Nuestra amiga Amor me pidió que, si quería, le publicase en el blog y en su nombre este pequeño pensamiento/ parida sobre la desobediencia , lo cual acabo de hacer con mucho gusto.Animo a aquellos amigos/as de club de lectura o de la biblioteca que queráis colgar aquí alguna reseña, pensamiento,critica de libros o películas, poema; o lo que sea y que no encontráis el momento o no sepáis la forma, a que me mandéis a mi correo el texto y yo con mucho gusto(eso si, tenéis que tener un poquito de paciencia) los publicare indicando que son vuestros -imprescindible nombre-. Solo os pido respeto y un intento de cierta originalidad en vuestros escritos -para mirarse el ombligo ya esta face... Mi correo es pacotorres_minguez@hotmail.com
Buen verano a todo el personal. Paco Torres
domingo, 21 de julio de 2013
Desobediente
DESOBEDIENTE
Me gusta el vino y el tabaco. Por placer y por
desobediencia. En ese orden. También me gusta el café, pero este sólo por
placer. Pensándolo bien, no sólo por placer, además me sirve para desobedecer
al sueño. Pero esta rebelión, en realidad, me está volviendo sumisa.
lunes, 15 de julio de 2013
PACÍFICO, DE JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA.
La lectura de la novela "Pacífico", del escritor malagueño José Antonio Garriga Vela dio lugar a una cierta discusión acerca de la capacidad de una "novela familiar" en cuanto a capturar la atención del lector. Garriga Vela escribe sobre todo acerca de este tipo de circunstancias de proximidad en el ámbito de hogares modestos. y, por un lado, es fácil que uno se identifique con esta clase de personajes, pero también uno se hace más exigente con respecto a su verosimilitud y a cómo han de reaccionar en circunstancias excepcionales. O bien queremos sucesos extraordinarios que nos fascinen, o bien queremos comportamientos ejemplares o, cuando menos, convencionales por parte de personajes con los que, de entrada, estamos dispuestos a empatizar. Así que, a algunos, los personajes de "Pacífico" les parecieron demasiado extravagantes y a otros les parecieron demasiado convencionales. Muchos se aburrieron con ellos, y ni siquiera el buen estilo narrativo convenció a todos. Quizá Garriga Vela podría ahorrarse el empeño en diseñar frases que quieren ser conmovedoras y centrarse más en seguir un hilo narrativo que permita al lector intimar más con las vivencias que se nos muestran. Una anécdota de contenido dramático que supone un nudo en la intriga pareció demasiado forzada y poco creíble.
Al final, disparidad de pareceres: Garriga Vela es uno de los mejores novelistas malagueños, su estilo es impecable como viene avalado por el mero hecho de que sea publicado en la editorial "Anagrama", y la honestidad de su contenido moral no puede discutirse, pero un lector siempre espera más de un narrador de tan buenas capacidades.
Al final, disparidad de pareceres: Garriga Vela es uno de los mejores novelistas malagueños, su estilo es impecable como viene avalado por el mero hecho de que sea publicado en la editorial "Anagrama", y la honestidad de su contenido moral no puede discutirse, pero un lector siempre espera más de un narrador de tan buenas capacidades.
martes, 9 de julio de 2013
KINSEY.
La religión a veces puede ejercer una influencia benéfica en una determinada sociedad, en cuanto al control de la violencia de los individuos y la adopción de una ética personal que sea compatible con la vida en común con otros millones de personas. Pero existen ámbitos privados que la religión - y por ende, la sociedad - reprimen y quedan en una especie de tierra de nadie en la que los individuos desorientados deben enfrentarse a ellos teniendo como únicas herramientas una información sesgada y un enorme complejo de culpabilidad. Tal es el caso del sexo en la América de la primera mitad del siglo XX que, como sucede en las sociedades estrictamente religiosas (como la España franquista) es presentado como una actividad perniciosa, un mal necesario que solo puede practicarse siguiendo unas reglas estrictas y con el único fin de la procreación.
El doctor Kinsey que compone Liam Neeson es un hombre apasionado. Proveniente de una familia estrictamente religiosa - su padre era pastor metodista -, Kinsey se reveló contra el destino que querían imponerle y desarrolló su vocación como biólogo. Según cuenta la película, al casarse e intentar consumar el matrimonio, se dio cuenta de que su falta de experiencia y formación al respecto, al igual que la de su esposa. También advirtió que esa parte tan importante en la vida del ser humano carecía de estudios científicos y apenas existían expertos a los que poder consultar cualquier anomalía al respecto: un tabú que seguía vigente en el mundo contemporáneo. Así que Kinsey decidió abordar este problema desde un punto de vista científico y se propuso estudiar los hábitos sexuales de sus conciudadanos a través de la realización de una serie de encuestas confidenciales. Los resultados fueron sorprendentes. Era como si existiera una realidad oculta por una represión de siglos. Como escribió el propio Kinsey:
“Dado que todo tipo de actos sexuales hasta entonces considerados como tabúes, en realidad se producen con mucha más frecuencia de lo que se pensaba, esos actos no pueden ser considerados como anormales, porque cualquier cosa que con frecuencia se produce debe ser algo normal”.
El primer informe que publicó, dedicado a la sexualidad masculina, fue un éxito de ventas y reportó gran fama a su autor, alguien que por fin se atrevía a abordar una realidad respecto a la que se vivía absurdamente de espaldas. Unos años más tarde publicó otro informe dedicado a la sexualidad femenina, que suscitó un gran escándalo, coincidiendo con el periodo de caza de brujas del senador Mc Carthy. Parece ser que una cosa era estudiar a los hombres - motivo de escándalo sí, pero tolerable - y otra a las mujeres, en la que los puritanos veían reflejadas a sus propias madres o esposas.
Una de las cosas que me más me gustan de la película de Bill Condon es que retrata al doctor Kinsey como una persona apasionada y feliz por el trabajo que realiza. Se trata de estudiar al hombre en sus costumbres íntimas como si de un animal se tratara: con plena objetividad y sin miedo a las convenciones sociales. Tanta es la pasión que puso en su tarea que le costó la relación con uno de sus hijos, al que acusaba de demasiado mojigato. Si en las relaciones con su propio padre, Kinsey había sufrido el extremismo religioso, ahora era su hijo quien sufría su extremismo científico, más benigno, pero igualmente hiriente para quien tiene otros intereses.
Kinsey es una película de visión grata, muy equilibrada en todos sus elementos y capaz de suscitar uno de los debates más largos e intensos de los que hemos celebrado en nuestro ciclo Literatura y cine. Por mucho que hayamos avanzado, el asunto de la educación sexual está muy lejos de haberse normalizado. Y los aires que soplan en la actual política educativa ofrecen pocas esperanzas al respecto.
domingo, 7 de julio de 2013
LA VIDA ANTE SÍ DE EMIL AJAR
La novela habla de Momo, un niño árabe que vive con la
señora Rosa, anciana judia, exprostituta. La señora Rosa vive de cuidar a los
niños de las prostitutas mientras estas “trabajan”. La acción transcurre en un
barrio marginal de Francia —principios de los años 70—allí en ese ambiente, y
con los personajes propios de un gueto social, se desarrolla la novela.
Voy a anotar un simple resumen de mi conclusión, como
lector, de la obra. El argumento esta resumido y explicado en gran cantidad de
páginas webs. Así como la vida de novela del autor, Emil Ajar.
En esta obra, si queremos buscar una idea que la defina,
creo que el motivo principal coincide con la otra obra comentada junto con esta
en club, aunque en nada se parezcan ambos autores a la hora de escribir. La
idea principal que vertebra ambos libros es: la fuerza moral de ciertos individuos, es decir, de aquellos que
tienen esa fuerza (y que como en el caso del Soldado de Malaparte y del pequeño
Momo de Ajar parece connatural a ellos)
es superior a todo: medio social, prejuicios y tantas y tantas miserias que
azotan a la humanidad.
Todo lo que hace, dice o piensa es fruto de su vivencia
diaria; del trato con las personas. Esto es, a mí entender, lo que hace grande
a la novela. Las opiniones y andanzas de Momo nos pueden dar ganas de llorar en
una página y movernos a la risa en la siguiente. Como solo puede hacerlo un
chico, que ni siquiera sabe exactamente que edad tiene, que ha vivido tanto y
tan duro, a su corta edad, que nos asombra con su comportamiento y su trato
hacia los demás, nunca exento de comprensión. Para el no hay malas o buenas
personas salvo en sus hechos. Sus razonamientos a veces nos resultan dramáticamente
divertidos, por haber sido adquiridos e interiorizados de las formas más
peregrinas, ejemplo:”En Francia se protege mucho a la infancia, a los niños
abandonados los encierran en la cárcel”.
Pero aquí está el acierto del autor, solo un niño puede llevarnos
por ese mundo de marginación y sacar, y quedarse, con lo mejor de las personas que
conviven con él: la solidaridad tribal de los negros africanos, el cuidado y la
ternura de un travesti que encierra una gran humanidad en un físico tan
imponente como degradado; la anciana con la que convive y que lo engaña,
quitándole años, por temor a que la deje sola cuando él sea mayor, el señor Hamil, su maestro en la calle, también el
viejo médico y otros. Personajes todos, de los que el chico, Momo, absorbe, en
medio de tanta miseria y sufrimiento, lo mejor de ellos.
La novela resulta de una actualidad absoluta, no hay gran
ciudad sin zonas marginales—como se las llama ahora—y todos los puntos de vista
del autor son hoy, por desgracia, tan reales como entonces. Véase, por ejemplo,
la situación de abandono que sufren los ancianos o el debate social, que el
autor trata con gran sentido de premonición, de la eutanasia.
Estilísticamente, algunos lectores ven en la obra una sola
incoherencia: razonamientos demasiado elaborados, quizás incluso demasiado
intelectuales para un chico de 14 años, que además, no tiene formación. Vale.
Pero creo que toda obra de arte, aun siendo una gran obra y no un mero producto
de entretenimiento, exige de quien la interpreta (en este caso el lector) una
complicidad, digamos que permisiva. Recordemos a nuestro clásico de clásicos, y
como Sancho, un gañán con la formación y modales de tal se comporta, sin
embargo, como un autentico juez, ecuánime y de talento despierto y avizor,
cuando es nombrado, así lo cree él, gobernador y tiene que dirimir en varios
litigios.
Con esta pequeña digresión quiero significar que el único
exceso sobre el que he escuchado y leído críticas es el mejor argumento de la
novela: nunca perdemos de vista que quien habla, razona o actúa es un niño. Un
niño que reproduce, a su manera, lo que dicen y piensan los adultos, pero que
tiene muy claro que lo importante de verdad es lo que hagan, lo
que hagamos. Sabemos que su comportamiento, su caracter, es muy dificil que cambie ya .Por eso no nos importaria, por lo menos a mí, tenerlo como amigo cuando sea mayor.
EL compañero de viaje de Curzio Malaparte
Es la primera vez que en el club hemos leído dos libros un
mismo mes. Han sido dos porque el primero que voy a comentar es más bien un
relato, un guión se podría decir, sin mucho trasfondo. Se trata de El compañero de viaje, su autor: Curzio Malaparte.
Malaparte solía escribir textos, relatos o novela, muy
claros respecto a la idea y la intención de dicha obra.
La idea que sostiene este relato también está muy clara:
Italia ha caído. Su papel como potencia fascista (que él había apoyado) ha sido
patético. Cuando el grupo, la sociedad, o el país fallan queda el individuo. El
mensaje es claro: la verdadera grandeza
siempre esta en uno, lo concreto y no hay que buscarla en muchos, lo abstracto.
Esta grandeza es la que se nos muestra en el soldado que
queda en pie y se encarga de cumplir la promesa hecha a su admirado oficial
antes de que este cayera; aunque para cumplirla tenga que viajar por caminos de
un país ocupado tirando del cabestro de un burro, a cuyo lomo carga la caja con
el cadáver de su teniente.
El soldado no es
un hombre de ideas, no ha gozado de una buena educación, es solo un rudo campesino del norte del país. Pero tiene
muy claro, sin pasarlo por el tamiz del análisis, que debe hacer y que no. Su
sentido de la dignidad es tan primario como sus modales y maneras. Pero de ahí
le viene su grandeza, él no interpreta la vida: la vive. Sabe que cuando se
hace una promesa es para cumplirla. Aunque para cumplirla primero haya tenido
que sufrir la decepción —el teniente no era, ni mucho menos, lo que aparentaba
y dejaba que sus hombres creyeran que era.
El campesino no es un personaje redondo, tiene sus aristas
como todo humano: bastante primario y brutal en sus juicios: como cuando le
dice a una jovencita que lo acompaña que ella no encajaría en su comunidad, que
es demasiado débil para encajar en el norte. También fuertemente inclinado a la
violencia, sobre todo para defender lo que él piensa incuestionable. Pero,
insisto, el valor del personaje le viene dado por su condición moral: una persona no puede permanecer
impasible ante la injusticia. Esta condición se pone especialmente de
manifiesto en la obra cuando, tras una pelea a puñetazos con unos
contrabandistas de trigo, abronca a los hombres del pueblo, donde se produce la
pelea, por no haberles plantado cara. “El verdadero mal de este país son los
ladrones”, les dice.
El resto de personajes de la obra, así como las
circunstancias de la población en posguerra, son meras anécdotas. Aquí entra el
albedrío del lector: hay quien piensa que Malaparte pensaba desarrollar más
esta parte posteriormente; yo, en cambio, creo que para mostrar la grandeza
primordial del individuo le bastaba con su soldado- campesino.
lunes, 10 de junio de 2013
EL CRIMEN DEL PADRE AMARO.
Los que vean esta maravillosa película sin haber leído la novela en la que sea basa, de Eça de Queiroz, deben saber que se trata de una adaptación muy libre de la misma. Si la narración del escritor portugués se centraba en la denuncia del absoluto dominio de la iglesia católica sobre la sociedad de su país, la obra de Carlos Carrera se ocupa de asuntos más de nuestro tiempo, sobre todo si tenemos en cuenta sus coordenadas geográficas hispanoamericanas. El padre Amaro del siglo XXI tiene mucho más apetito de poder - el escándalo no sería tan mayúsculo como si dejara la sotana en el Portugal del XIX - que sentimientos amorosos y por eso es capaz de ejecutar fríamente las órdenes de su obispo, por más injustas que le parezcan en su fuero íntimo.
La película trata con valentía dos temas que nunca han dejado de ser actualidad en América Latina desde hace décadas: el poder del narcotráfico y la teología de la liberación. Si bien la iglesia oficial hace oídos sordos a las vínculos del padre Benito (un magnífico Sancho Gracia) con un señor de la droga local, que financia un hospital en una acción tan benéfica que le permite lavar dinero negro, la situación del padre Natalio frente a su obispo es muy distinta. Natalio vive en una zona rural bajo acecho de los narcotraficantes, que necesitan las tierras de los campesinos para sus rentables cultivos y apoya a éstos en su lucha defensiva, por lo que es tildado de guerrillero. Amaro, que simpatiza con él, va a ser el encargado de llevarle la noticia de su excomunión, algo que debería ser papel mojado para quien conoce la absoluta corrupción de quien se la otorga. La excomunión ha sido siempre un gran instrumento disuasorio de la iglesia con quienes reformarla desde dentro: para muchos, que son verdaderos creyentes, es como una muerte en vida, pues son expulsados de la única familia que conocen de la manera más ignominiosa.
En la novela de Eça de Querioz la iglesia se presenta también como una institución corrupta, pero por otros motivos: por influir en el Estado hasta el punto de que este se cierra a cualquier idea que provenga del exterior y, sobre todo (esto es lo que más me llamó la atención cuando la leí) por mantener a una tropa inmensa de eclesiásticos indolentes, que se dan a la buena vida y no se privan de nada. Ni siquiera de practicar sexo a escondidas, justificándolo como un apetito natural del hombre. Uno de los puntos en común entre novela y película es el erotismo que desprende la relación entre Amaro y Amelia: del éxtasis religioso se pasa con suma facilidad al éxtasis carnal y de ahí a la ruptura radical con los principios por los que ambos se regían: en el caso de Amelia, por amor al cura y en el caso de Amaro, por amor desmedido a su posición de poder, que puede verse acrecentada enormemente en el futuro. La iglesia de El crimen del padre Amaro se basa en el apoyo al poderoso, en la manipulación de los débiles y en la hipocresía. No ha cambiado demasiado - al menos en este retrato - desde los tiempos de Eça de Queiroz.
Aquí les dejo lo que escribí sobre la novela hace un par de meses:
http://www.elmurodeloslibros.com/147/articulo/el-crimen-del-padre-amaro-de-jose-maria-eca-de-queiroz/
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