Sé que es un
poco atrasado, pero como no me gusta dejar sin comentario a ninguna de las
obras leídas en el club –por lo menos aquellas que he moderado yo- cuelgo hoy
el comentario a dos obras: las leídas y comentadas en marzo y abril
respectivamente.
“Entretenida”. Ese fue el comentario de la mayoría de quienes
asistieron a esta reunión.
En la primera parte de la novela,
la mejor, la autora pone en marcha diferentes mecanismos de acción en torno a
un crimen. La acción se sitúa en los grandes espacios naturales de Canadá, en
el siglo XIX, cuando las grandes compañías peleteras financian la caza por las
pieles sin ningún tipo de mesura y, además, son las encargadas de hacer cumplir
la “ley”.
Uno de éstos cazadores es
encontrado muerto en su cabaña. Al mismo tiempo desaparece un joven que lo
visitaba con frecuencia.

En la primera parte la autora
aprovecha muchos de los mitos clásicos de la literatura: El bosque como lugar
siniestro y peligroso y por eso, tal vez, atrayente.
El lobo, animal de fábula
presentado siempre como uno de los grandes peligros que asechan en el bosque,
redimido, aquí, más tarde.
La novelista se inclina por el
lado de inquietar al lector reutilizando los viejos mitos de la literatura universal más o menos
actualizados – recuérdese que aunque ambientada en torno a 1860 está escrita en
nuestros días -en vez de contemplar a sus personajes como seres más o menos
desvalidos ante tanto poder; personas que, como reprodujo el grande de aquella
época, Jack London, sacan fuerzas de flaqueza para enfrentarse a la
naturaleza y, dentro de esta adversidad
natural, afrontarse a sí mismos y a los demás.
Hay que reconocerle a la autora que, aunque no adopta por este punto de vista narrativo, si logra transmitir las sensaciones humanas frente al poderío de la naturaleza (quizás, a mi juicio, lo mejor de la novela).
Hay que reconocerle a la autora que, aunque no adopta por este punto de vista narrativo, si logra transmitir las sensaciones humanas frente al poderío de la naturaleza (quizás, a mi juicio, lo mejor de la novela).
En la segunda parte de la obra todo
se precipita. La narradora tiene puestos en marcha demasiados personajes. La
acción ya ronda el final y al lector todavía no se le ha aclarado qué pinta más de uno en la trama. A algunos de
estos personajes los conduce la narradora hacia una solución poco convincente;
y a otros, simplemente los abandona. El personaje que, creo, aguanta mejor el
tipo es el contable de la compañía.
Teniendo en cuenta que es una
novela de acción –más o menos policial- y de personajes que interactúan –nada
de novela coral- este trato, o falta de él, a los personajes no ha gustado a
casi ninguno de los asistentes a la reunión.

La solución final, mucho más que
de novela negra como se podría pensar cuando se comienza a leer, es de western,
con personaje duro, solitario, irreductible y sentimental, en el fondo, incluido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario