viernes, 22 de agosto de 2014

Surcando el infinito, de Mari Carmen Coca



Soy un Águila que surca el infinito.
En el interior de cada ser humano.
Para encontrar en cada uno.
La belleza inmensurable de su  camino.
Con ropaje de luz.  
Ascendiendo cada vez más,
a ese anhelo desconocido.

Lleno de amor.



Mari Carmen Coca
Miraflores de los Ángeles
"Aguas tranquilas" 2011
"Donde la luz me lleve" 2013 

jueves, 17 de julio de 2014

LOS ENAMORAMIENTOS, de Javier Marías


LOS ENAMORAMIENTOS.
JAVIER  MARÍAS

[Atención. Este artículo contiene spoiler o destripe de la trama. Prescinda de leer los párrafos del argumento si piensa leer la novela]

     Con motivo de este libro hemos tenido la última reunión antes de empezar la diáspora del verano.
El libro y el autor venían precedidos de fama, por las críticas que de manera casi unánime habían recibido tanto en autor como al novela, y no sólo aquí en España sino también en el extranjero, y todas halagadoras.
     Cuando cada uno de los participantes comenzó  a manifestar su opinión sobre la novela y el autor, las críticas comenzaron a aparecer, y de manera casi unánime todos coincidimos que la novela en sí había resultado bastante pasada, el autor se había manifestado de una manera aburrida, y para algunos hasta pedante, sus expresiones eruditas  en algunos casos se volvían enervantes y reiterativas. Llama la atención esos guiños que parece hacer a su mundillo de escritores metiendo cosas del mismo que tampoco parece que vinieran muy a cuento  si no se está metido en su mundo. Así como cierta pedantería en sus citas tanto en inglés como francés
     Se le criticaba al autor que sus personajes no se distinguían mucho de su creador, eran bastante artificiales por lo que daban la impresión  que eran meros portadores de la ideología del autor que ponían en sus bocas sus reflexiones y poco más.
Escrito esto pienso que es pertinente  resumir la novela. Arranca la  misma cuando la narradora se fija todos los días  a la hora de desayunar en un bar, en un matrimonio que la llama la atención por la armonía,  que se ve entre ellos la complicidad y el enamoramiento a pesar de los años transcurridos y los  hijos, desprenden amor y felicidad y esto a ella le conmueve. Pasado un poco  de tiempo deja de verlos y ella lo achaca a diversas circunstancias hasta que se entera que él ha sido víctima de un loco que se lo quita de en medio el día de su cumpleaños.
     A partir de aquí la narradora empieza a reflexionar sobre la vida, lo inseguro  que estamos en ella, cómo podemos desaparecer en cualquier momento y este no tiene por qué  ser más o menos inoportuno.                    Comienza    también aquí  a pensar sobre los muertos, lo que estos condicionan la vida  de los vivos y cómo deben de ir dejando su hueco para que la vida continúe. Llega a conocer a la viuda, y también al amigo de la familia que se ocupa de ella y los niños, y con la que ella tendrá su enamoramiento.  Un enamoramiento  muy peculiar porque quedan en verse de manera esporádica y casi más para el sexo que otra cosa, porque él, de la que está  enamorado es de la viuda y ella es solo un escape. Ella consiente en ello, porque se siente atraída por su físico y la remota esperanza que un día desista de su amor.
     De manera indiscreta descubre que la muerte  del amigo de su amante fue algo premeditado, con ello le coge cierto temor  pero la curiosidad le lleva a indagar más. Él se justifica diciéndole que la muerte fue  cumpliendo en deseo de su amigo enfermo, y ella aunque no se lo cree porque no es creíble,  deja las cosas como están,  no se quiere complicar la vida. Hay muchos crímenes en el mundo sin resolver y uno más no importa. Además que ya no resolvería nada aparte de estropearle y amargarle la vida a la viuda de nuevo feliz.
     Aquí volvimos al debate analizando la personalidad de la narradora en la que coincidimos que era una mujer fría sin grandes alicientes, muy pasiva y conformista en su relación amorosa que si era enamoramiento, este se confundiría más con un atractivo sexual que con la pasión, se la tachó por parte de algunos de misógina.  A su compañero se  le adjetivó  de criminal y además cobarde. Sus relaciones con ella  no eran  más que las de un descarado y aprovechado que tomaba lo que se le ofrecía pero sin ningún compromiso por su parte.
     Después la reunión discurrió por otros derroteros  pero ya no ligados a la novela, que en sí no daba  para mucho más, había resultado bastante decepcionante para la mayoría.
     ¡¡Que la vacaciones sean provechosas en buenas lecturas ¡¡.

     Mariano Calderón.




sábado, 28 de junio de 2014

LA PARADA DE LOS MONSTRUOS.

Quizá esta haya sido la propuesta más arriesgada de las que se han programado en el ciclo Literatura y cine de la Biblioteca Cristóbal Cuevas. Y no por la indudable calidad de la cinta, sino por el año de su producción y - sobre todo - por su temática, lo que le ha conferido un aura de película maldita y a la vez de culto.

Recuerdo la primera vez que la vi, hace ya muchos años. Seguramente la pusieron de madrugada en televisión, la única posibilidad que existía hace un par de décadas de poder ver un clásico. Sus primeras imágenes eran imborrables: un grupo de gente con todo tipo de deformidades y rarezas jugando en un prado. No parecía que en los años treinta la capacidad de de maquillar a los actores llegara a tal extremo de realismo. Después confirmé lo que parecía obvio en pantalla: se trataba de personas con deformidades físicas y enfermedades mentales reales. Viendo la película uno se da cuenta de que ellos no interpretan, sino que se muestran en pantalla tal y como son, incluso algunas hablando en su propio e ininteligible lenguaje. Pero La parada de los monstruos no sería la obra maestra que es si no contara con ese formidable guión basado en un cuento del olvidado Tod Robbins. Porque, tal y como vamos deduciendo poco a poco, los monstruos forman una comunidad entre ellos, una hermandad en la que se protegen mutuamente de las agresiones de los normales. Y al final descubrimos que las apariencias pueden engañar, que los peores monstruos pueden estar ocultos detrás de la belleza física.

En realidad hasta los años sesenta no se descubrieron los auténticos valores de La parada de los monstruos, pues su estreno fue un auténtico fracaso, llegándose a prohibir su exhibición durante años en países como Reino Unido. Y es que quizá el público de los años treinta no estaba preparado para digerir una fábula tan perfecta y a la vez tan grotesca, que se ha convertido en la actualidad en una película de culto irrepetible. Es posible que en un primer visionado produzca un íntimo rechazo, una especie de respuesta primaria de horror profundo frente a lo despiadada que puede ser la madre naturaleza con el ser humano en ocasiones. De esto hablamos extensamente en el debate posterior, de esa sensación de repudio y a la vez morbosa ante lo deforme, ante lo diferente. Hoy día el fenómeno del frikismo es algo muy extendido (la expresión procede de esta película) y existe un auténtica devoción a los monstruos, cuanto más terribles, mejor. Pero esto no es lo mismo que contemplar a seres humanos reales que no han elegido ser lo que son y cuya única forma de vida durante siglos ha sido la propia exhibición de sus cuerpos atroces para diversión y regocijo de los normales. Y es que el ser humano siempre ha buscado su parcela de emociones fuertes bajo control y, por desgracia, en demasiadas ocasiones esta ha tenido que ver con la presencia de la adversidad ajena.

Para compensar tanto horror, se programó un cortometraje de Woody Allen, Edipo reprimido, el más divertido de los que componen la película de episodios Historias de Nueva York. Una buena manera de liberar las tensiones que sin duda ocasiona esa inquientante Parada de los monstruos

lunes, 16 de junio de 2014

EL PIANISTA DEL GUETO DE VARSOVIA.

En el club de lectura tuvimos la oportunidad de compartir uno de los más conmovedores testimonios del Holocausto, como es “El pianista” de Szpilman. Narración popularizada por el film de Roman Polanski (él mismo también un superviviente del exterminio judío), había permanecido desconocida para el gran público a pesar de su temprana publicación en Polonia poco después del fin de la guerra (lo que convierte este libro en uno de los testimonios más tempranos). Su difusión en todo el mundo a partir de 1998 (después de que el film “La lista de Schindler” oficializara la tragedia del Holocausto como un referente al horror en la cultura popular) dio lugar a una bien merecida admiración.

Los lectores ya están bastante familiariazados con los testimonios y las narraciones de ficción ambientadas en el exterminio de los judíos, y con esto se corre el riesgo de que todo acabe trivializado como una especie de recurso morboso del mundo del espectáculo (casi como las películas de vampiros), y por eso se agradece un libro como el de Szpilman. Alguien mencionó que la lectura de este testimonio, a pesar del horror que refleja, también comunica paz y esperanza. No tanto por el final relativamente feliz (la supervivencia) o por la aparición del personaje real de un hombre honesto incluso entre quienes fueron forzados a convertirse en verdugos (el oficial alemán que salva a Szpilman), sino porque el narrador, un músico, un profesional de la belleza, no demuestra odio ni rabia que lo autodestruya psíquicamente: lamenta, sufre, compadece y recuerda, pero no se vé degradado por el embrutecimiento. La narración fluye con sencillez y precisión. Los hechos, el dolor del que forma parte de ellos, el ser humano que los vive, todos forman parte de una cierta armonía. Se percibe la honradez y la humildad del que cuenta su historia. No se da aquí aún esa solemnidad oscura, trágica, solemne y rabiosa, en absoluto ilegítima, de quienes han venido después. Y la diferencia aporta la originalidad no menos necesaria de este testimonio.

El efecto es incluso mejor para quienes han visto la película, porque Polanski captó perfectamente el tono del libro y su significado, añadiendo oportunamente tanto la música, imprescindible en este caso en particular, y las imágenes de destrucción y abandono.
 
Francisco Martín.

sábado, 24 de mayo de 2014

LA GRAN CASA, DE NICOLE KRAUSS.

A veces pensamos que los mejores escritores son los que han vivido vidas intensas, al límite, los que han padecido todo tipo de experiencias negativas, los que han visto lo peor de la existencia humana. Pero este no es el caso de Nicole Krauss. Nacida en una familia rica de Long Island y educada en las mejores universidades. Es como si su vida hubiera sido un camino asfaltado con meta en su auténtica vocación: la escritura, donde le esperaba, como no podía ser de otra manera, el triunfo que ya le habían vaticinado autores como Roberto Bolaño. Además, está casada con otro gran escritor: Jonathan Safran Foer.

La gran casa fue la novela de su consagración, después del gran éxito que supuso La historia del amor. Se trata de una narración de estructura compleja, que requiere de una lectura prolongada y atenta, incluso de segundas y terceras lecturas, si queremos descubrir todos los vericuetos de la trama. En lo que hemos estado casi todos de acuerdo es en que su construcción es impecable, si bien esto no tiene por qué derivar en un disfrute pleno de la novela. Al analizar el estilo de Nicole Krauss se nota que trabaja con esquemas y que sigue fielmente los postulados de los mejores talleres de narrativa, lo que transmite perfección técnica, pero también algo de frialdad.

En La gran casa encontramos varias tramas unidas por la presencia en la vida de los personajes de un antiguo y enorme escritorio que, según se cree, perteneció brevemente a Federico García Lorca. En realidad se trata de un recuerdo familiar que obsesiona de uno de los protagonistas. Cierta sensación de extrañeza se produce en el lector cuando se adentra en la vida y en las intimidades de estos seres de ficción. Casi todos son gentes solitarias, que prefieren orientar su existencia hacia su interior, en vez de, como hace la mayoría, mezclarse con la sociedad. Esto consigue que la más nimia de sus acciones o decisiones sea tratada con excesiva trascendencia, lo que resulta algo incómodo, pues resta naturalidad al relato:

"Había algo en mí que me hacía rehuir el bullicio vital y preferir la premeditada congruencia de la ficción a la realidad inexplicada, preferir una libertad sin forma al enérgico esfuerzo de acompasar mis pensamientos a la lógica y el fluir de los de otro."

Quizá esta actitud se justifique en parte porque la sombra del holocausto, que es muy alargada, está muy presente en esta novela.

En suma, Krauss se muestra aquí como una magnífica narradora, conocedora de todas las técnicas del oficio, que sabe transmitir emociones, aunque a veces de manera poco natural. La gran casa es un compendio de la soledad humana, simbolizada por esos compartimentos estancos que son los cajones del escritorio. Y una gran metáfora del pueblo judío, el pueblo que hace del conocimiento la gran razón de su existencia y a la vez una fuente de sufrimiento, ya que pueden encontrar respuestas para todo, excepto para el misterio de la soledad y la muerte. Quizá ésta se encuentre en la Gran Casa, el instrumento vertebrador de las almas de los hebreos, errantes por el mundo, pero sabiendo en lo más íntimo, que tienen un hogar común al que volver.

sábado, 10 de mayo de 2014

LA MUERTE Y LA DONCELLA.

Paulina Escobar es una mujer rota. Habita en un país sudamericano que está viviendo la transición desde una terrible dictadura a la democracia. Durante aquella etapa ella fue militante política clandestina, fue capturada y torturada salvajemente durante semanas. Paulina no puede olvidar. Si observa que un coche se para de noche junto a su puerta, se abalanza sobre su pistola y se esconde temblando. Después de quince años, sigue reviviendo aquellos hechos como si hubieran sucedido el día anterior. Y es que un torturado difícilmente se recupera del trauma, del dolor, de la humillación, de la situación de indefensión en la que la humanidad es reemplazada por el puro terror. Gerardo, su marido, le debe la vida. Ella jamás lo delató y, a pesar de que cuando fue liberada él era amante de otra mujer, finalmente se casó con Paulina con una mezcla de agradecimiento y amor. Con estos antecedentes, la convivencia del matrimonio Escobar es complicada y se sostiene es por la inmensa paciencia del marido, un hombre que apenas es capaz de imaginarse los padecimientos de Paulina. Como es lógico, ella paga con reproches contínuos a su esposo su rencor contra el mundo. Para más inri, Gerardo acaba de aceptar el nombramiento como presidente de una Comisión para el esclarecimiento de la verdad de los crímenes de la dictadura.

La misma noche tormentosa en la que Paulina ha conocido el nuevo cargo de su esposo, llega un invitado circunstancial a la casa, que se encuentra situada en un paraje aislado de la costa. Ella escucha su voz. Se estremece. Los recuerdos vuelven con más fuerza que nunca. A pesar de que padeció su tormento siempre privada de visión, la voz del doctor, el peor de sus verdugos es inolvidable. El médico que primero la curó y después la violó, que la trató como un pedazo de carne. Ella le golpea y lo ata. Se han cambiado los papeles. La antigua víctima tiene ahora el poder. 

A partir de aquí ya tenemos establecidos los personajes de esta obra, que, al más puro estilo de Polanski, está concebida como un juego de supremacía, mentiras y amenazas. Paulina al principio manifiesta una rabia animal, que tiene que ver con un deseo de venganza. Miranda defiende su inocencia, ante su presunta víctima y también ante el espectador. Y Gerardo, siempre prudente como hombre medroso que es, intenta aportar un poco de cordura a la situación, intentando la simulación de un juicio justo. Poco a poco ella cambia la idea de una venganza voluptuosa por la de una confesión sincera del reo. Eso demostraría su superioridad moral: ante el doctor Miranda, por no llevar su poder temporal sobre él hasta las últimas consecuencias y ante su marido, que comprenderá la auténtica dimensión del sacrificio al que tuvo que someterse para salvarle la vida.

Puede parecer, en una primera impresión, que La muerte y la doncella quiere reflexionar sobre la reconciliación y el perdón, pero en realidad lo que busca la Paulina es algo que las víctimas raramente consiguen: la confesión de su torturador, la humillación de tener que exponer sus pecados: el cobarde abuso que cometió sobre seres indefensos. La confesión es también una forma de justicia, quizá más pura que la mera venganza penal ejecutada por el Estado. Por eso casi ningún criminal - me refiero a asesinos, violadores, corruptos y demás calaña - suele confesar su culpa y mucho menos pedir perdón a la víctima. Por eso Paulina no busca que el doctor Miranda se justifique, sino que le devuelva su identidad como persona. Y esto solo lo va a conseguir con el reconocimiento de la abyección moral de un torturador que no va a tener más remedio que asomarse - aunque sea brevemente - al abismo infernal de sus propias obras. Una película redonda, sostenida por la tensión que sabe imprimir Polanski al relato y por la magnífica interpretación de sus tres únicos protagonistas.

martes, 6 de mayo de 2014

Encuentro con Antonio Soler

Después del encuentro con Antonio Soler se acaba teniendo la sensación de haber estado con un escritor en toda regla, conocedor de todos los secretos y las leyes de su oficio, y con sabiduría y experiencia para comunicarlos.
Estos últimos días he refrescado la lectura de “Una historia violenta” y me ha vuelto a impresionar. Y no lo digo por halagar, pues con la misma sinceridad confieso que me han gustado “Las bailarinas muertas” y “Málaga paraíso perdido”, y que sin embargo no me han enganchado otras obras del autor.
El escenario donde se sitúa la historia nos es muy familiar, un tiempo y un espacio local que todos reconocemos, y que sin embargo el relato los transciende hacia contenidos simbólicos universales: “He querido hacer una historia sobre la naturaleza humana, el poder, el deseo, los celos... Situarla en Málaga no quiere decir que no trate de cuestiones universales”. Aunque el autor no entra en ello, hay quien denomina este paisaje como “TERRITORIO SOLER”, un lugar no tanto espacial como interior, de visión de la vida y de la naturaleza humana, y bajo el convencimiento de que los grandes dramas personales los sufrimos en los entornos familiares y sociales más cercanos.
La narración está en primera persona, desde los ojos de un niño, y por tanto con matices no totalmente explicados en la novela. Exigen la inteligencia del lector para resolverlos o al menos darles una interpretación entre las muchas posibles. El niño,  como tal, no valora,  no explica, no intepreta. Sencillamente mira, temeroso o indeciso, y trata de adaptarse a la realidad que le ha tocado vivir. Es por tanto una novela de iniciación, de asimilación del entorno, de aprendizaje enfrentándose a lo diferente para crecer.
La novela consigue transmitir la vulnerabilidad de la naturaleza humana, y más concretamente de la infancia, que se desarrolla en un entorno que es a la vez protector y amenazante, refugio y campo de batalla, que se evoca como trágico pero a la vez con nostalgia.
Antonio Soler nos reveló algunos de sus estrategias como escritor. A raíz de una primera idea generadora que le hace sospechar que puede ser objeto de convertirse en novela, el primer proceso no lo exterioriza, sino que lo trabaja mentalmente. Antes de comenzar a escribir incluso ha llegado a resolver algunas de las dificultades o problemas planteados. Y el tránsito de la cabeza al ordenador a veces produce chascos y otras veces alegrías. Un personaje prometedor termina no dando juego, y otro secundario resulta estar repleto de  posibilidades. Pero la escritura siempre la realiza linealmente, tal como llega al lector, aunque en sucesivas relecturas haya modificaciones más o menos profundas.

Agradecemos a Soler su aprecio por los clubes de lectura, “reserva espiritual de las sociedades industrializadas”, con los que siempre confiesa  su predisposición a encontrarse siempre que se lo soliciten y su agenda lo permita.
Pepe de la Torre