viernes, 12 de abril de 2019

Vida, estética y arte



              Por José L. Heredia Castilla


 "La belleza es un estado de ánimo"  

Émile Zola



 • ORIGEN DE LA ESTÉTICA Y DEL ARTE 
     Mientras se puede considerar que algunos organismos son sensibles a los estímulos estéticos de su propia especie y de lo que le incumbe de su entorno, el ser humano es sensible no solo a una parcela propia y reducida sino que lo es a las cualidades estéticas de cualquier otra especie y de todo lo existente. Parecemos hiperperceptores de cualidades estéticas. 
     De una forma general hay formas, colores, olores o sonidos -también tactos- que percibimos y procesamos. Coexisten, en el conjunto de lo perceptible, fenómenos con cualidades generales y neutras y otros que actúan como estímulos estéticos activos. Entre los primeros estarían por ejemplo los astros cuyos aspectos ni han surgido ni han evolucionado para gustar, aunque lo hagan, y entre los segundos está la cola del pavo real que sí evolucionó para ser decisiva en la elección de pareja de las pavas y de paso a nosotros también nos puede gustar y dejarnos asombrados. 
     Si hacemos una prospección de las bases de lo estético sabemos que hay una modificación en las características de los organismos debido a la sexualidad. En ese terreno los seres han desarrollado una apariencia que atrae fuertemente y estimula la capacidad receptiva del otro de la misma especie. En este sentido ya se ha mencionado el caso claro del pavo real y podemos mencionar también aquí otros ejemplos como el de las flores con sus formas, texturas, colores y olores o el propio atractivo de los cuerpos y los seductores comportamientos y formas de ser de nuestra especie. Asimismo se pueden intuir otros factores que han podido servir de base a nuestra formación estética, como la relación estrecha con el hábitat, lo relacionado con los afectos o lo relativo a la alimentación.¹ 
     Nos fijamos en algo y ello posibilita la experiencia estética. El objeto que nos atrae o que apreciamos abarcaría tantos intereses y necesidades como tengamos, yendo desde lo que simplemente llama algo nuestra atención hasta lo que pertenece a una esfera vital. Realmente somos unos seres capaces de apreciar la estética de todo lo que nos rodea, contemplando tanto lo que tiene alguna intención de gustar como lo que se muestra indiferente. Y entre lo que nos puede gustar y disgustar está lo originado por la naturaleza sin intervención humana o lo que tiene participación de esta última. Sorprende comprobar cuánto hay tocado por la mano humana en nuestras vidas. Y tocado por la mano humana quiere decir en muchísimos casos «diseñado» o hecho para ser práctico y gustar.
     Así podemos deducir que lo que tuvo su inicio siendo parte de aspectos biológicos básicos amplió su campo de influencia multiplicando los objetos capaces de seducirnos debido a nuestra inteligencia y sensibilidad en tanto crecía nuestra faceta cultural como especie, habiendo tenido esto su origen en algún «momento evolutivo» de la prehistoria y desarrollándose hasta la actualidad. Este fenómeno conlleva, además de la apreciación y valoración de múltiples y disimiles cosas, la selección y creación de elementos con contenido estético dotados de cualidades visuales, táctiles, relacionadas con el gusto, los olores y los sonidos; y con posibilidades narrativas, expresivas, etc. Todo lo cual llevaría implícito el nacimiento del arte cuando de entre las artes generadas y de entre sus obras se contemplaran y se tuvieran a algunas de ellas (obras y artes) como poseedoras de valores especiales.

 • UNA CONDICIÓN PARA LA APRECIACIÓN ESTÉTICA ES NUESTRO ESTADO DE ÁNIMO 
     Generalmente con un buen estado de ánimo se perciben con gusto los rasgos definitorios de las cosas. Posibilitando un modo de ver que puede estar en la linea de lo observado por Marco Aurelio, que tiene en cuenta la complementariedad de los aspectos de la realidad en su conjunto: 
     El pan al cocerse se agrieta en ciertas partes. Pues bien, esas grietas se forman de tal modo que nada tiene que ver con el arte del panadero, pero en cierto sentido son un gran acierto y sobre todo estimulan en gran manera el deseo del alimento. Del mismo modo los higos, cuando están muy maduros, se abren. Por otra parte, contemplamos las aceitunas que han alcanzado la madurez total: precisamente ese aspecto tan cercano a la podredumbre añade al fruto una belleza especial. También las espigas cuando se inclinan hacia la tierra; la fiera expresión de los leones; la espuma que fluye de la boca de los jabalíes e innumerables ejemplos que, si se consideran en sí mismos, están muy alejados de la belleza, pero que en cualquier caso, por el hecho de perseguir un orden natural, añaden a este adorno y deleite. Sucede, pues, que si alguien tiene sensibilidad e inteligencia suficientemente profunda para captar lo que sucede en el conjunto, casi nada le parecerá, incluso entre las cosas que acontecen por efectos secundarios, no comportar algún encanto singular.² 
    Continuando con el repaso iniciado podríamos señalar que un estado de ánimo predominantemente eufórico (manía en su versión patológica) nos dará una visión distorsionada en la que el ego tiene una prevalencia exagerada; asimismo un estado triste (depresivo en su grado patológico) aportará una visión apagada y desmotivada. En esos estados depresivos los rasgos definitorios de las cosas parecen rehuirnos y no se alcanza satisfacción en la mirada.³ Los estados de ánimo, parece pues, condicionan nuestra vivencia de nosotros mismos y de lo que nos circunda siendo decisivos para nuestras impresiones estéticas. 
     Ilustraremos con dos ejemplos literarios extraídos de Anna Karenina, la novela de León Tolstoi, cómo actúan dos estados de ánimo contrapuestos a este respecto. En ellos el autor nos muestra lo que están viviendo y viendo sus personajes en sintonía con sus estados anímicos. En primer lugar Vronski, el enamorado de Anna Karenina, disfruta del siguiente momento de dicha de este modo: 
    «¡Estoy contento, contento!», se dijo. Ya antes había experimentado esa misma sensación de complacencia física en su propio cuerpo, pero nunca se había sentido tan contento de sí mismo y de su cuerpo como ahora. Le agradaba notar el ligero dolor en la membruda pierna, le agradaba la sensación de movimiento muscular en el pecho cuando respiraba. Ese día de agosto, claro y frío, que tan desalentada había dejado a Anna, le parecía a él sobremanera estimulante, refrescándole la cara y el cuello que aún le escocían por las abluciones en agua fría. El aroma de brillantina en su bigote le parecía especialmente agradable en ese aire fresco. Todo cuanto veía por la ventanilla del coche, todo en ese aire puro y frío a la luz pálida del ocaso, estaba tan fresco, alegre y lozano como él mismo: los tejados brillantes bajo los rayos del sol poniente, las lineas precisas de las verjas y esquinas de los edificios, las figuras de los transeúntes y los coches que pasaban de vez en cuando, el verdor inerte de los árboles y la hierba, los campos plantados de patatas en surcos paralelos, las sombras oblicuas que proyectaban casas, árboles y arbustos, y hasta las hileras de patatas… todo era bonito, como un lindo paisaje recién pintado y barnizado.⁴ 
    Y tenemos en cambio a Anna -más avanzado el libro- desdichada, con una aversión generalizada, en los momentos que anteceden al trágico desenlace de su historia: 
    Tocó la campana de la estación y cruzaron deprisa varios jóvenes feos e insolentes y, sin embargo, conscientes de la impresión que estaban causando; seguidamente Piotr [criado y cochero], en su librea y polainas, con su cara estúpida y animalesca, pasó también por la sala de espera y se acercó a ella para acompañarla al tren. Los jóvenes vociferantes callaron cuando Anna pasó junto a ellos en el andén, y uno de ellos dijo algo al oído de otro acerca de ella, alguna grosería, por supuesto. Subió al alto estribo del vagón y se instaló en un compartimento vacío, en un asiento sucio que en tiempos había sido blanco. Su valija rebotó en los muelles y luego quedó quieta. Con una sonrisa boba Piotr se quitó el sombrero galonado junto a la ventanilla para despedirse de ella; un revisor insolente cerró de golpe la portezuela y dio vuelta al picaporte. Una mujer fea, con polisón (Anna se lo quitó mentalmente y quedó asombrada de su monstruosidad), y una muchachita que reía con afectación pasaron junto a la ventanilla. -Katerina Andreyevna lo tiene. Lo tiene todo, ma tante- gritó la pequeña. «Es todavía una niña y ya está también mentalmente tullida y llena de posturitas», pensó Anna. Deseosa de no ver a nadie, se levantó apresurada y fue a sentarse en el extremo opuesto del vacío compartimento. Un campesino pringoso y deforme, con un gorro por debajo del cual salía una pelambre enmarañada, pasó junto a la ventanilla, encorvándose sobre las ruedas del vagón. «Hay algo que me es conocido en ese horrible campesino», se dijo Anna.⁵ 
    Tolstoi, escogiendo una forma en el relato que reflejara claramente los estados de ánimo de sus personajes, se alía con ellos y nos transmite sus sensaciones, impresiones y sentimientos en una amalgama junto al entorno. Ambos personajes están bajo las condiciones de sus respectivos estados de ánimo. Vronski está en disposición de ánimo para apreciar la belleza que le circunda y su mirada alegre la encuentra prácticamente en todo. La alegría, que es también la del paisaje se caracteriza por hallar belleza. Mientras que Anna está en una disposición contraria y ve fealdad, y su mirada la encuentra también en casi todo. La desdicha que se funde y confunde con esa estación y ese vagón de tren desvela insistentemente fealdad(6)


  • CONCLUSIÓN
     Para terminar, se ha dicho aquí entre otras cosas, que coexisten estímulos estéticos activos junto a cualidades neutras, que el origen de la estética estaría en nuestra biología, que la evolución de la inteligencia (y la sensibilidad) habría ampliado nuestro bagaje estético propiciando con ello el crecimiento de la incipiente cultura y el nacimiento del arte (entendido ampliamente) y que el estado de ánimo influiría de forma decisiva en nuestras apreciaciones estéticas, habiendo realizado un acercamiento a la comprensión de todo esto. 

Notas: 
1- «Otras adaptaciones del cerebro [aparte de las relacionadas con el sexo], como las que ayudan a un animal a encontrar alimento, a evitar que se lo coman o a reconocer la diferencia entre su madre y su padre, pueden tener consecuencias imprevistas pero relevantes en su definición de la belleza.» (Michael J. Ryan. «El gusto por la belleza. Biología de la atraccción» Ed.: Antoni Bosch editor, 2018, pág.: 16) 
2- Marco Aurelio. Meditaciones, III, 2. Citado en «Historia de la Fealdad», Umberto Eco. Pág.: 33. 
3- A este respecto Richard J. Davidson en su libro «El perfil emocional de tu cerebro» informa de un estudio sobre la base cerebral de las emociones en el que comprobó que las personas con depresión tenían una baja actividad de la corteza visual. (Schaffer, C.E., Davidson, R.J. y Saron, C., «Frontal and Parietal Electroencephalogram Asymmetry in Depressed and Nondepressed Subjects», Biological Psychiatry, 18 (1983), págs. 753-762.) 
4- Anna Karenina. León Tolstoi. Págs.: 408 -409 Ed.: Alianza Editorial, S.A., Madrid. Traducción: Juan López-Morillas. 
5- Anna Karenina. León Tolstoi. Págs.: 961-962 Ed.: Alianza Editorial, S.A., Madrid. Traducción: Juan López-Morillas. 
6- «No hay una linea divisoria neta entre las emociones y el resto de procesos mentales. Los límites entre unas y otros se difuminan. En consecuencia, prácticamente todas las regiones cerebrales desempeñan un papel en las emociones o se hallan a su vez afectadas por ellas, algo que ocurre incluso en el caso de la corteza visual y de la corteza auditiva. Estos hechos sobre la organización neural de las emociones tienen importantes consecuencias para entender por qué nuestras percepciones y pensamientos se alteran con las emociones.» (Richard J. Davidson. «El perfil emocional de tu cerebro» pág.: 110. Ediciones Destino, S. A. 2012. Libro electrónico). 

José Luis Heredia Castilla 
Málaga 6 de abril de 2019

martes, 26 de marzo de 2019

Chismorreo pedante y asustadizo. Un relato de Juana Morante Cayuela




Me cuenta mi amiga y vecina Pepita Cotilla, (a mí, que me registren, que lo dice ella, no yo), inquilina del ático del viejo bloque en el que convivimos, como buenamente podemos, los habitantes con menos poder adquisitivo del  barrio,  que en el bloque de enfrente, ocupado por los envidiados ricos  de mi calle, es decir, los que ganan más de dos mil euros al mes por persona, en el Primero Principal, reservado a los más de los más, vive un matrimonio <que allí no pega>, al decir de mi amiga, que no soporta que alguien combine unos zapatos verdes con un sombrero rosa, formado por Don Diccionario Global y Doña Lenguas Sin Fronteras. 

Dice mi amiga, que lo sabe de buena tinta, porque es amiga de la portera de tan insigne bloque, (que  está que trina porque  no han querido subirle el sueldo y la han amenazado con sustituirla por un portero automático, de esos que tienen un vídeo para saber quién llama). Pepita aprovecha esos momentos en que el lenguaje corporal de la portera dice <estoy que trino> expresado con  vigorosos escobazos al trozo de acera que le corresponde limpiar, para lanzarse,  desde su atalaya, sobre ella.  <A ver, estoy jubilada y así me entretengo y no me deprimo>, me dice Pepita.  Sin necesidad de tirarle de la lengua, la incauta víctima le regurgita todos los trapos sucios que ha ido recogiendo de las basuras depositadas en las puertas de los ocupantes de tan exquisito edificio.

Bien, una vez aclaradas las fuentes de las que proviene el paisaje que describo, retomo el caso de los  inquilinos del Primero Principal que trae de cabeza a todos sus pulidos convecinos.  La causa: Se les ha colado  en el mejor de todos los apartamentos, el matrimonio referido anteriormente. Al parecer, los escarceos amorosos de tan curiosa pareja, frecuentes y nada ortodoxos, escandalizan a sus vecinos de al lado, Doña Sociedad Reinante y Don Gobierno a su trono pegado, y por lo tanto a todos los demás, ya que ellos son <los que más mandan>, según la portera.
      - Es verdad que nosotros los recomendamos -  dicen,  ahora, a modo de disculpa  - pero, ¿quién podía figurarse que hijos de tan honrada familia, de honestidad acrisolada por siglos de esplendor, iban a exponernos a semejante vergüenza? -  Lo peor del caso, es, dicen llorando,  - que son tan prolíficos, que ya mismo no van a caber en el amplio piso que generosamente les hemos otorgado.  No podemos explicarnos cómo le da tiempo a ella para dar a luz a tanta y variopinta prole entre fornicio y fornicio; estamos pensando, si todos estáis de acuerdo, en llamar a un buen exorcista. Es casi seguro que están ocupados por una legión de íncubos y súcubos, y que se multiplican por partenogénesis. Y él, ¿no será también una ella disfrazada, tan blandito como es?   ¡A saber! lo mismo dan a luz los dos y se turnan. Y están infestando a todo el barrio. Cuando salen a pasear con su variopinta prole de colores varios que hablan en distintas lenguas, es evidente que todos ellos son hijos de Satanás. No sé a qué estamos esperando. ¡Pidamos un exorcista al Vaticano, Ya!     



Aprobada por unanimidad de toda la comunidad asistente a la convocatoria, en el portal de la casa, excepto por Don Diccionario Global y Doña Lengua sin fronteras, que a esa hora, las siete de la tarde, estaban viendo un documental sobre el maltrato en general, y que pasaban del tocino rancio. La portera, mientras limpiaba los buzones del portal, iba tomando notas, a falta de notario, y resumió el acta en una escueta nota que decía: TENED CUIDADO CON ESTOS MAJARAS, OS QUIEREN METER EN UN MANICOMIO. Después, disuelta la reunión, metió la nota en el buzón de la pareja discordante.

martes, 19 de marzo de 2019

ENCUENTRO CON MARÍA FRISA Y SU NOVELA CUÍDATE DE MÍ


Por Asunción Cabello López

     Cinco de marzo, último día de carnaval, ¡fuera las máscaras!
     Manuel Velasco, juzgado y absuelto de violar a Noelia Abad, sin que el No me hagas daño de la adolescente le hiciera entender que es ¡NO!, yace retorcido, calcinado bajo la pira de leña en las Jornadas Medievales de la ciudad. 
     ¿Quién se tomó la justicia por su mano?
     La inspectora Lara Samper y la subinspectora Berta Guallar, ambas al Servicio de Atención a la Mujer de Zaragoza, distintas y complementarias, no cejarán hasta aclarar los hechos.
    Preguntas de lectores y respuestas de la autora. 
  •         ¿Cómo es Lara?    Atractiva, elegante, delgada, inteligente, reflexiva, solitaria, con un pasado angustioso del que no sabe escapar…
  •         ¿Y Berta?    Es el contrapunto de su jefa, baja, rechoncha, sin complicidad con el marido, madre de dos hijos a los que presta poca atención, enganchada a su trabajo, simpatizante con las víctimas de pederastia por sentirlas cercanas a sus hijos, acosada en la red…
  •        ¿Y el comisario Millán?   Es la sombra del pasado tortuoso de Lara que envenena su existencia.
  •          ¿Podrán volver a la normalidad la familia y la víctima de tal agresión?   Nunca.
  •          ¿Qué clase de sufrimiento ahoga a María Jesús, la madre del asesinado?  Para saberlo es necesario leer mi libro e intentar comprender su mundo de horror.

     María Frisa, envuelta en el programa "Encuentros con Autores en las Bibliotecas Municipales de Málaga", llegó desde su preciosa Zaragoza a Cristóbal Cuevas a visitarnos. Dijo encantarle nuestras playas, ¡cómo no! y aprovechó para explicar algunas cosas interesantes que le preocupan. Así, desde una mesa presidencial con varios de sus ejemplares erguidos, sin desequilibrio alguno, luz de barra y un público entregado a su encanto natural, paseó su mirada alegre en derredor emitiendo un halo mágico.

«Cuídate de mí, dijo, habla de todo lo malo que nos zarandea día a día en las noticias, desde una violación en manada hasta asesinatos dentro del hogar». Tras esta sentencia añadió una escena propia «Una mañana en que mi hija de cinco años jugaba con un amigo de igual edad, la madre me preguntó "¿qué es peor, tener una hija violada o un hijo violador?", en ese instante, sin dudar, por mi preparación y experiencia de psicóloga, aseguré con vehemencia «¡Una hija violada, por supuesto. En un hijo violador hay algo que no se hizo bien!». «Después de aquello pensé mucho en mi arrebatada respuesta y ahora tengo mis dudas. Un hijo violador debe ser terrible».

     María, además de comentar su interesante investigación para enfrentar con solidez real casos tan tremendamente actuales de su libro, expresó su descontento sobre el difícil posicionamiento de la mujer en el mundo editorial de Novela Negra, adherido generalmente al varón en premios, reconocimientos, ventas. «A nosotras, las escritoras, se nos concede la galantería de aceptar nuestros escritos. Eso sí, en cuentos para niños, novelas para adolescentes, recetas de cocina…, pero en las llamadas "novelas de peso" ¡no! »
     Frisa preguntó al aire en voz alta con cierta pesadumbre «¿Cuándo llegará el momento de recoger premios y reconocimientos literarios en las mismas categorías y cantidades que los hombres?                Volviendo a la novela.  
     Encontramos una narrativa que se adhiere al iris, capítulos cortos, lenguaje sencillo, giros inesperados, personajes secundarios con carácter…, y un final imposible de digerir. Tal vez el hallazgo mayor haya sido llevar al lector, en capítulos alternos, los pensamientos de ambas protagonistas sobre las mismas pruebas aparentemente incriminatorias.
     En definitiva: María Frisa se ha colado en el sentir ciudadano con una novela necesaria en tiempos de terror dentro y fuera de casa. 
      La Cuaresma se derrama silenciosa sobre el Miércoles de Ceniza y posterior Semana Santa.  Toca recogimiento. 
Biografía de María Frisa
 
    María Frisa nació en Barcelona en 1969. Es licenciada en Psicología Clínica, Diplomada en Trabajo Social con un postgrado en Psiquiatría y, actualmente, está cursando Filología Hispánica. Es autora, entre otras, de las novelas, El resto de la vida (2004), Breve lista de mis peores defectos (2006), 15 maneras de decir amor (2008), El cuarto círculo del infierno (2011), Como entonces (Premio de narrativa Universidad de Zaragoza 2010) y Cómo sobreviví a la madre de Pavlito (con uve) (2015). Es la autora de la exitosa serie juvenil 75 consejos, de la que ya se han publicado 8 títulos: 75 consejos para sobrevivir en el colegio (Alfaguara, 2012), 75 consejos para celebrar tu cumpleaños a lo grande (Alfaguara, 2013), 75 consejos para sobrevivir en el campamento (Alfaguara,  2013), 75 consejos para sobrevivir a las extraescolares (Alfaguara, 2014), 75 consejos para sobrevivir a los exámenes (Alfaguara, 2015), 75 consejos para ser popular (Alfaguara,  2016), 75 consejos para sobrevivir en el instituto (Alfaguara, 2016) y 75 consejos para sobrevivir a los profes (Alfaguara, 2017), además de los libros ¡Abajo el cole! (Alfaguara,  2016) y El deporte es lo peor (¡Abajo el cole! 2) (Alfaguara, 2017). En  febrero de 2018 ha publicado en Plaza y Janés la novela negra Cuídate de mí, y en mayo publicará la novena entrega de 75 consejos en Alfaguara: 75 consejos para sobrevivir a los amigos, enemigos y troles varios. 
     Su obra narrativa ha sido reconocida con numerosos galardones nacionales e internacionales y ha sido traducida a varios idiomas (francés, chino, italiano, turco, etc.).

lunes, 18 de febrero de 2019

MUNDO AFÓNICO, de Bernardino Contreras. Encuentro virtual con el autor


Por Pilar López Palomo

Los amantes de la literatura  nos hemos surmergido hoy en “Mundo afónico” de Bernardino  Contreras Rodríguez donde la palabra escrita une, transmite, libera, nos desarrolla la capacidad de adaptación a las dificultades… hace un mundo feliz
Ha sido un encuentro con el autor malagueño, con problemas de comunicación, esta vez por culpa de la tecnología que no nos dejaba concectarnos adecuadamente a través de vídeoconferencia, sufriendo él las mayores dificultades. Echamos en falta “ libreta y bolígrafo para conversar, cartón y rotulador para gritar y papelillos de fumar y lapicero afilado para susurrar”, usando las palabras del autor quien fue muy amable al facilitarnos su obra y  este primer encuentro.
Una novela situada en un pueblo y en un tiempo sin especificar, narrada por muchos personajes, la gran mayoría masculinos (voces del propio autor), que con un lenguaje coloquial y cada uno con el uso de una muletilla especifica nos lleva a conocer la vida de la gente, su visión de la realidad, sus filosofías de andar por casa, frases utilizadas por todos que transmite una verdad aceptada por la mayoría, sin profundizar en ellas, sólo pequeñas pinceladas que hace una lectura ágil y dinámica. Pero los acontecimientos acaecidos en esta pequeña población se hacen universales. Una historia que nos descubre otros medios de comunicación diferentes a la palabra oral, resaltando la palabra escrita y su función poética.
El libro tiene dos partes, una parte feliz, la superación de una dificultad por la unión de todos y la adaptación a los problemas y a las situaciones nuevas. Una parte con bastante humor que te hará reír en bastantes ocasiones.
La segunda parte es una distopía, un mundo infeliz donde la incomprensión, la intolerancia, la prohibición, la persecución, la tortura y la desaparición da lugar a un mundo triste, falto de libertad y de poesía.
Y ambas partes unidas por un personaje que se convierte en mito, en leyenda, un personaje real enriquecido por todos los inconformistas que escriben usando su nombre y por otros que corrigen esos textos, llegando a estar en la memoria colectiva y del que muchos dudan de su existencia.
Y al final, para cerrar la novela, el mismo autor, con su nombre, se hace personaje y narrador, él es el que escribe la novela de la realidad que ve.  Pero para que no tengamos duda una narradora opina, al final, que no recuerda las cosas tal como la relató el escritor.
En resumen, Bernardino ha contado una historia interesante, con un mensaje claro, usando una buena estructura y dando un toque original. Y ha conseguido más de lo que pretendía, superando el localismo y el tema literario.
Sólo me ha dejado dos pequeñas y anecdóticas dudas que le formulo desde aquí. ¿El cura se llama Andrés o Nicolás? ¿La peña de la libreta estaba formada por seis o por nueve?
Mis felicitaciones por tu obra. Hemos sido muchos en el club de lectura que hemos disfrutado leyéndola y ya somos fans tuyos.




jueves, 24 de enero de 2019

MEJILLONES PARA CENAR, de Birgit Banderbeke


Por Asunción Cabello López



Mejillones para cenar no es un anuncio de mercado de abastos, tampoco una invitación a  parientes o amigos, mucho menos una imposición. Tal vez una alerta al poder dictatorial dentro y fuera de casa.

     La alemana Birgit Vanderbeke, a sus 34 años, decide escribir un relato terrorífico.      ¿Cómo contarlo, qué recursos narrativos usar? La respuesta llega fácil.
Al cabeza de familia lo colma de poder, le añade una esposa sumisa que detesta todo lo que dice y hace, una hija que lo odia y admira, más un hijo sin carácter. Y ya tiene cuatro personajes con alto grado de credibilidad.
¿Qué falta?
Una trama silenciosamente explosiva cuya mecha enciende valvas de mejillones al vapor en una cena que pretende festejar al opresor tras regresar de un ascenso en su trabajo.
¿Cómo enhebrar hilos de espanto que se adentren en el lector sin apenas percibirlos?
Con detalles.  

     En una casa de la RFA bajo el concepto, varias veces nombrado por el padre, de una familia tradicional, surge una voz engañosamente infantil en boca de la hija, una "niña mayor de edad", que comienza un monólogo interior bien estructurado sobre demonios que pretenden, desde un oscuro aparador cargado de sellos referentes a las dos Alemanias, devorar cuatro kilos de mejillones ajusticiados en una olla gigante traída de la RDA.

     Nadie tiene nombre, solo estrictas normas y deberes.

     ¿Pretende la autora representar, en la figura del padre, la opresión de Alemania Oriental y el consumismo devastador de la Occidental o, tal vez, quiere mostrar al espeluznante maltratador de todos los tiempos?

     En cien páginas de pavor con aspecto de hombre pobre, hijo natural sin ánimos de ganar el pan de los suyos con trabajos humildes, avergonzado de una madre insignificante desconocida para los vecinos, despectivo con su mujer, tirano con sus hijos. Emigrante de Alemania del Este a la del Oeste, adaptado sin sonrojo a una libertad convenida: trajes caros, alto cargo empresarial, desprecio a tacañería y vestimenta de saldo de su mujer…
    
    Más, aún más.
    Incluye la narradora que, siendo bebé, su padre la estrelló contra la pared por berrear, dañando su cadera. Que insiste en pedir a ella y a su hermano que se tiren a la piscina desde un trampolín a cinco metros de altura, a pesar de ver pánico en sus caras, a cambio de su admiración y cinco marcos. Que enaltece las ciencias desprestigiando las humanidades. Que obliga a los suyos, bajo palabras mansas, chivarse unos contra otros en la soledad de una habitación cerrada, sacando insufribles conclusiones lógicas.

     Vanderbeke, con su narrativa casi imperceptiblemente asfixiante, se adentra lentamente en las entrañas del lector obligándole desear que la espera, desde las seis de la tarde a diez menos cuarto de la noche acabe, al descolgar el teléfono, con el pésame por el fallecimiento del homenajeado a una cena sin consumir de mejillones al vapor asquerosamente babosos.

     ¡Auf wiedersehen, Birgit!
   
   


Birgit Vanderbeke
 
Birgit Vanderbeke, nacida en 1956, en Dahme, territorio de la ex República Democrática Alemana. Emigró junto a su familia a la RFA en 1963. Su primera novela Mejillones para cenar consiguió el prestigioso premio Ingeborg Bachmann. Su estilo impactante usa voces infantiles para denunciar el totalitarismo dentro y fuera del hogar.

Novelas traducidas al español:
Mejillones para cenar (1992)
Alberta tiene un amante (1997)
Tiempos de paz (1998)