Fonda hace un brillante papel, pero a todos nos parece que con menos fuerza que el de la novela. Algo parecido podemos opinar sobre el papel de la madre.
La película, aunque larga, tiene un gran ritmo y se nos hace corta;  la misma manera de rodar en continuo movimiento ayuda a ello. Son prácticamente dos personajes los que llevan la película, muy diferente del caso de la novela que es más coral y donde todos tienen su momento.
También el libro da más lugar a reflexiones del autor en torno al drama central del relato, que en la película tiene quizás solo tres escenas de exposición: El pastor en su reflexión poco antes de su muerte, John el joven protagonista al despedirse de su madre, y la  madre en la última escena en el camión, al reanudar la marcha después de abandonar el campamento. Esta última reflexión también está más destacada en la novela de manera más completa pero no coincide en el momento en que la sitúa la película.
El desarrollo del coloquio fue un continuo extraer diferencias, acentuado algún detalle o escena, trasladando situaciones al momento actual y viendo lo poco que ha cambiado la historia y cómo seguimos sin saber solucionar viejos problemas.  La única coincidencia positiva es que tanto entonces como ahora, para enfrentarse a toda crisis uno de los grandes cimientos es la familia.
    Lo que me gustaría reseñar como final, es que consideremos cómo el mismo tema se puede tratar en los dos formatos de literatura y cine, y de las dos maneras se llega la corazón humano, y eso es lo importante. Y el arte si está bien hecho llega a emocionar, sea cine o literatura, si quienes lo hacen son maestros, y aquí se ha dado el caso. Por eso no desmerece ninguno sino que se tiene que valorar el éxito de la utilización de las herramientas que cada una posee.
                 Sigamos animados con el cine.

                                                                        Mariano Calderón Domínguez

miércoles, 3 de mayo de 2017

Crítica de cine: NUEVE REINAS (2000)

     En la Tertulia Temática del pasado viernes 21 de mayo hablamos sobre la película NUEVE REINAS, de Fabián Bielinsky, realizada en el año 2000.  
     La película se ha convertido en un filme de culto en la cinematografía  Argentina, en la que ellos mismos ven reflejada su sociedad. Además está expuesta de una manera ingeniosa y cómica con un buen final y en la que queda reflejada de manera bastante real su vida cotidiana.
    Todo el elenco de actores está estupendo por ser muy creíbles, sobre todo sus dos cabezas de cartel Ricardo Darín y Gastón Pauls, sin menospreciar a los secundarios.
   Hay que resaltar a su director y guionista Fabián Bielinsky, por crear una película con tanto ritmo, donde todo se va desarrollando con rapidez en un ambiente perfectamente ambientado en la ciudad, donde una acción  va encadenada a otra que supera a la anterior, para mostrarnos perfectamente lo que es el cine, entretenimiento, emoción y sorpresa.
   No quiero dar muchos detalles sobre la película, solo diré  que son dos timadores que se encuentran en circunstancias comprometidas. Deciden hacer un negocio que no admite demora en una selva urbana donde nadie está libre de  su pequeña o gran cuota de corrupción.
   Es una película que quien no la ha visto aún,  pasará un buen rato y se llevará alguna sorpresa. ÁNIMO.

   Por Mariano Calderón Domínguez
          

                                                                    calderondm49@gmail.com

martes, 28 de marzo de 2017

LA FORTUNA DE VIVIR

El pasado viernes celebramos en la Biblioteca Cristóbal Cuevas una nueva sesión de Tertulia Temática, con el siguiente 
Tema: LA LIBERTAD Y SUS ADVERSIDADES COTIDIANAS,
    y con la documentación siguiente:
            LIBRO: Les enfants du marais, de Georges Montforez
            PELÍCULA : La fortuna de vivir, Director : Jean Becker
                                                     
                 Mariano Calderón 
nos envía el siguiente comentario sobre la película:
“La película está basada en la novela Les Enfants de Marais de Georges Monforez  (1921-1974), autor que destacó por sus relatos de aventuras, más bien para jóvenes, cuentos y alguna novela.
La película no difiere mucho de la novela, una historia que relata un paisaje bastante bucólico en un ambiente familiar y rural, y además contado por una niña de corta edad que rememora su infancia, lo que justificaría una visión tan placentera y positiva de la vida a pesar de las penurias en la que se desarrolla la acción.
Los personajes son bastante estereotipados. Ritón es el personaje inútil para todo que no sabe vivir sin apoyarse en su amigo que lo saca de todos sus apuros, mientras busca continuas excusas para escaquearse de todo y pendiente solo de la bebida. Y Garris el soldado licenciado que se acopla al lago, sabe vivir de él y se hace responsable de su amigo e hijos y por eso aguanta,  aunque con el deseo de buscar un amor que allí nunca tendrá.
Luego están todos los demás personajes mirados de forma benevolente sin hacer en ningún momento una critica que pudiera resultar  ácida. Todo es bonito, la vida es bella, sin grandes necesidades, donde se es libre porque se hace lo que se quiere y cuando se quiere aunque para alguno suponga mas dificultad  que para otros, sin que sea óbice para mantener una buena amistad entre todos.
La película ha sido un éxito, a todos ha gustado por su óptica optimista que nos ha hecho sonreír en más de un momento, nos ha presentado una vida de cuento en que todo es bueno y bello dejando sólo un poso de melancolía en la búsqueda del amor. No creo que la película buscara algo má que salir de verla con un sabor agradable.
Es un cine que a veces se agradece en su falta de tensión, relajante, pero es cine y bien hecho"

lunes, 27 de febrero de 2017

Tertulia temática

TEMA: VENGANZA Y LOCURA
DOCUMENTACIÓN
Libro: HAMLET, de William Shakespeare
            Película: EL IMPERIO DE LA PASIÓN,                                             de Nagisa Oshima 


               Por Mariano Calderón Domínguez

    Hemos  visto la gran similitud que hay entre la obra Hamlet y esta película en su temática, la pasión de unos amantes  en la que sobra el marido que  hay que liquidar. Después  viene el remordimiento y la venganza, en ambas obras representada por el fantasma vengador. Hasta aquí la similitud de ambas pero diferentes en su fin y presentación .
     La película, aunque gustó, no entusiasmó aún siendo una historia con bella fotografía y color. Está narrada a un ritmo lento lo que la hace un poco tediosa,   y  aquí pensamos que se nota que el autor, Nagisa Oshima, como japonés tiene una mentalidad diferente a la nuestra. Donde, además, algún personaje a nuestros ojos resulta cómico, lo que le quita dramatismo a la historia (por ejemplo el policía).
    No sé si el título japones equivale al español, pero para mí no es pasión lo que yo entendería, y por ello no conduciría el argumento hacia el crimen. Sí se da un encaprichamiento por la amante que a través de una violación crea una mutua dependencia más sexual que afectiva.
    Se apuntó que el fantasma es una manera de crear, por el qué dirán del pueblo, una presión que al final afecta a los personajes,  que hace que su vida cambie de manera que ya no hay sosiego, y le quedan pocas salidas, abocando de manera inexorable a un final que no puede ser más que trágico.
     En ningún momento sentimos  empatía con los personajes, y se ve la película desde fuera. Creo que por eso no llena, aparte de lo dicho anteriormente sobre el cine japonés y el autor.
     Lo que todos vimos como positivo es el acercarnos a un cine tan lejano de nuestra manera de mirar y sentir que a veces merece la pena para contrastar con lo que nos es más cotidiano.

        Hasta pronto, y sigo animando a todos a seguir



  Yo sigo animado a continuar con este ciclo mientras vosotros participéis.
                                                                                                  

                                                                            calderondm49@gmail.com

            

miércoles, 25 de enero de 2017

TERTULIA TEMÁTICA: ACENTO CUBANO

Guantanamera (1995)
Dtor: Tomás G. Alea y Juan C. Tabio  
                           
                             Por Mariano Calderón Domínguez

     A pesar del frío disuasorio, el grupo amantes del cine nos reunimos para hablar sobre esta película, para la mayoría desconocida hasta ahora,  y para los que la habíamos visto hacía tanto tiempo nos resultó casi como de estreno.   
     Es una película sencilla sin muchas pretensiones pero creo que cumple. Arranca mostrándonos una perspectiva de la ciudad cubana de Guantánamo, una ciudad con muchos edificios destruidos, otros muy decadentes y todos con el aspecto de necesitar grandes reformas. Era la Cuba de 1995, en el llamado "Periodo Especial" tras la crisis de la Unión Soviética.
     Uno de los personajes  hace ver esa decadencia y ahora, aunque lo intenta, el tiempo ha pasado y ya no quedan muchas posibilidades.
     Por otro lado está un grupo de funcionarios fúnebres que intentan abaratar costes en los traslados fúnebres entre ciudades con una idea la mar de ingeniosa, donde lo que importan son las estadísticas y la apariencia aunque luego resulte lo contrario.
    Cuando esta idea se pone en práctica por un lado se verá lo absurdo de la misma,  y por otro nos irá mostrando las carencias básicas del pueblo cubano con su manera de buscarse la supervivencia con el estraperlo, como algo ancestral,  y esto ante los ojos del funcionario que lo consiente, así como los restaurantes clandestinos, en contraposición a lo que ofrece el estado: bares solo con café o té, nunca juntos, y con ron, y cuando hay algo siempre hay algunos pícaros que quieren aprovecharse a costa de los legales.
    Por otro lado está Mariano y su camión, con su divertida vida de casanova por un lado, y por otra los trapicheos clandestinos y el modo en que está organizado el trasporte público a base de aprovechar todo lo que rueda.
     Aunque hay una historia de amor que suaviza, lo que queda patente es el gran fracaso del comunismo científico, como alguno lo llama.
     Sólo hay una solución que la película ofrece por medio de una leyenda (La Leyenda de Iku) que narra que un gran diluvio  lo sumergió todo; sólo se salvaron los niños y jóvenes que iniciaron algo nuevo. En la hora del entierro ante el funcionario subido al estrado ocurre otra vez; todo debe desaparecer, y sólo renacerá en algo nuevo el amor.
     La vida es tozuda y supera la ficción: la muerte y el entierro de Fidel es un paralelismo, y su viaje a través de la isla con avería en el furgón fúnebre incluida .
     La revolución ha fracasado, para salir del pozo deben enterrar al muerto y hasta  que no venga una nueva "inundación" no cambiará nada.
     La película el debate que originó merecen un aplauso, aunque a nadie se nos escapó su trasfondo ácido y agridulce.
     Mi propio nombre y su presencia en la película creo que también  contribuyó de forma indirecta al divertimento en la misma.
     Mariano Mariano ja ja ja...

                  
                                                               MARIANO CALDERÓN DOMÍNGUEZ

lunes, 21 de noviembre de 2016

Tiovivo c.1950, de J.L. Garci

Por Mariano Calderón Domínguez 

     Lo primero de todo agradecer la asistencia a los poquitos que nos reunimos en este nuevo ciclo sobre cine. Fuimos pocos pero salimos satisfechos porque la película, desconocida para todos nos gustó mucho.
Aunque por la larga duración de la misma no pudimos hacer un forum sobre la misma, hicimos algo poco ortodoxo, que esta vez al ser pocos se podía permitir, y era hacer comentarios sobre los actores, situaciones de la película, y hasta sobre  el atrezzo.
Tiene Garci un gran mérito en esta  película al haber logrados tan extenso y magnifico reparto, que para mí es un homenaje a todos los actores y actrices que nos han acompañado desde los años cuarenta hasta hoy, con la nostalgia que muchos de ellos ya no están este nosotros, tanto los de primer nivel como los secundarios. Todos tienen un pequeño papel, pero todos destacan por su actuación sencilla y creíble.
            La película narra pequeñas historias  cotidianas, ambientada en un mundo familiar para Garci, el de la banca donde trabajó, el de los cafés tan típico de aquellos años y el que rodea a los espectáculos, como la reventa, la censura y dificultades para hacer cine. En el de los cafés veo un guiño a la colmena de Cela.
Luego están las historia cotidianas, con el hijo enfermo y el contrabando de la penicilina, la preocupación  por la hija enamorada de quien no debe, la entrañable suplantación del bedel del banco, el esperpéntico torero de salón, el drama político de tener  un represaliado político a punto de ser fusilado.
Todo y todos aparecen en esta película,  no oculta la existencia de los falangistas, adictos al régimen,  los curas con sus miserias  humanas. No hace un alegato ni de acusación ni defensa, nos muestra una realidad que nosotros somos la que la juzgamos, los hechos son los que son , como eran las cosas.  
Esta película para el que escribe, 67 años, tiene valor y sentido, para mis hijos quizás alguno, pero para mis nietos nada. Por eso es una peli tan interesante, porque está hecha con ternura, sin acritud, reconociendo la dureza y carencias de aquellos  años. Pero sin añorar aquella vida, porque era pobre y triste, pero haciendo mías las palabras de M. Alcántara, eran malos tiempos, difíciles, pero  eran nuestros y de los nuestros.
Sobre todo esto me ha llevado a reflexionar para mí esta bella película, espero que si alguna no la ha visto se la recomiendo, merece la pena, por sus actores y por sus historias.
Esperamos en la próxima  estar más acompañados. Animo a ello, yo lo estoy. 

              ME GUSTA EL CINE.


jueves, 3 de marzo de 2016

JUEGOS PROHIBIDOS, DE RENÉ CLÉMENT.

El siglo XX cuenta con el triste record de haber producido las guerras más devastadoras que la humanidad había conocido hasta ese momento. Lo peculiar de la Segunda Guerra Mundial fue que por primera vez la población civil era un objetivo prioritario en el combate (un fenómeno que ya se había experimentado en la reciente Guerra Civil española), algo consustancial al concepto de guerra total que se empezaría a manejar en aquellos años. Precisamente las primeras imágenes de esa obra maestra que es Juegos prohibidos reflejan bien esa realidad: los parisinos huyendo despavoridos por los caminos rurales del fulminante avance alemán y la Luftwaffe bombardeando a placer las columnas de refugiados, como parte de una estrategia de terror que conduciría a la pronta rendición de los franceses. Los padres de familia se sienten humillados en esa ratonera. El automóvil de Paulette, la niña protagonista, se estropea. No hay solidaridad con su familia, los que van detrás lanzan el coche por un terraplén y prosiguen su avance. Entonces aparecen de nuevo en el horizonte los Stukas alemanes, que provocan una masacre: los padres de Paulette mueren ametrallados. También su perrito.

Este brutal primer encuentro de Paulette con la muerte no la traumatiza, porque la niña no sabe bien lo que está pasando. No comprende que su perrito de pronto ya no responda a sus caricias, que sus padres hayan dejado de protegerla. Persiguiendo al cadáver del perro, que una desaprensiva mujer ha tirado a un río, llega a la humilde morada de unos campesinos. En aquel lugar la guerra se percibe como un espectáculo cercano, pero que no les afecta directamente. La vida sigue más o menos igual, aunque con la lógica inquietud de quienes intuyen que están produciéndose cambios muy importantes. Muy pronto Paulette se hará amiga de Michel, un muchacho muy despierto, con el que le va a unir un vínculo muy especial, casi matrimonial, podríamos decir. Con él canalizará esa fascinación que le ha producido el descubrimiento de la muerte que, junto al de la religión (sus padres al parecer eran laicos y ella aprende algunas nociones de su familia provisional), les lleva a crear un nuevo juego: la organización de un cementerio clandestino de animales e insectos, una especie de homenaje infantil a los seres que, misteriosamente, dejan de interactuar con nosotros.

En este sentido, Juegos prohibidos es una película valiente a la vez que sensible. El acercamiento lúdico a la muerte, el robo de cruces y la fascinación por la belleza del camposanto que construyen juntos, no es más que la reacción de dos seres inocentes ante la brutalidad que los adultos han desatado a su alrededor. La muerte está presente sí, entonces, como ya hicieron los hombres primitivos, hay que canalizar elementos simbólicos para homenajearla, para que sus víctimas no caigan en el olvido. Clément se mueve entre lo cómico, lo trágico y lo macabro, consiguiendo un exquisito equilibrio entre estos tres elementos para construir una película soberbia, que se beneficia de una fotografía magistral por parte de Robert Julliard y de una interpretación memorable por parte de los dos niños protagonistas, Brigitte Fossey y Georges Poujouly, que saben transmitir la inocencia propia de la infancia, un ejemplo de cordura cuando a sus mayores les da por organizar matanzas en las que ellos pueden ser tan víctimas como cualquiera. Pocos retratos íntimos de lo que supone la guerra para la gente cotidiana han alcanzado tal grado de perfección.

viernes, 5 de febrero de 2016

EL ÚLTIMO VIAJE DEL JUEZ FENG, DE JIE LIU.

Uno de los atributos que definen la potestad del Estado frente a la arbitrariedad del comportamiento de los ciudadanos es la capacidad de dictar leyes e impartir justicia. Por eso una de las principales preocupaciones de los países es llevar sus instituciones hasta los puntos más remotos de su territorio. Esta es la ocupación que desde hace décadas ejerce el juez Feng, recorrer con su pequeño tribunal los pueblos de un territorio montañoso de la provincia de Yunnan. El terreno es tan agreste que debe recorrerse a caballo. La llegada del Tribunal es esperada en estas poblaciones como un acontencimiento. Conflictos enquistados, muchos de ellos aparentemente absurdos, deben ser resueltos por el respetado juez, que en muchas ocasiones prefiere usar la equidad y el sentido común a la observancia estricta de la ley.

En este último viaje va a llevar a un joven recién licenciado, que va a sustituir a su auxiliar de toda la vida, una mujer procedente de uno de esos pueblos, a la que se le ofreció la oportunidad de mejorar de vida acompañando al juez Feng. Las nuevas leyes del Estado chino ya no permiten ejercer esas funciones a una persona sin estudios, por lo que ella va a tener que dar un doloroso paso atrás y volver a la existencia sin expectativas a la que estaba destinada por nacimiento. Mientras tanto, el joven Ah-Lou tiene unas ideas muy estrictas de lo que significa impartir justicia y reprueba algunas de las decisiones de Feng, que estima muy poco ajustadas a derecho. Mientras Feng es mucho más flexible, adaptando sus resoluciones a las costumbres locales, Ah-Lou prefiere apelar al derecho positivo, aunque pronto se va a dar cuenta de que en lugares como aquellos es mejor no ser tan riguroso en la observancia de la ley. A pesar de todo, para Deng lo más importante es lo simbólico de su posición, por eso la pérdida del símbolo nacional que preside sus juicios es una auténtica catástrofe.

El último viaje del juez Feng es una película deliciosa, que nos traslada a un mundo un tanto insólito, a unas tierras a las que apenas han llegado los avances tecnológicos de nuestro tiempo y en las que perviven usos y costumbres ancestrales, a pesar de que formen parte de un país que aspira a ser la primera potencia económica mundial. El ritmo de la vida es distinto, mucho más sosegado, lo cual se traslada al ritmo de un film que se recrea en los paisajes en los que Feng, acostumbrado a ellos, echa cabezaditas mientras los atraviesa. A pesar de su tono general distendido e incluso en tono de comedia en alguna escena, los personajes esconden tragedias internas que en algún momento de la trama van a condicionar su actuación. Aunque su guión sea un tanto disperso, este último apunte funciona muy bien en la lógica interna del argumento.

domingo, 13 de diciembre de 2015

ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO, DE SIDNEY LUMET.

Andy y Hank Hanson son dos hermanos con vidas muy diferentes. Andy (Philip Seymour Hoffman) ocupa un puesto directivo en una inmobiliaria. A pesar de su aparente vida acomodada, esconde varios secretos que, si no lo remedia, pronto acabarán saliendo a la luz: se queda con el dinero destinado a la Seguridad Social de las nóminas de los trabajadores y es adicto a la heroína. Vive junto a Gina, una mujer florero con la que comparte una vida sexual cada vez más decadente. A pesar de todo, Andy mantiene la compostura y espera resolver sus problemas ejecutando un plan junto a su hermano. Hank posee un carácter mucho más retraído, quizá porque sus circunstancias vitales son más duras, si cabe. El hermano menor ha pasado por un proceso de divorcio y como consecuencia del mismo, ha de destinar buena parte de su escueto salario a pagar la pensión alimenticia de su hija. Su ex esposa le recuerda cada vez que lo ve que es un fracasado y él tiene asumida dicha condición. Por eso, cuando Andy le propone una solución que supone quebrantar la ley, no se lo piensa demasiado: quien no tiene mucho que perder, no arriesga mucho.

El plan de Andy es tan sencillo como insólito: consiste en atracar la joyería de sus padres, en la que ambos trabajaron hace años. En teoría se trata de un proyecto perfecto: cuentan con que en la tienda se encuentre una mujer casi anciana, empleada por los padres, que no opondrá la más mínima resistencia. Pero, como dice el refrán, el diablo está en los detalles. Todo sale mal desde el principio, porque dejar el atraco en manos de Hank es una mala decisión, sobre todo si este dedice subcontratarlo. 

En cualquier caso, tan importante como la poderosa narrativa que imprime Sidney Lumet a este filme son las reflexiones que conlleva. Porque al final las decisiones vitales que tomemos pueden llevarnos al desastre o salvarnos. Claro que también está el factor suerte. Una suerte que los hermanos Hanson se atreven a tentar de una manera totalmente irresponsable. Hank se verá perdido desde el principio, desesperado e intentando huir de la realidad. Andy, a pesar de todos los desastrosos contratiempos que se van acumulando a su plan, cree tenerlo todo bajo control, seguramente por la influencia nefasta de su adicción a la heroína. Antes que el diablo sepa que has muerto nos dice que el mal cotidiano puede irrumpir en el momento menos pensado en la vida de gente inocente, como la madre de los protagonistas, y reclutar para sus filas a los débiles de espíritu, incapaces de decir no a la tentación. Sobre todo en una sociedad como la estadounidense, en la que es tan sencillo hacerse con armas de fuego. Lo cierto es que a los pobres hermanos Hanson no se les concede ni media hora en el paraíso.

sábado, 7 de noviembre de 2015

MEJOR... IMPOSIBLE, DE JAMES L. BROOKS.

A primera vista, Mejor.. imposible, no parece más que un mero vehículo de lucimiento de Jack Nicholson. Y hay parte de verdad en esta afirmación, porque el papel protagonista parece escrito para él, pero afortunadamente la película de James L. Brooks cuenta con muchos más ingredientes, entre los que destaca un guión excelente, optimista y con abundantes dosis de comedia, pero mucho más complejo de lo que parece a primera vista.

Melvin Udall es un enfermo. Padece un severo transtorno obsesivo-compulsivo, es decir, su mente alberga habitualmente ideas obsesivas que le causan una angustia permanente, por lo que debe realizar actos un tanto insólitos para intentar liberarse de ellas: lavarse las manos con un jabón distinto cada vez, pasear sin pisar las líneas de la acera y, en lo posible, seguir rutinas estrictas en su vida cotidiana. Además Melvin es un ser extramadamente desagradable con el prójimo. Brutalmente sincero, no le importa manifestar públicamente sus pensamientos racistas, xenóbofos, homófobos y machistas. Sus intereses empiezan y terminan en sí mismo, por lo que cualquier alteración en la tranquilidad de sus hábitos, es percibida por él como la peor de la catástrofes. Lo paradójico es que se gana la vida como escritor de género romántico, con gran éxito porque, a decir de sus lectoras, nadie es capaz de captar mejor que él los sentimientos femeninos.

En cierta forma Mejor... imposible funciona como un cuento moral, como una gran conspiración del azar para que el hombre maduro y gruñón aprenda un poco de empatía, que la relación con otros seres humanos (y caninos) no es solo motivo de fastidio, sino una fuente de beneficios mutuos, en las que todos pueden aportar algo. Que en medio de este proceso le asalte el sentimiento amoroso no es más que un estímulo más para que el protagonista realice un examen íntimo de conciencia y se proponga abordar unos revolucionarios cambios en su actitud ante la existencia. Quizá también le ayude el hecho de advertir, una vez que salta las barreras que le separaban de los demás, que él no es el único sufriente, el único ser solitario en el mundo, por mucho que las apariencias le hayan dicho hasta el momento lo contrario.

Por otra parte, hay que apuntar que la trama no se priva de denunciar la situación de la Sanidad en Estados Unidos. Nada menos que dos personajes se ven afectados por aquel sistema, uno de ellos pierde su hogar por no poder pagar la factura del hospital, después de haber recibido una paliza para robarle en su propio domicilio y el seguro médico de la protagonista es insuficiente para cubrir las atenciones médicas que necesita su hijo enfermo de asma crónico.

La de Brooks es una de esas producciones bienintencionadas que nos intentan acercar al mundo de esta clase de enfermos desde una perspectiva amable, aunque la realidad sea mucho más dura. Otro ejemplo famoso y muy reciente es el Sheldon de The Big Bang Theory. Por una parte, la enfermedad se populariza y la gente la acepta mejor, pero por otra la información que llega está edulcorada. El happy end de Mejor... imposible quizá no lo sea tanto si pudiéramos asomarnos al futuro inmediato de la recién constituida pareja.

lunes, 7 de septiembre de 2015

IDA.

El siglo XX fue muy duro con Polonia. La Segunda Guerra Mundial comenzó con la agresión alemana a su territorio. Lo que no suele recordarse tan habitualmente es que los soviéticos habían pactado con Hitler repartirse el territorio polaco y la invadieron a su vez por el este. Un par de años después, en 1941, Alemania invadió la Unión Soviética y acabó perdiendo la guerra. La URSS liberó Polonia, pero bien pronto sus habitantes constatarían que se enfrentaban más bien a una nueva conquista. Desde el principio se organizó una represión generalizada de los militantes en organizaciones políticas no comunistas, siendo el ejemplo más sangrante la realizada contra muchos de los miembros del ejército clandestino polaco que se había levantado contra los nazis en Varsovia. Aunque hubo elecciones libres (que perdieron los comunistas), pronto éstos se harían con el poder, con la ayuda de su control de la policía secreta y la presencia del Ejército Rojo. Bajo los auspicios de Stalin, se establecería un régimen de corte totalitario, en el que el Estado estaría presente en todos los aspectos de la vida del individuo, desde lo laboral (se intentó que todas las empresas fueran públicas) hasta el tiempo de ocio. 

Ida transcurre en el año 1960, durante el gobierno de Wladyslaw Gomulka, un dirigente comunista que había conseguido cierta independencia respecto al control soviético del país. Bajo su gobierno se liberalizaron algo las costumbres, permitiéndose entre cosas la música jazz y rock, algo que se muestra en la película, aunque siempre con la limitación del respeto a la decencia en las costumbres. A pesar de ello, esto no evitó que la situación económica siguiera siendo desastrosa, con las consiguientes huelgas y la creación de organizaciones independientes, como el sindicato Solidaridad, ya en los años ochenta. Respecto a la situación religiosa, a principios de los años cincuenta, el primado Wyszynski había llegado a un entendimiento con las autoridades comunistas, para permitir que la iglesia católica siguiera desarrollando sus actividades sin sobresaltos. A cambio, debía reconocerse la legitimidad del Estado y recomendarse entre los creyentes la obediencia a las autoridades, un acuerdo que causó escándalo a no pocos cristianos.

En estas circunstancias, la película de Pawlidowski nos presenta a Anna, un personaje inocente, que lleva desde la más tierna infancia ingresada en un convento, donde ha asumido con toda naturalidad su naturaleza de novicia y todo lo que ello implica: obediencia, castidad y humildad. Antes de tomar los hábitos como monja, la superiora le recomienda que visite a su tía, el único familiar vivo que le queda. Conocerla va a suponer para Anna enfrentarse bruscamente a su pasado, que es el pasado de su país: su tía Wanda, que es una dura jueza comunista, le revela que en realidad es judía y que su verdadero nombre es Ida. Siendo niña, durante la ocupación nazi, su familia fue asesinada en circunstancias oscuras, por lo que emprenderá un viaje con Wanda para averiguar la verdad de aquellos hechos. A partir de aquí el film adquiere cierta condición de road movie. Las protagonistas se pasean por una Polonia rural y ciertamente sórdida, llena de personajes autodestructivos que parecen haber abandonado toda esperanza de alcanzar alguna vez ese estado difuso que llamamos felicidad. El comunismo es tan gris, tan en blanco y negro como la fotografía de Ida, un régimen que hacía algunas concesiones secundarias, pero en lo fundamental - economía planificada y represión de la disidencia - se mantenía incólume. El individuo no tiene importancia, si no se inserta en la idea de proletariado que el Estado dice proteger.

Así pues, la protagonista aprende más sobre la vida auténtica en tres días que en toda su vida anterior. Experimenta la vida auténtica, siempre desde la moderación de su condición religiosa y saca sus íntimas conclusiones. Además, es capaz de apreciar y querer a un ser de carácter totalmente opuesto al suyo: su tía Wanda, una mujer que ha tratado de exorcizar el pasado a través de la venganza y que ha acabado convertida en una burócrata alcohólica y absolutamente hastiada de la existencia. Ida es un retrato elegante y a la vez nada complaciente acerca del pasado inmediato de un país que todavía está recuperándose de la profunda cicatriz adquirida en el siglo pasado. 

miércoles, 24 de junio de 2015

LA ÚLTIMA ESTACIÓN.

A principios del siglo pasado hacía ya tiempo que León Tolstói era poco menos que el santo patrón de Rusia, el orgullo nacional de aquel país, el escritor más leído y el más conocido fuera de sus fronteras. Además, como los santos auténticos, Tolstói quiso hacer de su existencia un reflejo de sus inquietudes filosóficas, por lo que fundó en su finca de Yásnaia Poliana una especie de paraíso utópico en el que se aplicaban los principios del movimiento tolstoyano, que comprendía la educación y el trabajo digno de los campesinos. Se trató de un movimiento tan popular como efímero, que prácticamente desapareció con la figura de su creador, seguramente porque la Historia, con la Revolución y la instauración del comunismo, lo dejó atrás, como objeto de curiosidad de los historiadores, pero sin apenas trascendencia práctica.

La película de Michael Hoffman, realizada para conmemorar el centenario de la muerte del autor de Guerra y Paz, recoge la crónica de los últimos días del escritor, unas jornadas al parecer muy agitadas, debido al permanente conflicto que mantenía con su mujer (una espléndida Helen Mirrer), que secunda a un Christopher Plummer perfectamente caracterizado como León Tolstói. Dicho conflicto tenía que ver con la cuantiosa herencia de un escritor que había vendido millones de ejemplares de sus obras. Sofía, que llevaba casada cuatro décadas con él, pretendía que la totalidad de los bienes pasaran a ella y a sus hijos. Tolstói tenía una perspectiva diferente, consecuente con sus ideas filosóficas y pretendía que una parte importante de la herencia pasara al pueblo ruso. Para presionar en este último sentido, la presencia permanente de Vladimir Chertkov, editor de la obra de Tolstói y devoto tolstoyano, era un constante insulto para Sofía, que lo veía como una especie de ladrón de lo que le pertenecía por derecho. 

Lo mejor de La última estación es la química entre los dos protagonistas, ese matrimonio cuya relación de amor-odio llena la pantalla, mientras otros personajes como Valentín Bulgakov, el joven secretario personal del escritor, intentan mediar para que la ruptura entre ambos no sea completa. Todo esto derivó en la fuga de un Tolstói ya enfermo, que acabó falleciendo en una estación ferroviaria cercana a Yásnaia Poliana, mientras periodistas de medios de toda Rusia retransmitían a sus periódicos, prácticamente en directo, detalles de la agonía de la gran gloria nacional. Todo este ambiente de pérdida irreparable está perfectamente reflejado en la realización de Hoffman, una película concebida sobre todo para el lucimiento de su elenco protagonista y que acierta en su pretensión de acercar la figura del gran escritor ruso al gran público.

sábado, 23 de mayo de 2015

SURCOS, DE JOSÉ ANTONIO NIEVES CONDE.

Una familia baja de un tren en Atocha. Vienen del campo y quieren establecerse en la gran ciudad en busca de una vida mejor. Estamos en Madrid a principios de los años cincuenta. Hace más de una década que acabó la Guerra Civil, pero todavía son tiempos de hambre y privaciones. España se encuentra aislada internacionalmente y se producen los primeros intentos de emigración interior. El medio rural se encuentra dominado por unos terratenientes que en muchas ocasiones, en complicidad con las autoridades, se dedican al estraperlo, actividad que produce enormes beneficios a unos pocos y condena al hambre a la mayoría. En algunos casos la situación era tan escandalosa que tenía que intervenir el gobierno, como refleja por ejemplo este informe recogido en Valencia (esta ciudad parece tener una antigua tradición en este sentido) en 1940 y citado por Carme Molinero en su ensayo La captación de las masas:

"El Partido ha tenido que tomar la resolución de, bajo las órdenes de esta Jefatura, emprender una campaña contra el estraperlo, que había alcanzado proporciones asombrosas y descaradas en esta provincia. Ello ha dado por resultado el descubrir, por medio de unas brigadillas especiales, que a las órdenes de esta Jefatura y en colaboración con el señor Gobernador Civil funcionan, una serie de negocios sucios en los que intervenían personas perfectamente situadas económica y políticamente, y que muchos de estos casos se encuentran ya tramitados en la Fiscalía de Tasas."

El retrato que ofrece Nieves Conde del Madrid de la época es tan preciso como asombroso. Una ciudad gris y grasienta en la que solo se puede aspirar a una vida digna por dos vías: perteneciendo a las altas instancias del bando de los vencedores o realizando actividades relacionadas con la lucrativa industria del estraperlo. Los protagonistas tienen que alojarse en Lavapiés, en un corralón saturado de familias y decenas de niños que corretean por el patio. Pronto tendrán que intentar adaptarse a la realidad de una ciudad que les ofrece su cara más sórdida. Muchos de los personajes que van a ir encontrándose pertenecen a un submundo criminal dominado por don Roque, un hombre que parece tener participación en todos los negocios sucios de Madrid, aunque siempre sepa cómo no implicarse personalmente en ninguno de ellos. 

Los miembros de la familia que intentan decantarse por trabajos más honrados encuentran un mercado laboral saturado (solo hay que contemplar la escena que se desarrolla en la Oficina de Colocación, qué poco hemos cambiado en algunas cosas..) y un remedio temporal en la venta de tabaco de contrabando, actividad poco recomendable para gente sin experiencia, como don Manuel. Don Manuel es uno de los personajes más interesantes de Surcos. Hasta entonces ha sido el indiscutible cabeza de familia, pero en esta nueva realidad su posición va a verse cuestionada rápidamente: inútil para todo lo que no sean trabajos rurales, su humillación personal comenzará cuando tenga que dedicarse a las labores de hogar y seguirá cuando compruebe que su autoridad ya no sirve de nada frente a una mujer que solo piensa en nuevas fórmulas de ganar dinero y unos hijos que se amanceban ante sus ojos o escapan del hogar.

La gran pregunta que se hace todo espectador de Surcos es la siguiente: ¿cómo consiguió esta joya neorrealista pasar la censura? Bien es cierto que su director había hecho la Guerra Civil y tenía un puesto destacado en Falange, pero también lo es que el retrato que ofrece del Madrid más sórdido podría haber sido firmado sin cambiar ni un plano por el más acérrimo enemigo del Régimen. Pocas esperanzas ofrece el nuevo Estado para combatir la pobreza rural, más que volver al campo, con vergüenza y fracasados, como ellos mismos dicen, y sobrevivir con los escasos frutos de la tierra. Además se trata de una película que no ofrece apenas concesiones y trata a sus personajes de un modo despiadado y cruel, no ahorrando escenas de violencia, que reflejan fielmente el darwinismo social de la gran ciudad en los años cincuenta. Surcos constituye una experiencia inaudita en el desolador panorama cinematográfico español de la época.

sábado, 21 de marzo de 2015

CALLE MAYOR.

El viernes fue un día especial para el ciclo Literatura y cine que venimos celebrando desde hace ya casi cinco años en la biblioteca Cristóbal Cuevas. Por primera vez nos hemos incorporado a la programación oficial del Festival de Málaga, por lo que la ocasión requería recordar uno de los grandes clásicos de nuestro cine: Calle Mayor, de Juan Antonio Bardem.

En el páramo cultural que era la España de los años cincuenta, a veces surgían prodigios como Bienvenido Mister Marshall, Surcos o esta Calle Mayor, obras que, a su inmensa calidad cinematográfica unen el mérito de haber esquivado la omnipresente censura de la época, logrando mostrar un retrato fiel de un país triste y grisáceo, muy alejado del modelo oficial del cine franquista.

Nos encontramos en una pequeña ciudad de provincias, donde la vida está regida por la más estricta monotonía. La costumbre de los domingos por la mañana es pasear por la Calle Mayor, después de misa. Casi todo el mundo se conoce, es difícil dar un paso sin pararse a saludar a alguien. El sueño del aburrimiento egendra monstruos. Existe un pequeño grupo de hombres (el Guasa-club, en la obra original de Arniches), que dedican su tiempo a urdir bromas pesadas contra sus semejantes. El objetivo es sencillo: superarse en cada ocasión y echar unas risas. Es mejor no contar con muchos escrúpulos a la hora de planificar las bromas, porque si no perderían su esencia lúdica. En cualquier caso, simular un noviazgo con una mujer ya madura y soltera, que ha perdido la esperanza de vivir una gran historia de amor, suena demasiado cruel.

Pero esa es precisamente la labor que acepta Juan, un empleado de banca que no lleva mucho en la ciudad, para no desmerecer ante sus nuevos amigos. Juan es un hombre medianamente ambicioso: le gustaría hacerse con un buen puesto en la sucursal en la que trabaja y casarse con alguna muchacha de familia bien. Por eso no se comprende como acepta casi sin oponer resistencia emprender una tarea con la que, cuanto menos, se labrará una pésima reputación ante el resto de la ciudad (este es uno de los pocos peros que se le puede poner a un guión por lo demás impecable). Puede decirse que Juan es también una víctima en esta historia, víctima de una inmadurez colosal.

Por su parte, Isabel, vive en un mundo de decencia y devociones, por lo que se trata de la víctima perfecta. Al sentirse protagonista de la historia de amor tantas veces soñada, Isabel se encierra en un mundo de fantasía, en el que es incapaz de percatarse de los indicios que podrían advertilrle de que está siendo víctima de una burla cruel. Se trata de una mujer que se gana al espectador desde su primera aparición: absolutamente decente, simpática, bondadosa y nada fea. Si no ha podido casarse seguramente ha sido por mala suerte o por la situación poco acomodada de su familia (ella nombra a su padre, oficial del bando franquista que tuvo la mala suerte de morir en los primeros días de la Guerra Civil). Todo nos indica que esta historia va a destruir lo único que le quedaba a esta mujer, su ilusión por el futuro, ya que en una  ciudad de provincias, los sentimientos personales no lo son todo, ni siquiera lo más importante. La reputación está por encima. Quien es estiquetado de una determinada manera, difícilmente va a ser capaz de quitarse ese estigma.   

Calle Mayor funciona también como una metáfora de esa España gris a la que he aludido antes, aburrida monótona, sin cultura y absolutamente machista. Es curioso que una película con este tono se base en una obra de teatro tan banal como La señorita de Trevélez, de Carlos Arniches, un mero divertimento teatral con algunas gotas de ingenio, pero que poco tiene que ver con la obra de Bardem más allá de la inspiración argumental. Ni siquiera sus personajes denotan la más mínima profundidad, con ese lenguaje arcaico y presuntamente ingenioso que es norma entre todos ellos. No obstante, es interesante rescatar uno de sus diálogos, en el que uno de los personajes justifica esta cultura de la broma:

"La burla es conveniente siempre; sanea y purifica; castiga al necio, detiene al osado, asusta al ignorante y previene al discreto. Y, sobre todo, cuando, como en esta ocasión, escoge sus víctimas entre la gente ridícula, la burla divierte y corrige."

miércoles, 21 de enero de 2015

GARAGE OLIMPO.

Es posible vivir en un país donde militares vestidos de civiles irrumpan impunemente en su hogar y se lleven a su hija. Es posible que la policía archive la correspondiente denuncia y le mire mal cuando vuelve usted a la Comisaría por enésima vez para ver si hay noticias de la desaparecida. Y es posible también que los curas en los confesionarios colaboren con el régimen criminal e intenten obtener información de los familiares de los detenidos a través del sacramento de la confesión. Esto es Argentina en los años setenta. Pero también podría ser Chile y otros lugares. Demasiados.

En Argentina la represión contra los llamados subversivos fue brutal. El ejército, a través de cuerpos especiales, se dedicaba a asaltar las viviendas de quienes consideraban enemigos, practicando la tortura con éstos con el fin de conseguir nuevas presas que permitieran limpiar el país, en una búsqueda de pureza ideológica demencial. Quienes lo hacían se sabían impunes. Tuvieron que pasar muchos años hasta que pudo juzgarse a algunos responsables, pero jamás se podrá hacer suficiente justicia a los miles de muertos y desaparecidos. 

En realidad Garage Olimpo nos aproxima al horror a través de una historia íntima, la historia de María, una jovencísima militante clandestina de izquierdas que es detenida y torturada en uno de los centros clandestinos más trístemente famosos: el garage Olimpo, situado en pleno Buenos Aires. Allí se encontrará con que uno de sus verdugos es Félix, un huésped de su propia casa con el que llevaba algún tiempo flirteando. Pronto se dará cuenta de que su única esperanza de escapar es enamorar a Félix. Éste accederá a mantener una relación con ella, pero de un modo enfermizo, asumiendo los roles de cada uno en un juego de poderes con un absoluto aprovechamiento de la situacion por parte de él, procurando no enamorarse de la enemiga hasta el punto de traicionar a sus superiores.

En ciertos aspectos la película de Bechis tiene vocación documental. La forma de mostrar la vida cotidiana en el centro de torturas es cruda y absolutamente creíble: la suciedad de las celdas, la desesperación de quienes saben que no saldrán de allí con vida y la banalidad de los torturadores, que fichan todos los días como los funcionarios que acuden a una oficina. Todo tan sórdido como monótono para quienes están insensibilizados al dolor ajeno. El espectador no puede sino quedar afectado en lo más íntimo ante este retrato de las entrañas de la dictadura argentina, que se ensaña con una pobre muchacha, símbolo del sufrimiento de tantos desaparecidos y sus familias. Aunque Bechis no obvia escenas de lo más desagradable, no llega hasta el punto de añadir tomas explícitas de las torturas. Ya bastante horror es asistir a su preparación, escuchar los gritos y ser testigo de las consecuencias. 

Si algo queda claro en Garage Olimpo es que durante la dictadura, la impunidad del Estado contra los derechos humanos era un hecho tan corriente que las torturas podían practicarse en un edificio céntrico, sin que los ciudadanos que paseaban por esa misma acera se percataran de nada o, más bien, no quisieran percatarse. El silencio de un país entero era tan estridente como los gritos de la joven inocente sacrificada a la satisfacción sádica disfrazada de deber. El Oceáno fue la gran tumba final de miles de seres anónimos. Estremece pensar que algo así pueda volver a suceder, que esté sucediendo ahora mismo en alguna parte.

domingo, 28 de diciembre de 2014

EL NOMBRE DE LA ROSA.


“Escribí una novela porque tuve ganas. Creo que es una razón suficiente para ponerse a contar. - cuenta Umberto Eco en las Apostillas a El nombre de la rosa -  El hombre es por naturaleza un animal fabulador. Empecé a escribir en marzo de 1978, impulsado por una idea seminal. Tenía ganas de envenenar a un monje. Creo que las novelas nacen de una idea de ese tipo y que el resto es pulpa que se añade al andar.”

A veces resulta fascinante conocer cual fue la semilla de las grandes obras, como se va construyendo una estructura literaria con unos cimientos que van reforzándose poco a poco hasta que la historia toma forma, va alimentándose a sí misma y crea un mundo en el que el lector puede penetrar y vivir instalado cómodamente un tiempo en él. Yo ya lo he hecho, gozosamente, en tres ocasiones con El nombre de la rosa, quizá una de las novelas más influyentes del siglo XX. 

Principios del siglo XIV. Un hombre con una montura sube una angosta cuesta que desemboca en un tenebroso edificio. Le acompaña un muchacho, su discípulo. Es un detective. Miento, no es un detective, es un monje, pero un monje un poco diferente, un indagador de la verdad que no se conforma con el mensaje de las sagradas escrituras. Guillermo de Baskerville quiere saber más. Es un bibliófilo empedernido en una época en el que el acceso a los libros se encuentra muy limitado. La cultura está salvaguardada en las bibliotecas de las viejas abadías, pero sus guardianes son muy celosos: temen que otras verdades disputen la primacía del pensamiento eclesiástico oficial. 

Porque uno de los ejes centrales de esa obra maestra de la literatura que es El nombre de la rosa se encuentra en el simbolismo de la Biblioteca de la abadía benedictina, foco a la vez de sabiduría y represión de la cultura, donde se encadenan una serie de misteriosos crímenes que parecen tener como eje la existencia de un libro prohibido. Este argumento puede parecer un poco trillado en la actualidad, pero en su momento fue muy original, el secreto del entusiasmo que suscitó la novela desde el primero momento, convirtiéndose en algo muy escaso hoy en día: un best seller de calidad. La Biblioteca, una de las más grandes de la cristiandad, está repleta de tesoros, pero su misma estructura es un laberinto. Su guardián en la sombra, Jorge de Burgos, no es más que un trasunto de Jorge Luis Borges. Verdad y mentira, gloria y pecado se confunden en los anaqueles de un laberinto oscuro, lleno de espejos y trampas:

“—De modo que, salvo dos personas, nadie entra en el último piso del Edificio…
El Abad sonrió:

 —Nadie debe hacerlo. Nadie puede hacerlo. Y, aunque alguien quisiera hacerlo, no lo conseguiría. La biblioteca se defiende sola, insondable como la verdad que en ella habita, engañosa como la mentira que custodia. Laberinto espiritual, y también laberinto terrenal. Si lograseis entrar, podríais no hallar luego la salida.”


“Para aquellos hombres consagrados a la escritura, la biblioteca era al mismo tiempo la Jerusalén celestial y un mundo subterráneo situado en la frontera de la tierra desconocida y el infierno. Estaban dominados por la biblioteca, por sus promesas y sus interdicciones. Vivían con ella, por ella y, quizá, también contra ella, esperando, pecaminosamente, poder arrancarle algún día todos sus secretos. ¿Por qué no iban a arriesgarse a morir para satisfacer alguna curiosidad de su mente, o a matar para impedir que alguien se apoderase de cierto secreto celosamente custodiado?”

Además, la existencia de la Biblioteca da pie a interesantes reflexiones acerca de la relación entre libro y lector:

 
“Hasta entonces había creído que todo libro hablaba de las cosas, humanas o divinas, que están fuera de los libros. De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí. A la luz de esa reflexión, la biblioteca me pareció aún más inquietante. Así que era el ámbito de un largo y secular murmullo, de un diálogo imperceptible entre pergaminos, una cosa viva, un receptáculo de poderes que una mente humana era incapaz de dominar, un tesoro de secretos emanados de innumerables.”

La historia es contada en primera persona por Adso de Melk, décadas después de sucedidos los hechos. En su relato transmite un gran amor y admiración por su maestro, un Guillermo de Baskerville que, al igual que Sherlock Holmes posee una mente analítica, capaz de examinar y ordenar los hechos para llegar a la verdad, aunque las condiciones en las que va a efectuar sus indagaciones distan mucho de ser las ideales. En primer lugar la auténtica misión de Guillermo es política. Se trata de preparar una entrevista entre los delegados del papa Juan XXII y los representantes de una rama de los franciscanos que podría declararse herética: los espirituales, que cuentan con el apoyo del emperador, aunque este amparo tenga más razón de ser en las luchas por el poder espiritual que en convencimientos teológicos. Además, cuenta con la hostilidad de buena parte de los habitantes del monasterio. 

Bajo la fina capa de virtud y armonía de la convivencia de los monjes laten envidias, deseos carnales y conflictos soterrados. El recién llegado franciscano tiene que ponerse al día con todo ello e investigar una serie de asesinatos que parecen basarse en el libro del Apocalípsis: otra de las obsesiones de la época era la llegada inminente del fin de los tiempos. Otro de los grandes debates profundizaba en la cuestión de la pobreza de Cristo, acerca de si ésta circunstancia debía aplicarse a la iglesia que él fundó, lo cual implicaría el desprendimiento de sus riquezas (idea de la que bebieron numerosos grupos heréticos) o si dichas riquezas eran un necesario reflejo de la gloria divina.

La novela de Umberto Eco combina muy bien su estructura policial con su vocación filosófica y teológica, ofreciéndonos un cuadro muy didáctico de las preocupaciones de los religiosos de la Baja Edad Media, una época en la que el cristianismo llevaba siglos asentado como religión preponderante e incontestable en occidente. El mismo Guillermo cuenta con un pasado como inquisidor, del que se avergüenza, porque él íntimamente cree que solo puede conseguirse llegar a la verdad a través de la tolerancia entre culturas y diferentes formas de pensar. El mundo es también una gran Biblioteca y los conflictos que lo oprimen terminan favoreciendo a los fanáticos, como su gran enemigo, el dominico Bernardo Gui, tenebroso inquisidor que quiere reforzar el poder papal a través del miedo. El miedo es uno de los grandes sustentadores de la religión. Las gentes simples deben tener presente en todo momento la posibilidad de un infierno eterno para que obedezcan sin condiones. Por eso la risa y el capítulo de la Poética que Aristóteles le dedicó son tan peligrosas:


“La risa distrae, por unos instantes, al aldeano del miedo. Pero la ley se impone a través del miedo, cuyo verdadero nombre es temor de Dios.”

La versión cinematográfica de Jean-Jacques Annaud, que popularizó todavía más la novela, recoge perfectamente el ambiente siniestro de la abadía medieval. Entre su acertado elenco de actores destaca sobremanera la interpretación de Sean Connery, quizá la mejor de su carrera, puesto que hace suyo a Guillermo de Baskerville, tanto que el lector de la novela no puede imaginarlo con otro rostro. Es lógico que la película se centre más en la trama policial, la parte más cinematográfica de la narración, pero no descuida algunos aspectos teológicos aunque, lógicamente, tenga que exponerlos muy resumidos. Un perfecto complemento a la lectura del libro de un Umberto Eco que jamás volvería a alcanzar el nivel narrativo de esta novela.