lunes, 21 de diciembre de 2015

AMAR TANTA BELLEZA. Encuentro con Herminia Luque

El pasado 3 de diciembre, en el marco del III Ciclo de Encuentros con Autor en las Bibliotecas Municipales, disfrutamos de una interesante conversación con Herminia Luque.

El nuevo libro de esta autora, “Amar tanta belleza” es una lectura muy recomendable, entre otras virtudes por divertida,  que transcurre entre las ocurrencias de María Cépalo y los dimes y diretes de sus otros protagonistas: “¡Quién piensa en berzas cuando viene el amor y sus dulces flautas!”
Herminia Luque nos ofrece un fresco relato de unos protagonistas y una época desconocida para muchos de nosotros. Una ambientación muy cuidada, un lenguaje admirablemente contextualizado, unos monólogos fluidos, una  escritura fresca y desenvuelta. Alguien dijo en el encuentro algo que resume el acierto de esta novela: “La narración no da la mínima sensación de impostura”, una deriva muy factible para quien se expone a una aventura tan arriesgada como es simular un contexto espacio temporal tan diferente al actual
Herminia Luque no es una “juntadora de letras del tres al cuarto”, como ella misma define a uno de sus personajes, pues ha emprendido apuestas diferentes en su trayectoria literaria: crítica de arte, ensayista, ... pero esa variedad también la encontramos en sus novelas. Nada tiene que ver, por ejemplo “Bitácora del Poseidón” con “Amar tanta belleza”, la una es eminentemente interiorista, y la otra histórica y biográfica. Y además lo hace con mucha literatura, Ya que te sorprendes a ti mismo cuando llevas más de treinta minutos leyendo un monólogo, atrapado en la lectura, sin levantar los ojos.

Como profesora de Literatura e Historia, la autora combina ambas materias con una profesionalidad decidida y convincente, y la mejor muestra de ello lo encontramos en la estructura de la novela, que ha edificado sobre supuestos documentos históricos (correos electrónicos, cartas, testamentos...), a través de los cuales hábilmente hace discurrir el relato.
En referencia especial hay que subrayar a las protagonistas de la historia, María Zayas y Ana Caro, voces femeninas, escritoras rescatadas de un injusto olvido, hasta el punto de creer que lo que representan no se ha inventado hasta el siglo XX. También introduce en la trama a  otros personajes de la época, como los impresores Juan de la Cuesta y Pedro de Madrigal; y María Quiñones, sucesora de ambos en el oficio y  otra mujer recuperada. Y Juan Fernández El Labrador, famoso pintor barroco de naturalezas muertas, y otros muchos personajes a los que da pie para rastrear en ellos.
           Por último, señalar el acierto del título, recogido de un verso de la propia María Zayas  «Así gasta, llorando  / su bien perdido tiempo  / que amar tanta belleza  /  gloria es, que no tormento».   En definitiva una novela valiosa, extraordinariamente construida y magníficamente documentada, que despierta el interés por profundizar en los personajes y en su época.
                                                                Pepe de la Torre

domingo, 13 de diciembre de 2015

ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO, DE SIDNEY LUMET.

Andy y Hank Hanson son dos hermanos con vidas muy diferentes. Andy (Philip Seymour Hoffman) ocupa un puesto directivo en una inmobiliaria. A pesar de su aparente vida acomodada, esconde varios secretos que, si no lo remedia, pronto acabarán saliendo a la luz: se queda con el dinero destinado a la Seguridad Social de las nóminas de los trabajadores y es adicto a la heroína. Vive junto a Gina, una mujer florero con la que comparte una vida sexual cada vez más decadente. A pesar de todo, Andy mantiene la compostura y espera resolver sus problemas ejecutando un plan junto a su hermano. Hank posee un carácter mucho más retraído, quizá porque sus circunstancias vitales son más duras, si cabe. El hermano menor ha pasado por un proceso de divorcio y como consecuencia del mismo, ha de destinar buena parte de su escueto salario a pagar la pensión alimenticia de su hija. Su ex esposa le recuerda cada vez que lo ve que es un fracasado y él tiene asumida dicha condición. Por eso, cuando Andy le propone una solución que supone quebrantar la ley, no se lo piensa demasiado: quien no tiene mucho que perder, no arriesga mucho.

El plan de Andy es tan sencillo como insólito: consiste en atracar la joyería de sus padres, en la que ambos trabajaron hace años. En teoría se trata de un proyecto perfecto: cuentan con que en la tienda se encuentre una mujer casi anciana, empleada por los padres, que no opondrá la más mínima resistencia. Pero, como dice el refrán, el diablo está en los detalles. Todo sale mal desde el principio, porque dejar el atraco en manos de Hank es una mala decisión, sobre todo si este dedice subcontratarlo

En cualquier caso, tan importante como la poderosa narrativa que imprime Sidney Lumet a este filme son las reflexiones que conlleva. Porque al final las decisiones vitales que tomemos pueden llevarnos al desastre o salvarnos. Claro que también está el factor suerte. Una suerte que los hermanos Hanson se atreven a tentar de una manera totalmente irresponsable. Hank se verá perdido desde el principio, desesperado e intentando huir de la realidad. Andy, a pesar de todos los desastrosos contratiempos que se van acumulando a su plan, cree tenerlo todo bajo control, seguramente por la influencia nefasta de su adicción a la heroína. Antes que el diablo sepa que has muerto nos dice que el mal cotidiano puede irrumpir en el momento menos pensado en la vida de gente inocente, como la madre de los protagonistas, y reclutar para sus filas a los débiles de espíritu, incapaces de decir no a la tentación. Sobre todo en una sociedad como la estadounidense, en la que es tan sencillo hacerse con armas de fuego. Lo cierto es que a los pobres hermanos Hanson no se les concede ni media hora en el paraíso.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Matar a un ruiseñor, de Harper Lee

           

La autora Harper Lee nos traslada al estado de Alabama, a un pueblo imaginario “Maycomb”, durante la gran depresión americana. La historia tiene como narradora a Scout Finch una niña huérfana de seis años que vive con su padre Atticus, un respetable abogado, su hermano Jem y el ama de llaves Calpurnia.
La novela tiene como hilo conductor un hecho real ocurrido en 1936, la violación de una chica blanca a manos de un hombre negro y sirve para contar desde la perspectiva de una niña la historia de su infancia (que la autora delimita en un periodo de 3 años) y que tiene un marcado carácter biográfico.
El relato se inicia en el transcurso de un verano con las “aventuras” de Scout, Jem y su recién conocido vecino, otro niño de su edad Dill, haciéndonos vivir sus sentimientos, sus fantasias,  su visión sobre sus familiares, vecinos o compañeros de clase. La fascinación y el miedo que produce a los niños su vecino Boo Radley, que no ha salido de su casa en años y sobre el que existe un silencio tácito entre los vecinos (al parecer debido a algún tipo de enfermedad mental) enciende la imaginación de los niños. La narración nos muestra la visión de una niña inteligente y sensible.
La educación y los conocimientos que le transmite su padre Aticus muy superiores a los de los otros niños y que incluso su profesora le recrimina por entenderlo inadecuado para una niña de su edad, nos descubre la sociedad llena de prejuicios en la que vive. Solo con su amigo Dill con el que tiene una gran complicidad (se refiere a su amigo de la infancia Truman Capote) deja correr libremente sus fantasías y se puede mostrar como realmente es.
A lo largo de esos años va descubriendo el racismo de sus vecinos contra los ciudadanos afroamericanos, prejuicios de todo tipo, la diferencia de clases sociales, la crudeza de la vida. La inocencia que va quedando atrás, va dando paso a la adolescencia. Su hermano Jem será el artífice de este paso.
Su padre Atticus será quien represente los más altos valores del individuo, la honestidad la integridad la valentía. Decide actuar como abogado defensor de un ciudadano negro Tom Robinson, acusado de violar a una mujer blanca por lo que debe enfrentarse a los insultos y la incomprensión de sus vecinos blancos, los niños sufrirán también ese acoso.
Atticus, llega incluso a defender con su vida al condenado, que iba a ser linchado por los vecinos antes de la celebración del juicio. Scout y Jem a acuden en ayuda de su padre y consiguen dispersarlos.
Aunque queda casi demostrada su inocencia, Tom es condenado pero deja en evidencia a la víctima, lo que provoca la venganza del padre de esta, Ewell. Tom condenado y desesperado intenta huir, recibe un disparo y muere.
El desenlace provoca tanto en Jem como en Scout la perdida de fe en la justicia que tanto les había inculcado su padre.
Jem y Scout son atacados por Ewell, que sorprendentemente son defendidos por Boo Radley. (al que finalmente llegan a conocer y a comprender)
Ewell muere en el incidente y no queda claro cuál de los dos ha sido sí Jem o Boo. La honestidad de Atticus le lleva incluso a culpabilizar a su hijo y que fuese sometido a juicio.
La mediación del sheriff, hace a Atticus reflexionar, llegan a la conclusión de que lo correcto sería aceptar la muerte accidental de Ewell.
La novela aborda un tema muy delicado para la época. El racismo y los prejuicios en contra de los ciudadanos afroamericanos, que estaba muy extendido en el sur de EEUU. Aunque trata también otros como la destrucción de la inocencia, la amistad.
Una economía rural dominada por blancos que ejercía el dominio político y social sobre los ciudadanos negros, privados de todos los derechos y con un sistema judicial sin garantías.
El trasfondo autobiográfico queda patente, ya que su padre también abogado defendió a dos hombres negros, y la figura de Dill, amigo de los niños, de una gran imaginación coincide con la vida real de Truman Capote. Al igual que en la novela un ama de llaves negra( en la novela Calpurnia) acudía diariamente al hogar de los Lee.
Pese a que la madre de Lee murió cuando ella tenia 25 años, padecía una enfermedad que la volvía mental y emocionalmente ausente lo que pudo inspirar el personaje de Boo. Tenía un hermano llamado Ewin quien como Jem era 4 años mayor que ella.
Nacida en 1926 Harper Lee creció en la localidad sureña de Monroeville, Alabama donde entablo una estrecha amistad con su vecino de los veranos Truman Capote.
En la universidad escribió en distintas revistas y periódicos, publicando relatos sobre injusticia social, un tema raramente mencionado en los campus de la época.
Más tarde se trasladó a Nueva York donde comenzó a escribir ensayos y pequeños relatos sobre la gente de Monroeville, su pueblo natal. Allí ejerció periodismo y junto a Truman Capote se recorre el territorio donde se iba a desarrollar la novela, tomando anotaciones que posteriormente también servirían a Capote para su obra.
En principio una primera versión de la novela es rechazada por el editor, por considerarla poco comercial, lo que la hace modificarla (aunque ella diría que se trataba de otra novela diferente).
Finalmente Lee empleó dos años y medio en escribir matar a un ruiseñor su única novela, el libro se publico en 1961 consiguiendo el premio Pulitzer. Se comentó que la obra había sido escrita por Capote, lo que este no desmintió. Quizás fue eso lo que acabó con la amistad entre ambos escritores.
Está considerada como un clásico de la literatura americana del siglo XX. Desde el primer momento tiene un gran éxito y en 1962 es llevada al cine por Robert Mulligan consiguiendo varios Óscar.
Lee disfrutó de una gran popularidad en los años posteriores a la publicación de la novela, declara sentirse abrumada por tantas entrevistas y premios, no soporta el éxito, se retira, y no vuelve a escribir.
En 2015 se publica la secuela de matar a un ruiseñor con el titulo de “Ve y pon un centinela”, que según parece se trataría de la recuperación de la primera versión que no llego a publicar.
María José Bernal Enjuto

sábado, 7 de noviembre de 2015

MATAR A UN RUISEÑOR

MATAR A UN RUISEÑOR
Como veo que han pasado los días y nadie se ha decidido a insertar un comentario sobre el gran Atticus lo hago yo, aunque sea un poco a destiempo, la reunión del club fue el 23 de octubre.
Matar a un ruiseñor, estamos ante una novela considerada un clásico moderno. Como todo clásico trasciende lo puramente local y temporal para tocar cuestiones, valores y prejuicios de siempre. Por unanimidad, con algún matiz, ha gustado a todos, lo que no es muy bueno para el debate pero si para la obra.
Argumento, para quienes todavía no hayan leído la novela, la acción transcurre en el profundo sur  de Estados Unidos, concretamente en la ciudad de Maycomb, capital del condado del mismo nombre (Alabama).Corren los años de la Gran Depresión. Allí vive Atticus, viudo con dos hijos, un chico Jem, 12 años y una chica, Scout, 8 años. La niña es la narradora de la novela, gran acierto pues mezcla la curiosidad infantil con la inocencia propias de su edad; refrendada, por el inicio en los valores y los conflictos de los adultos a los cuales ella no llega, por el personaje de su hermano. Pero el gran personaje de la novela es sin duda Atticus. Él ejerce en esta ciudad como abogado. Es de los primeros que  tienen que ganarse la vida al margen de la plantación familiar y, gracias a tener estudios, lo hace con una profesión que le da una relevancia social privilegiada. Cuestión esta de la que él tiene clara conciencia.                                                            


En este ambiente, de pocos de clase social que no tengan que ganarse la vida con el trabajo de sus manos, donde la mayoría de los blancos son campesinos pobres y de una población negra que no cuenta socialmente para nada, es donde transcurre, en cierta forma placentera, la vida de Atticus.
Cuando el juez local le nombra abogado de oficio en la defensa de un  negro, sabedor el juez de que, aunque no gane, es el único capaz de mover un poco la tierra bajo los pies de sus conciudadanos blancos, es cuando se nos muestra la verdadera dimensión del personaje. Atticus sabe que es una causa perdida de antemano; aunque todas las pruebas apuntan a la inocencia del hombre, no hay jurado en la ciudad, donde solo los hombres blancos pueden ser  miembros, que absuelva a un hombre negro acusado de la violación  de una mujer blanca. Él no quería un caso así, es algo que le han endilgado, “tarde o temprano surge un caso así en la carrera de todo abogado”. Pero una vez dentro, pone toda su pericia y empeño en la defensa de este hombre.
Esto es lo que convierte, según el entender de este lector, en grande a Atticus: hace lo que debe hacerse, sin discursos ni alharacas. Ya se sabe, si lo correcto va contra la ignorancia y los prejuicios e intereses, siempre hay un coste. Pero él lo tiene claro, la posición preeminente que ocupa en la sociedad le permite y le exige, según su propia concepción, ser fiel a  este principio, con el que intenta educar a sus hijos: una persona debe hacer lo que está bien porque sabe que es lo que está bien, sin más.


La novela es de una gran complejidad en su aparente sencillez. La autora hace lo que  toda gran obra: nos muestra a los personajes, deja que se vayan construyendo ante nuestros ojos con sus acciones .Esta es la parte que no se puede resumir de los clásicos, solamente podemos apreciarlos y disfrutarlos leyéndolos.
FRANCISCO TORRES DOMÍNGUEZ

MEJOR... IMPOSIBLE, DE JAMES L. BROOKS.

A primera vista, Mejor.. imposible, no parece más que un mero vehículo de lucimiento de Jack Nicholson. Y hay parte de verdad en esta afirmación, porque el papel protagonista parece escrito para él, pero afortunadamente la película de James L. Brooks cuenta con muchos más ingredientes, entre los que destaca un guión excelente, optimista y con abundantes dosis de comedia, pero mucho más complejo de lo que parece a primera vista.

Melvin Udall es un enfermo. Padece un severo transtorno obsesivo-compulsivo, es decir, su mente alberga habitualmente ideas obsesivas que le causan una angustia permanente, por lo que debe realizar actos un tanto insólitos para intentar liberarse de ellas: lavarse las manos con un jabón distinto cada vez, pasear sin pisar las líneas de la acera y, en lo posible, seguir rutinas estrictas en su vida cotidiana. Además Melvin es un ser extramadamente desagradable con el prójimo. Brutalmente sincero, no le importa manifestar públicamente sus pensamientos racistas, xenóbofos, homófobos y machistas. Sus intereses empiezan y terminan en sí mismo, por lo que cualquier alteración en la tranquilidad de sus hábitos, es percibida por él como la peor de la catástrofes. Lo paradójico es que se gana la vida como escritor de género romántico, con gran éxito porque, a decir de sus lectoras, nadie es capaz de captar mejor que él los sentimientos femeninos.

En cierta forma Mejor... imposible funciona como un cuento moral, como una gran conspiración del azar para que el hombre maduro y gruñón aprenda un poco de empatía, que la relación con otros seres humanos (y caninos) no es solo motivo de fastidio, sino una fuente de beneficios mutuos, en las que todos pueden aportar algo. Que en medio de este proceso le asalte el sentimiento amoroso no es más que un estímulo más para que el protagonista realice un examen íntimo de conciencia y se proponga abordar unos revolucionarios cambios en su actitud ante la existencia. Quizá también le ayude el hecho de advertir, una vez que salta las barreras que le separaban de los demás, que él no es el único sufriente, el único ser solitario en el mundo, por mucho que las apariencias le hayan dicho hasta el momento lo contrario.

Por otra parte, hay que apuntar que la trama no se priva de denunciar la situación de la Sanidad en Estados Unidos. Nada menos que dos personajes se ven afectados por aquel sistema, uno de ellos pierde su hogar por no poder pagar la factura del hospital, después de haber recibido una paliza para robarle en su propio domicilio y el seguro médico de la protagonista es insuficiente para cubrir las atenciones médicas que necesita su hijo enfermo de asma crónico.

La de Brooks es una de esas producciones bienintencionadas que nos intentan acercar al mundo de esta clase de enfermos desde una perspectiva amable, aunque la realidad sea mucho más dura. Otro ejemplo famoso y muy reciente es el Sheldon de The Big Bang Theory. Por una parte, la enfermedad se populariza y la gente la acepta mejor, pero por otra la información que llega está edulcorada. El happy end de Mejor... imposible quizá no lo sea tanto si pudiéramos asomarnos al futuro inmediato de la recién constituida pareja.

viernes, 30 de octubre de 2015

Encuentro provincial de clubes de lectura de Málaga con Antonio Soler

(Teatro Cánovas, 28/10/2015)

Tras una breve presentación del autor, por parte de representantes de diferentes  bibliotecas, en la que todas ellas agradecían el encuentro, elogiaban la obra literaria del autor y su ubicación malagueña de los personajes de muchas de sus novelas (El camino de los ingleses, Las bailarinas muertas, y la obra objeto del encuentro, Una historia violenta), le cedieron la palabra al escritor.
Éste, nos contó que su novela  y muchos de sus personajes se basaban en vivencias de su niñez  y el recuerdo de sus padres y vecinos.
Nos habló también (ya iniciado el debate) de que algunas de las incógnitas del libro no las había resuelto por ser la visión de un niño de siete años, que no entendía muchas de las cosas que sucedían a su alrededor.
También hizo referencia a la simbología de que, en la casa más próspera del vecindario, anidaran las ratas en sus entrañas casi igual que en  los corazones de sus moradores, donde la fachada prevalecía sobre el interior.
Al final del debate, nos contó que su nueva novela iba a contar la historia de un anarquista catalán, cuya vida transcurre a principios del siglo pasado, llegando a ser líder de la CNT.
Y sin más, se dio por terminado el encuentro, que nos dejó algunas anécdotas de un club que formó con otros escritores (Garriga Vela entre ellos) y sus reuniones anuales para nombrar un nuevo miembro de dicho club.
Por último, dijo que su novela, a pesar de las situaciones sórdidas en las que se encuentran algunos personajes, es un canto al optimismo, porque ¨ganan los buenos”.
                                                                        Juan Tébar Valenciano
 En Málaga, a 30 de octubre de 2015

sábado, 12 de septiembre de 2015

EL INSÓLITO PEREGRINAJE DE HAROLD FRY.

Hace poco se publicó en nuestro país un ensayo, firmado por Frédéric Gros, titulado Andar, una filosofía. En él se exponen distintas concepciones, algunas casi terapeúticas, de lo que puede suponer para algunos filósofos algo tan cotidiano como dar un paseo. Aunque el asunto de El insólito peregrinaje de Harold Fry no sea tan placentero, sí que puede inscribirse también en el terreno de lo simbólico. El protagonista recibe una carta de una antigua compañera de trabajo en la que le cuenta que está muriendo de cáncer. Harold reacciona en principio como lo haría casi todo el mundo, escribiéndole una carta de condolencias. Pero cuando va caminando hacia el buzón de correos, un extraño impulso se apodera de su ser. De pronto siente que su acción no es suficiente, que debe hacer algo más por ese ser moribundo. Y sigue caminando, hasta que, con la ayuda de una empleada de una gasolinera, surge la idea que estaba bullendo en su cabeza: seguir caminando mil kilómetros hacia el norte, hasta llegar a la clínica donde está ingresada Queenie.

El viaje será improvisado, con lo puesto, un proyecto que debe ser puesto en marcha inmediatamente, sin preparativos de ninguna clase. Gran parte de su motivación se basa en una especie de pensamiento mágico: que mientras esté caminando, Queenie no morirá, esperará su llegada para despedirse de él. Como todo buen peregrinaje, va a servir sobre todo para que Harold se conozca mejor a sí mismo, reflexione sobre los errores de su vida y alcance por momentos esa especie de serenidad que solo puede experimentar quien pasa algún tiempo en soledad. Además, el viaje es una ocasión perfecta para abandonar el asfixiante clima de silencios elocuentes que soporta en su hogar desde hace décadas, a causa de enormes malentendidos en su relación con su mujer e hijo:  

"(...) la sensación de libertad, de adentrarse en lo desconocido, era tan estimulante que no podía dejar de sonreír. Estaba solo en el mundo y nada podía interponerse en su camino ni decirle que cortara el césped."

Por supuesto, es evidente que la peregrinación no va a curar a Queenie, pero es una idea tan firmemente asentada en el caminante, que cuando mantenga casualmente una conversación con un oncólogo, en uno de sus descansos, se dará cuenta de que los milagros no existen cuando hablamos de una enfermedad como el cáncer. No obstante, su determinación permanece incólume, aún cuando su cuerpo y sus zapatos naúticos comiencen a sufrir las consecuencias de tan prolongada caminata. El caso de Harold Fry empieza a hacerse famoso y algunos peregrinos se unen a su causa, aunque, como estamos hablando del mundo moderno, las motivaciones de algunos de ellos son más publicitarias que espirituales. Lo cierto es que la cosa llega a un punto en el que Harold está casi a punto de ser declarado santo por la opinión pública, lo que acentúa la sensación medievalista del relato, aunque con un toque muy de nuestro tiempo, en el que estas historias se ponen de actualidad y se olvidan con una velocidad pasmosa:

"La prensa también siguió recogiendo testimonios sobre la bondad de Harold, el cual no tenía tiempo para leer los diarios (...). Un espiritista de Clitheroe afirmó que el peregrino poseía un aura dorada. Un joven que había estado a punto de tirarse del puente colgante de Clifton hizo un relato conmovedor de cómo Harold lo había disuadido.

- Pero si yo no he estado en Bristol - objetó éste (...)."

Desde un punto de vista meramente literario, El insólito peregrinaje de Harold Fry, es una novela que ha sabido fabricar la fórmula perfecta para llegar al gran público y convertirse en un éxito de ventas. Pero eso no quiere decir que nos encontremos ante una narración de calidad, aunque sí correcta. La estructura del libro está un poco descompensada y adolece de muchos episodios reiterativos, que restan agilidad de un relato que apela de manera continuada a los sentimientos del lector, para que se conmueva con el protagonista al igual que lo hace el gran público cuando la historia de Harold se hace famosa. Bien es cierto que el final sí es acertado, una dosis de dureza y realismo, que contrasta con ese pensamiento mágico que ha sido el alimento del protagonista para lograr culminar su simbólica hazaña.