martes, 24 de septiembre de 2013

Delitos y faltas. Otra aportación

DELITOS Y FALTAS. 1989.  WOODY ALLEN.
Genero. DRAMA-COMEDIA-CRIMEN.

Narra la historia de un prestigioso oftalmólogo que, chantajeado  por su querida con la amenaza de dar un  escándalo de  hacer pública su relación , se ve  obligado a tomar una decisión para librarse del problema.
Partiendo del hecho que él descarte desde el principio la que sería la solución más lógica, confesar a su esposa su aventura y que esta decidiera la decisión a tomar ,pocas más opciones quedan .Por lo que va a buscarla en su hermano, que le da la única plausible desde su punto de vista ,quitarla del medio y asunto resuelto de lo que se encargará el mismo.
A  partir de aquí es cuando comenzamos el coloquio ,sobre  la sinceridad real del doctor y sus escrúpulos  o es todo una mera pose para mantener tranquila su conciencia ,si es que realmente la tiene .El parece preocupado sobre todo por la  influencia religiosa, que dice que Dios tiene un ojo que todo lo ve y esto lo va perseguir siempre aunque él se considera no creyente y esto no debería afectarle.
Coincidimos el ver al médico ,como alguien que nos va presentando a la querida como una persona poco razonable, que no quiere comprender que lo suyo no era algo para siempre, sino que durara lo que durara, y después cada uno por su lado con lo bueno vivido ,pero  se vuelve cada vez menos razonable y mas histérica y casi se está buscando el final no querido .Pero es el médico el egoísta el que busca solución más  traumática pero más cómoda para él.
Aquí entramos en un debate sobre  las distintas clases de moral ,la religiosa y trascendente que te recompensa por el buen comportamiento ,la  del no creyente que mantiene una moral por principios y coherencia consigo mismo, más dura y meritoria, y la moral más lasa o amoral que no guarda ningún principio sino el que te impone la sociedad por el mal comportamiento ,que si te coge pagas según la pena y saldas tu deuda social y si no vives bien y sin remordimiento. A esta última  es la que pensamos que llega el doctor cuando cometido el delito y visto que no tiene consecuencias puede seguir su vida con total tranquilidad.
Pienso que el director a pesar de todo lo que muestra en la  película sobre el delito y su dilema para él al final no lo es tanto, porque también relativiza las relaciones humanas ,solo hay que fijarse en su personaje , con unas relaciones acabada con su mujer y un fracaso en el intento de conseguir algo con la productora de su cuñado que lo soporta por serlo, pero al que odia y le arrebata  lo que pretende .Tratado todo esto con humor corrosivo, que culmina con el pensador que después de valorar la relaciones humanas con amor como algo que hace más llevadera  y le da sentido a nuestra vida en el mundo termina tirándose por  la ventana.
Escrito lo cual creo que a todos nos gustó la película ,lo pasamos bien y tuvimos un coloquio  entretenido en el que hubo mucha participación lo que  siempre es  positivo.

Mariano Calderón

lunes, 23 de septiembre de 2013

DELITOS Y FALTAS, DE WOODY ALLEN.

A la espera de la nueva película de Woody Allen - que dicen que es la mejor en muchos años - es bueno repasar en el baúl inagotable de su obra cinematográfica y recuperar algunas de sus obras clásicas, como Delitos y faltas, que para mí es su obra más lograda, aunque sea por el extraordinario equilibrio que sabe mantener entre comedia y tragedia.

El guión de Delitos y faltas hace una evocación más que evidente de la obra maestra de Dostoievski, Crimen y castigo. El protagonista de la que podríamos denominar parte trágica es el doctor Judah Rosenthal, un oftalmólogo que parece vivir una existencia perfecta: goza de un gran prestigio profesional, su familia le adora y posee el suficiente dinero como para vivir en una burbuja de bienestar que le aisla de los problemas del mundo real. Pero hay una molesta piedra en su zapato que amenaza con dejarle descalzo: una amante a la que hizo demasiadas promesas y que ahora se ha convertido en un ser histérico cuya única pretensión es que Rosenthal demuestre la veracidad de sus pasadas declaraciones de amor y se divorcie de su mujer. Si no, está dispuesta a destruir su vida. Ante esta tesitura, el oftalmólogo deberá optar entre las soluciones que le ofrecen dos personas (que son como el ángel bueno y el ángel malo que se aparecen al protagonista en algunos dibujos animados), un rabino amigo suyo, cuya visión del mundo tiene que ver más con lo celestial que con lo material (y que, paradójicamente, se está quedando ciego), que le aconseja que afronte el problema contándoselo todo a su mujer y su propio hermano, alguien que está acostumbrado a moverse al otro lado de la ley, que le ofrece una solución más radical: matar a su amante.

En la otra historia, el protagonismo está reservado al propio Woody Allen, que interpreta a Cliff Stern, un hombre que está pasando por una profunda crisis vital: su matrimonio hace aguas y su trabajo como realizador de documentales no prospera. Stern intentará acogerse a un nuevo amor, pero todo le saldrá mal. Aunque su historia está narrada en tono de comedia, el fondo es amargo y el espectador siente que el castigo del que se hace acreedor por su faltas, es desmesurado, sobre todo si lo comparamos con el destino de Rosenthal.

Como en la novela de Dostoievski, el gran tema de Delitos y faltas es el remordimiento, esa sensación de ser devorado por dentro que puede afectarnos independientemente de la gravedad de nuestras culpas. Así lo expresaba Emil Cioran en su obra El ocaso del pensamiento:

"El remordimiento metafísico es una turbación sin causa, una inquietud ética en el límite de la vida. No tienes culpa alguna de la que arrepentirte y sin embargo sientes remordimientos. No te acuerdas de nada pero te invade un sentimiento infinitamente doloroso del pasado. No has hecho nada malo pero te sientes responsable de los males del universo. Sensaciones de Satanás delirante de escrúpulo. El principio del Mal apresado en las redes de los problemas éticos y en el terror inmediato de las soluciones. Cuanto menos indiferente seas al Mal, más cerca estarás del remordimiento esencial. (...)"

Pero ¿cuál es la solución? Parece ser que ese sentimiento tan difuso que llamamos amor. Quien goza del amor de los demás, se salva. Quien no es capaz de ser acreedor del mismo, acaba hundiéndose. Así Rosenthal, que vive rodeado del cariño de los suyos, se va construyendo poco a poco un subterfugio para justificar como inevitable un acto que en realidad ha sido inhumano y merecedor de los más severos reproches. En cambio, Stern pierde sus dos amores, el antiguo y el que esperaba con ilusión. Cuando lo vemos por última vez, parece estar actuando sobre él la eterna frialdad del Universo. En palabras del profesor Louis Levy, sobre el que está realizando un documental:

"Pero debemos recordar siempre que nosotros cuando nacemos necesitamos mucho amor para convencernos de que hay que seguir viviendo y una vez conseguido ese amor suele durarnos. Pero no olvidemos que el Universo es un lugar muy frío. Somos nosotros los que lo revestimos con nuestros sentimientos y, desde luego, en ciertas condiciones nos parece que esto no vale la pena."

El ojo de Dios. El ojo de la propia conciencia. El ojo ajeno. Y, por fin, el ojo del espectador que juzga la tragedia desde fuera, pero inevitablemente comparando la existencia de los personajes con la suya propia. Por eso fue tan apasionado el debate del viernes pasado, porque Woody Allen toca temas intemporales, a través de un equilibrio magistral entre comedia y tragedia que suele estar presente en nuestras vidas.

domingo, 15 de septiembre de 2013

OTRA VUELTA DE TUERCA, DE HENRY JAMES.


 Más de un siglo después de haberse publicado, después de numerosas adaptaciones teatrales y cinematográficas, la novela de Henry James sigue siendo objeto de controversia, algo que quedó claro desde los primeros instantes en la concurrida reunión en torno a ella que celebramos el pasado viernes. Y es que todo lector de Otra vuelta de tuerca termina preguntándose si las visiones de la institutriz tienen fundamento más allá de su propia mente. En este punto James fue siempre tan ambiguo como la propia narración, no queriendo jamás desvelar cual era su propia posición al respecto. En realidad, ese no era el auténtico interés del novelista, sino más bien crear una obra dominada por una atmósfera cerrada y asfixiante, una obra que le fue sugerida en una conversación con el arzobispo de Canterbury, que le contó una especie de leyenda urbana de la época:  

"La historia de unos niños pequeños (número y edad indeterminados), confiados a los criados en una vieja mansión en medio del campo, probablemente tras la muerte de sus padres. Los criados, malvados y depravados, corrompen y depravan a los niños; los niños son malos, llenos de perversidad en un grado siniestro. Los criados mueren (la historia sigue siendo imprecisa en cuanto a la forma en la que mueren) y sus fantasmas, sus figuras, vuelven a frecuentar la casa para atormentar a los niños, a quienes parecen hacer señas, invitar y solicitar desde ciertos lugares peligrosos... (...) para invitarlos a destruirse a sí mismos, a perderse obediciéndolos, poniéndose bajo su dominio. Mientras se les mantiene apartados de ellos, los niños no se pierden; pero aquellas presencias maléficas tratan incansablemente de apoderarse de ellos, atrayéndolos allí donde se encuentran. Todo es demasiado oscuro e incompleto, la descripción, la historia, pero sugiere un efecto extrañamente horrible. La historia debe contarla... con suficiente verosimilitud... un observador desde fuera."

Pocas veces tenemos ocasión de conocer los orígenes de una novela. A James le sedujo el tema de inmediato por su ambivalencia, por la posibilidad de poder jugar con un lector al que sume en una incómoda duda. Lo que sí está claro es que el novelista estadounidense rompió con la forma tradicional en la que la literatura presentaba a los fantasmas y construyó un discurso más científico, acorde con las investigaciones parapsicológicas tan de moda en esos años (recordemos que es la época de la generalización de la fotografía, del espiritismo...). Asesorado por su hermano William, uno de los más afamados investigadores de estos fenómenos, Henry James retrató a unos fantasmas silenciosos, que se aparecen no para asustar a los moradores de la mansión, sino para cumplir una misión más siniestra: corromper a unos niños que, cuando el lector los conoce, hace tiempo que han perdido su inocencia. 

En realidad Otra vuelta de tuerca no es una historia de terror al uso, sino, como acertadamente se le calificó en el debate, se trata más bien de una novela psicológica. Después de una larga sesión y, por supuesto, sin haber llegado a conclusión definitiva alguna, solo a nuevas vueltas de tuerca: ¿y si resulta que la protagonista tiene poderes psíquicos y es la única que puede ver a unos fantasmas que resultan ser reales? ¿y si son los fantasmas los que solo se dejan ver a ella? ¿y si las visiones de la institutriz no son más que una manifestación de su represión sexual? Personalmente lei Otra vuelta de tuerca hace siete u ocho años. El nuevo encuentro con la novela ha hecho que la aprecie aún más, que admire su complejidad y conocer la visión de los compañeros acerca de la misma. ¿Qué importa en el fondo que existan o no los fantasmas cuando la inmensa calidad literaria de James es una realidad?  

martes, 27 de agosto de 2013

Einstein y nacionalismo judío. Desencuentros

Comentario al libro 
“Einstein  - Israel. Una mirada inconformista” de Fred Jerome. Algón Ed. 2010

     Decía Einstein: “En Suiza nunca tomé en cuenta mi condición de judío. A mi llegada a Berlín adquirí la conciencia cuando fui testigo de  la discriminación y caricaturización que sufrían judíos respetables”.  Y en otro lado: “...me convertí en sionista no por nacionalista, sino por apoyo a los judíos discriminados en Rusia, Polonia, y actualmente en Alemania”.

     No deberían sorprendernos estas afirmaciones cuando las hemos escuchado en numerosas ocasiones con motivo de una súbita demonización de una minoría social. Recuerdo cómo una víctima bosnia nos relataba que de la noche a la mañana se vieron clasificados en razas y religiones de las que nunca habían sido conscientes. Las consecuencias todos las conocemos.

      Tampoco debería sorprendernos que ante la aparición repentina de una oleada de racismo y persecución se manifieste cierto grado de incomprensión y de desconcierto, incluso en las mentes más sobresalientes. Las opiniones van evolucionando conforme a los acontecimientos y al principio de realidad,  y los conceptos se matizan mientras se intentan mantener los principios fundamentales. 

     De este libro que aquí tratamos he sacado dos conclusiones sobre la postura de Einstein respecto a la cuestión judía. Por un lado su inquebrantable compromiso con un pueblo con el que se identifica y de cuyo sufrimiento es testigo directo. Y por otro lado su afán de mantener la libertad de pensamiento y la coherencia en sus posiciones internacionalistas, humanitarias  y pacifistas, que no anulasen la capacidad denuncia de lo que sabe va a provocar situaciones de violencia.
      
     Einstein, precisamente por haber alcanzado un reconocimiento internacional como científico, se ve interpelado a jugar un papel protagonista en el proyecto de asentamientos judíos en Palestina, tan necesitado de apoyos económicos en sus fases iniciales. Asume su papel, a veces con dudas y contradicciones, pero siempre con firmeza. Desde el principio mantiene una postura personal e incómoda entre el juego de intereses del imperialismo británico, las distintas sensibilidades entre los representantes judíos, y los derechos de los árabes nativos.
     
     Frente a un proyecto de estado judío, aboga por el  entendimiento que favorezca el progreso de ambas nacionalidades. Prevé que si no hay convivencia con los árabes la situación se volverá insostenible, como la historia ha dejado sobradamente demostrado.  Y frente a esas previsibles consecuencias le duele más la falta de sensibilidad hacia la justicia  que la falta de comprensión.  Los judíos siempre han recurrido a un derecho histórico que consideran incuestionable: “Dios prometió esa tierra a este pueblo”. Einstein insiste en que  es una reivindicación compartida por ambos bandos, y que mantenerla es negarse a la superación del conflicto.

     No vamos a negarle al personaje ciertas contradicciones  a lo largo del dilatado periodo en que se expresó su opiniones: A veces, mientras se declaraba feroz combatiente contra el nacionalismo,  a la vez se identificaba ferviente sionista (“judíos como comunidad de destino”, fórmula que en justicia habría que aplicar a la humanidad en su conjunto).  En otras ocasiones abogaba a la vez por el asentamiento ilimitado de judíos (que los nativos consideraban una invasión), y por otro se empañaba incansablemente por un proyecto común con los árabes.

     Pero a pesar de sus ambigüedades, casi siempre de tipo conceptual, y por mucho que lo hayan instrumentalizado, siempre se manifestó en contra de la división territorial de Palestina en dos estados , que calificaba de nacionalismo estrecho y que pronosticaba perjudicial especialmente para el futuro del  judaísmo.


     Esta era su propuesta más repetida: judíos y árabes debían trabajar unidos para construir una civilización semita común, que se  posicionara en un terreno neutral respecto al antagonismo Oriente-Occidente.
                                                                                                        Pepe de la Torre

domingo, 4 de agosto de 2013

El Tiburón se baña, pero salpica.




TRILOGIA SUCIA DE LA HABANA de Pedro Juan Gutiérrez. Edt Anagrama
                 Libro de relatos cuyas historias transcurren durante los años más duros del llamado  Periodo Especial cubano. Tras la caída del Bloque Socialista, Cuba deja de recibir materias primas como el petróleo, y maquinaria de la URSS.  Con el bloqueo económico de EEUU, no puede abastecerse. ¿Qué tenemos? hambre, escasez de servicios (cortes en el suministro de agua durante días), hacinamiento, falta de higiene (el jabón es un artículo de lujo). Este ambiente de miseria es lo que Pedro Juan Gutiérrez utiliza como materia literaria, jugando a exhibirse y dejando al lector el papel de mirón.
Utiliza el artificio en algunos relatos, de hacerlos autobiográficos, compartiendo su nombre, su anterior profesión, la de periodista, los diferentes oficios que  inventa para sobrevivir,  su afición a escribir; hasta le hace vivir en su misma casa, situada en la azotea de un antiguo edificio de Centro Habana. Así acorta la distancia emocional  con el lector; ya no sólo miramos sino que olemos, nos enfangamos y digerimos la miseria. “Atiendan cuidadosamente y cúbranse la nariz. Voy a picar las tripas. Les advierto que saldrá mucha mierda. Y apesta. Para quienes no lo sepan: la mierda apesta “( pág 210)
 Para Gutiérrez ser escritor es ser un “revolcador de mierda”……”Solo un arte irritado, indecente, violento, grosero, puede mostrarnos la otra cara del mundo, la que nunca vemos o no  queremos ver para evitarle molestias a nuestra conciencia.”(pág 105) De alguna forma sus relatos me recuerdan (salvando las diferencias) a los esperpentos de Valle Inclán o a algunos grabados de Goya como: los “Caprichos” y “Los Desastres de la Guerra”. Porque deforman la realidad para mostrarla a través de los espejos en los que nos miramos. El hacerse pasar en sus relatos por protagonista es la forma de narrar el reflejo de su realidad
Orgulloso de su mestizaje, el autor juega con el idioma y con el sexo, sin complejos y sin pudor. El sexo es lo más socorrido que se tiene cuando se carece de casi todo. Y en el barrio donde vive, cerca de la antigua zona de prostíbulos de Centro Habana siempre se le sacó mucho partido. En sus relatos hay tanto sexo, que ya es lo de menos, lo que se agradece es la  celebración de vida que transpiran.
“En definitiva, así es como uno vive: por pedacitos, empatando cada pedacito, cada hora, cada día, cada etapa, empatando a la gente de aquí y de allá dentro de uno. Y así uno arma la vida como un rompecabezas”…..”Siempre he vivido como si yo fuera interminable. Quiero decir que destruyo y rehago todo continuamente”
Trilogía sucia de La Habana no es una novela, son tres libros de relatos y cada uno de ellos es un trocito de vida, un intento de supervivencia  en un mar revuelto.
Matilde Marín
Nota: el título de esta entrada es un dicho cubano que emplea el autor similar al español “Rio revuelto, ganancia de pescadores”



martes, 30 de julio de 2013

FALLECE EL PROF. CRISTÓBAL CUEVAS GARCÍA

Dibujo de Idígoras

Las redes sociales y los medios de comunicación se han hecho eco del fallecimiento del Profesor Cristóbal Cuevas García, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Málaga, el pasado sábado 27 de Julio.
http://www.diariosur.es/v/20130728/cultura/fallece-profesor-cristobal-cuevas-20130728.html
Desde que abrió las puertas esta biblioteca y desde la creación de esta asociación hemos sido testigos del reconocimiento de su magisterio y del aprecio personal por parte de sus alumnos y compañeros.
Enviamos un afectuoso saludo a sus familiares y amigos.
Añadimos un enlace sobre su biografía.
http://malagapersonajes.blogspot.com.es/2013/07/cristobal-cuevas-garcia.html

miércoles, 24 de julio de 2013

Pacífico de Garriga Vela. Otra aportación



Francisco Martín, en una entrada anterior en este mismo blog, reconoce otros valores en este libro por encima de cuatro frases ingeniosas. Yo también voy a aportar algunos detalles al respecto.

Con herramientas propias del realismo y del costumbrismo, esta novela trata sobretodo de la fragilidad humana y de la contingencia de los pequeños mundos en los que se desenvuelve. Para hacerlo, como muchos de sus colegas, el autor se sitúa en una posición de espectador de la fatalidad.

Lo hace principalmente a través de los ojos de su protagonista, un varón joven, introvertido, falto de ambición, honesto y poco expresivo, que contradiciendo el papel que se le ha adjudicado en esta historia evita ser protagonista de nada,  y se hace casi invisible respecto a los demás personajes.

Su excusa para esta opción es su supuesta vocación de escritor. Y es que para alcanzar esta pretensión tiene que empeñar todos sus esfuerzos en modelar su pose lánguida y distraída, estimando que otras premisas ya le vienen dadas gratuitamente: unos padres mutuamente infieles, una novia que se enamora de su hermano…

Él, sin embargo pone en duda frecuentemente que esta imagen por la que ha optado sea la más idónea, dado que sus características no cuadran de ninguna manera con la su admirado Hemingway, viajero y aventurero como el que más. En compensación a esta contradicción orienta su espejo en Kafka, oficinista como él mismo durante toda su vida, y para colmo de paralelismo agente de seguros, cuyo beneficio es directamente proporcional a la desgracia de los demás.

Esta atmósfera gris que el autor pretende desarrollar en la obra la encarnan perfectamente las personalidades derrotistas del padre y el hermano del personaje principal, auténticos exploradores de los tortuosos caminos que llevan a la derrota. El autor denomina su actitud vital como VIDA EN LA INOPIA, una obcecación por proceder de forma ajena a las propias aspiraciones, a su tiempo, a su espacio… abandonar la nave en su devenir existencial según los vientos circunstanciales.

Uno de los elementos literarios que enriquecen el texto es la estructura temporal,  marcada por una serie de acontecimientos que coinciden con fechas significativas: el dos de julio del 61, fecha de la muerte de Hemingway y de la primera comunión del protagonista; el veintiuno de julio del 69, la llegada del hombre a la Luna que coincide con el relato del abuso de la joven vecina por parte de su padre; el veinte de diciembre del 73, fecha de la muerte de Carrero Blanco y boda del hermano…

Precisamente el segundo de estos acontecimientos es considerado casi por unanimidad como el más acertado literariamente. A través de la pared divisoria el hermano de nuestro antihéroe, movido por su atracción por la joven vecina, vigila y describe todo el proceso de acoso y maltrato que se produce en la vivienda colindante, y trata de transmitirle a la víctima su amor y su acompañamiento. La ternura y la delicadeza de la narración contrasta con el tono general de la novela.

Por último hay que mencionar los guiños locales que el autor intercala, como el asunto del fraude de la funeraria, y el vagabundo que habita la cueva junto a La Araña.

 
Esta reseña surge de un pretendido comentario a la de mi compañero tertuliano Francisco Martín, que por su extensión la presento como una nueva entrada. Tengo que decir que la segunda lectura del libro me ha resultado menos gratificante que la primera. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, quizás porque ya te suenan los planteamientos originales de la obra y te fijas más en los detalles.

De todas formas, coincidiendo con Francisco y con el mundillo literario en general, considero que Garriga Vela merece ser valorado justamente como un buen escritor, aquel cuyo oficio él mismo describe:  Oye el silencio, descubre lo invisible, y lo escribe en los libros.

Pepe de la Torre