martes, 23 de agosto de 2016

Efemérides literaria: Ray Bradbury (Illinois 22 de agosto de 1920)



No querría acabar el día sin recordar la efemérides del nacimiento de Ray Bradbury (Waukegan, estado norteamericano de Illinois, 22 de agosto de 1920), conocido escritor de ciencia-ficción, autor de obras tan memorables como "Crónicas marcianas " y “Fahrenheit 451”. Bradbury también es autor de obras teatrales, poemas, ensayos y guiones cinematográficos ("Moby Dick“, John Huston, 1956)..
 "¿Qué ha hecho este hombre de Illinois me pregunto, al cerrar las páginas de su libro (Crónicas marcianas), para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad? ¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima? " (Jorge Luis Borges)

Alguna vez debería escribirse un tratado acerca del modo en el que la ciencia-ficción (o "ficción científica", para ser más precisos) ha educado la sensibilidad de los hombres del siglo XX. En el caso de que semejante estudio se realizara (si es que aún no se ha realizado), Bradbury ocuparía allí un lugar destacadísimo y, a la vez, ambiguo: su imaginación futurista no avanzaba, como imponía el más crudo protocolo del género, a fuerza de trucos y artefactos tecnológicos que arrastran, con su envejecimiento, la obsolescencia del libro que trafica con ellos. Sus artilugios más evidentes fueron, por el contrario, la alegoría y el símbolo. Sus obras a menudo producen en el lector una angustia metafísica desconcertante, ya que reflejan la convicción de Bradbury de que el destino de la humanidad es «recorrer espacios infinitos y padecer sufrimientos agobiadores para concluir vencida, contemplando el fin de la eternidad».
Pese a esta visión pesimista, pese a su melancolía y desesperanza, Bradbury encarna y nos transmite una especial jovialidad, el espíritu de una joven nación. Un clima poético y un cierto romanticismo son otros tantos rasgos persistentes en la obra de Ray Bradbury, si bien sus temas están inspirados en la vida diaria de las personas. 
Ray Douglas Bradbury nació el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, en el estado norteamericano de Illinois. Era hijo de Leonard Spaulding Bradbury, instalador de líneas telefónicas, y de Esther Moberg, inmigrante sueca. Sus progenitores bautizaron a Bradbury con el nombre de Douglas, en homenaje al famoso actor de cine Douglas Fairbanks. A causa del trabajo del padre, la familia se mudó varias veces de su lugar de origen a Tucson, Arizona, hasta establecerse finalmente en Los Ángeles, California, en 1934. Como anécdota podemos señalar que Ray se dice descendiente de Mary Bradbury, una de las célebres brujas de Salem. 
Desde 1940 a 1947 escribió críticas de cine en la revista cinematográfica Script y también los guiones de numerosas películas y series de televisión. Entre ellos, cabe destacar su colaboración en el guión cinematográfico de la adaptación de “Moby Dick”, de Herman Melville, para la película homónima que dirigiera John Huston, en 1956, y que tiene como principal protagonista a Gregory Peck, además de Orson Welles. De su participación en este proyecto escribió posteriormente el libro “Sombras verdes, ballena blanca”.
Dicho sea de paso, muchas de sus obras han sido llevadas a radio, televisión y cine. Recordemos la maravillosa versión de ´Fahrenheit 451´ que François Truffaut llevara al cine, en 1966, con Julie Christie y Oskar Werner como principales protagonistas.
La colección de relatos “Carnaval Negro” (1947) sacó a Bradbury del anonimato literario, pero no será hasta tres años después, en 1950, con la aparición de `Crónicas Marcianas´, fabulación sobre la colonización del planeta rojo, que comenzará su ascendente fama literaria. 
Publicada, con cierta timidez, por la pequeña editorial neoyorquina Doubleday, “Crónicas marcianas” es, junto a “Fahrenheit 451”, la mejor obra de Bradbury. En ella abundan descripciones poéticas y melancólicas de Marte y los marcianos, y de la sociedad estadounidense de la época. A pesar de su título, trata temas perennes de toda la humanidad: la guerra y el impulso autodestructivo del hombre, el racismo, tanto hacia los marcianos como hacia otras personas, y la pequeñez del ser humano ante la naturaleza y el universo. 
Otros autores estampan una fecha venidera y no les creemos, porque sabemos que se trata de una convención literaria; Bradbury escribe 2004 y sentimos la gravitación, la fatiga, la vasta y vaga acumulación del pasado -el “dark backward and abysm of Time” (“oscura y abismal espalda del Tiempo”), del verso de Shakespeare-.
Ya el Renacimiento observó, por boca de Giordano Bruno y de Bacon, que los verdaderos antiguos somos nosotros y no los hombres del Génesis o de Homero. 
¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, se pregunta uno al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta nos pueblen de terror y de soledad? ¿Cómo pueden tocarnos estas fantasías, y de una manera tan íntima? Toda literatura (me atrevo a contestar) es simbólica; hay unas pocas experiencias fundamentales y es indiferente que un escritor, para transmitirlas, recurra a lo "fantástico" o a lo "real", a Macbeth o a RaskoInikov, a la invasión de Bélgica en agosto de 1914 o a una invasión de Marte. ¿Qué importa la novela, o novelería, de la science-fiction? En este libro, de apariencia fantasmagórica, Bradbury ha puesto sus largos domingos vacíos, su tedio americano, su soledad, como los puso Sinclair Lewis en “Main Street”. 
Si bien a Ray Bradbury se le conoce como escritor de ciencia-ficción, él mismo afirmaba que no era tal, sino un escritor de fantasía, «un narrador de cuentos con propósitos morales», y que, verdaderamente, su única novela de ciencia ficción era “Fahrenheit 451”, el título más popular de su bibliografía, ambientado en una sociedad totalitaria de pensamiento único que prohíbe los libros y, en consecuencia, la libertad. 
Los otros más de cuatrocientos relatos publicados por Ray Bradbury se encuentran recopilados en libros de tan bellos títulos como “El hombre ilustrado” (“The Illustrated Man”, 1951), “Las doradas manzanas del sol” (“The Golden Apples of the Sun”, 1953), y “Las maquinarias de la alegría” (“The Machyneries of Joy”, 1964). 
Bradbury es también autor de obras teatrales, poemas y ensayos. Heredero de la vasta imaginación de Poe, pero no de su estilo interjectivo y a veces tremebundo (deplorablemente, no podemos decir lo mismo de Lovecraft), Ray Bradbury logró ser reconocido mundialmente por sus novelas de ciencia-ficcion y fantasía, estableciendo miradas bastante sombrías y críticas sobre el devenir de la sociedad humana, a las que no le faltan trazos líricos, en una exposición que suele fustigar la desproporción tecnológica, las desigualdades y el totalitarismo.
Bradbury, quien sostenía que la humanidad sólo tendría futuro si colonizaba el espacio, expresó a los 88 años su último deseo: “Ya les dije a las personas responsables de los viajes espaciales que cuando muera, vayan y pongan mis cenizas en una lata de sopa Campbell’s y las lleven a Marte para enterrarlas en un lugar llamado Abismo Bradbury". 
Su deseo final, como muchas de sus otras profecías, está aún a la espera de cumplirse. Ray Bradbury falleció tres años más tarde, el 5 de junio de 2012, a la edad de 91 años, en Los Ángeles, California. Nunca obtuvo el carnet de conducir. Por petición suya, su lápida funeraria en el Cementerio Westwood Village Memorial Park, lleva el epitafio: `Autor de Fahrenheit 451´.

Miguel Ángel García.

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